Cataluña: Un nacionalismo dependiente de la inmigración

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En el debate sobre la independencia de Cataluña se entremezclan las reclamaciones identitarias con las razones económicas. Pero se suele pasar por alto la evolución demográfica: mientras la natalidad de los autóctonos siga necesitando de la de los de “fuera” para compensarse, al nacionalismo catalán no le queda más remedio que conjugar el énfasis en lo singular con la diversidad.


Una versión de este artículo se publicó en el número impreso 86/15

Al igual que ocurre en otras regiones con demandas separatistas en Europa, el porvenir demográfico de Cataluña no es para tirar cohetes. Es cierto que en el conjunto de España, donde a partir de 2017 habrá por primera vez más muertes que nacimientos, la situación no es más envidiable. Pero la falta de dinamismo demográfico debería inquietar especialmente a quienes pretenden construir un Estado propio apelando a la singular identidad de sus habitantes.

Según la proyección del INE de la población a corto plazo (2013-2023), en los próximos diez años, la población española disminuirá en 2,6 millones de personas (el 5,6%). Si se mantienen las tendencias demográficas actuales, el mayor descenso en términos relativos se registrará en Cataluña (–10,6%).

Y eso que algunos de sus indicadores demográficos están hoy mejor que en otras comunidades. Cataluña tiene uno de los mayores saldos vegetativos (nacimientos menos defunciones) del país. En 2013 fue de 1,45 por mil, el quinto de España.

Uno de cada cuatro nacidos en Cataluña es de madre extranjera

La tasa de fecundidad de Cataluña en 2013 (1,33 hijos por mujer) también es superior a la media española (1,27), aunque insuficiente para garantizar el relevo generacional (2,1).

Extranjeros en Cataluña

Ahora bien, hay que ver quién está detrás de esos mejores resultados. Los extranjeros en Cataluña representaban el 14,5% de la población en 2013, pero los nacimientos de madre extranjera suponían el 26,8%. En el conjunto de España, esa brecha era menor: los extranjeros eran el 10,1% de la población; y el porcentaje de nacidos de madre extranjera, el 18,4%.

Cataluña depende más que otras comunidades autónomas en los inmigrantes para asegurar su futuro. Pero deberá tomar nota de la tendencia que señala el Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat): la población extranjera en la región ha ido bajando desde 1,19 millones en 2010 a 1,09 millones en 2014.

Otro dato del Idescat nos habla de la diversidad cultural de Cataluña. La comunidad marroquí es la más numerosa (226.818 personas) y representa el 20,8% del total de la población extranjera. Los siguientes en el ranking son los rumanos (98.239), los chinos (49.773), los italianos (48.857), los paquistaníes (44.449), los bolivianos (42.039)...

Cataluña perderá el 10,6% de su población antes de 2023

Este mosaico de lenguas y culturas casa mal con la identidad única que propugnan los independentistas catalanes. Y no se puede decir que los extranjeros prefieran la identidad catalana a la española: según un estudio realizado en 2013 por la Generalitat y la Obra Social La Caixa, el 43,2% de los inmigrantes de Cataluña quiere que siga siendo una autonomía; el 9% se decanta por el federalismo; y el 25,6% quiere la independencia (frente al 45,2% de los catalanes).


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