Allá lejos y tiempo atrás

Far Away and Long Ago

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El Acantilado. Barcelona (2004). 325 págs. 18 €. Traducción: Miguel Temprano García.

Me parece que la obra de William Henry Hudson (1841-1922), escritor argentino en lengua inglesa, no es muy conocida entre nosotros. Si es así, W.H. Hudson tiene en Allá lejos y tiempo atrás una gran puerta abierta para que entre a nuestra amistad.

Nació en Quilmes (Buenos Aires) en 1841, hijo de padres norteamericanos; vivía, con sus muchos hermanos, en una finca agrícola y pecuaria de la pampa argentina; Allá lejos... relata de manera pormenorizada sus diez primeros años en esa hacienda, una vida al aire libre, rodeado de plantas y animales; sobre todo los pájaros, los muchos y variados pájaros, son su pasión.

Este libro de recuerdos infantiles -llamarlo memorias es como vestir un uniforme militar a un niño- ha tenido la feliz fortuna de llegar a la lengua española gracias a Miguel Temprano García. Considero admirable su trabajo de traducción porque reconstruye una literatura perfecta, y porque el texto está plagado de nombres de pájaros, de plantas, y hasta de algunos modismos de los gauchos… Además enriquece su traducción con oportunas y orientadoras notas a pie de página. La contraportada del libro cita unas palabras de Joseph Conrad sobre W.H. Hudson: "Escribe con la misma naturalidad con que crece la hierba. Es como si un espíritu benévolo y sutil le susurrara las frases que debe poner en el papel". Esta es también mi impresión recibida. No en vano escribe sus recuerdos infantiles casi a los ochenta años, y se cumple en su escritura ese distanciamiento, mejor, distancia, que pedía Isak Dinesen para que pueda darse la comprensión y el amor por todos y todo, sin sorna, sin ironía, sin amarguras, y con mejor verdad.

Antes había publicado -ya en Londres, donde murió en 1922- La tierra purpúrea (1885), el libro de cuentos El ombú (1902, ver servicio 110/99), y Mansiones verdes (1904).

No piense el lector que por lo dicho antes sobre los muchos pájaros Allá lejos y tiempo atrás sea una especie de tratado de ornitología, nada de eso: es la vida de un niño, de un niño en la naturaleza, a la que ama casi hasta enfermar, tan fuerte es su compenetración con ella, y tan íntima que podría decirse que es la base psicológica de su religiosidad espiritual. Debió de cansarse de escribir -tal vez por la edad-; el hecho es que avisa al lector de que va a dar un salto de sus diez años a los quince; es casi al final del libro. Y ahí William Henry describe con precisión y lucidez su crisis de fe: una confesión y un relato de su admirable lucha interior, de la que sale victorioso.

Quizá no tenga mucho sentido desear que Hudson hubiera escrito otro libro de recuerdos, de sus diez a sus quince años, e incluso más… Porque es un gozo convivir con esa natural gracia, limpieza, amor abierto… Y, siento decirlo, el libro se cierra mal, en otro contexto se diría que en falso…; prefiero no precisar por qué.

Pedro Antonio Urbina

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