Las nuevas divisiones sociales

Apropósito de la polémica sobre la izquierda en Alemania, Álvaro Delgado-Gal comenta que el Estado del bienestar ya no es un instrumento para proteger a las clases desfavorecidas (El País, 11-X-99).

[Para la izquierda clásica,] el actual sistema de protección social es el arma defensiva de que disponen los pobres para no ser arrollados por los ricos. Este planteamiento, un planteamiento adversativo de suma cero, no sólo exacerba las tensiones civiles, sino que ignora un extremo importantísimo: y es que los beneficiarios del reparto social no se dividen en clases. También los pudientes se benefician de él, en ocasiones más que los pobres. (...)

El pasado 13 de septiembre, Der Spiegel, una revista cuyo corazón, por emplear el giro de Lafontaine, tiende a latir en el costado izquierdo, publicó, bajo el rótulo genérico de "Qué es la justicia social", un interminable informe donde se investigaba quién recibe qué en Alemania. El dictamen final era que los receptores son incalculables y están dispersos, que su división por clases es un fruto de la fantasía y que, cuestiones de eficiencia aparte, la justicia social, la soziale Gerechtigkeit, no se encuentra especialmente bien servida por sus valedores actuales. Les adelanto algunos ejemplos y líneas argumentales de especial interés.

1. Tomemos el contencioso de las pensiones. Éste enfrenta, no a los menesterosos de ahora con los pudientes de ahora, sino a los pensionistas efectivos -con independencia de cuál sea su nivel de renta- con los jóvenes, los niños y los aún por nacer. El conflicto vertical rico/pobre pierde protagonismo y se ve desplazado por un conflicto travesero entre grupos de distintas edades.

2. En Alemania, una madre que haya criado nueve hijos, y no haya tenido ocasión de ejercer un trabajo asalariado, recibe una renta de, pongamos, 1.700 marcos al mes. En el supuesto de que sus nueve hijos trabajen, éstos podrían estar ingresando, conjuntamente, unos 8.000 marcos mensuales en los fondos públicos de pensiones, marcos que servirán para subvencionar a muchas parejas estériles. ¿Quién está explotando a quién aquí? ¿El Estado a los hijos de familia numerosa? La cuestión no es fácil, y, desde luego, no se contesta hablando, sin más, de trabajadores y empresarios. (...)

4. El sistema alemán comprende partidas generosísimas para subvencionar cosas tales como la estancia en los balnearios (no contabilizada como vacaciones, sino como un medio de combatir el surmenage), el asesoramiento matrimonial o la adquisición de entradas para el teatro. Estas ayudas benefician, fundamentalmente, a las clases medias. En realidad, proceden de los impuestos pagados por las propias clases medias, a cuyas manos vuelven después de sufrir dos rebajas. Primero, la rebaja aneja a la aleatoriedad del reparto, y segundo, la provocada por la necesidad de sostener a la burocracia que administra ese reparto. De acuerdo con esto, nos hallaríamos ante la explotación de unos burgueses -los que no van al teatro o a los balnearios- por otros burgueses -los que van al teatro y a los balnearios- y por la burocracia interpuesta. Defender semejante galimatías no se me antoja, de ningún modo, la mejor manera de impulsar la justicia social.


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