Benedicto XVI, recibido con entusiasmo en Malta

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Construida sobre los pasos de san Pablo, quien naufragó hace 1.950 años en esta isla, la fe cristiana conserva su vigor en Malta, donde, por ejemplo, no se admite el divorcio ni el aborto. En su decimocuarto viaje fuera de Italia (17-18 de abril), el Papa ha querido recordar la gran figura del apóstol Pablo, promotor principal de las raíces cristianas en el viejo continente. Benedicto XVI animó a los malteses a continuar la tarea de san Pablo y construir puentes de comprensión entre pueblos y culturas. En la conferencia de prensa concedida en el avión, el Papa comparó el naufragio de san Pablo en Malta con los muchos naufragios de la vida, que pueden nacer del proyecto de Dios y ser útiles también para un nuevo comienzo.

El Pontífice comenzó su visita en la gruta de Rabat, donde según la tradición, san Pablo permaneció tres meses predicando el Evangelio. El Apóstol de los gentiles naufragó en esta isla cuando se dirigía prisionero a Roma en el año 60 d.C. La misión paulina modeló la identidad nacional de la isla que aún hoy -explicó Benedicto XVI- indica a sus habitantes el camino de la nueva evangelización que Europa necesita.

En la misa en Floriana, ciudad próxima a la capital, La Valeta, Benedicto XVI recordó que no todo aquello que el mundo propone actualmente merece ser escuchado. “Muchas voces tratan de convencernos de dejar de lado nuestra fe en Dios y su Iglesia, y elegir por nosotros mismos los valores y las creencias con que vivir”. El Papa ha exhortado a los malteses a poner toda su confianza en Dios, pues “sólo él puede protegernos del mal, sólo él puede guiarnos a través de las tormentas de la vida, sólo él puede llevarnos a un lugar seguro, como lo hizo con Pablo y sus compañeros a la deriva ante las costas de Malta”.

Benedicto XVI ha ido más allá de las palabras en este viaje. No es la primera vez que se reúne con las víctimas de abusos sexuales, pero tal vez sea la más significativa. A petición de éstas, el Papa se ha reunido con ocho de ellas en Malta, expresándoles el profundo dolor y la vergüenza por el sufrimiento causado por miembros de la Iglesia. Para evitar posibles manipulaciones de este encuentro y preservar la intimidad de las víctimas, el Papa pidió que tuviera lugar en privado. El Papa escuchó sus historias y rezó con ellos, con la esperanza de que estos episodios no vuelvan a suceder. El periódico italiano Il Messaggero ha recogido las palabras del presidente maltés, George Abela, explicando que es un error buscar las faltas de algunos para ensombrecer la acción de la Iglesia en su totalidad.

En la misa celebrada el domingo, el Santo Padre pidió a los sacerdotes malteses que, como hizo san Dun Ġorġ, el primer santo de la isla, aprendan el sentido profundo de la oración y la pasión de comunicar el Evangelio. Les animó a mostrar el Amor por Cristo en la celebración de los sacramentos y en el cuidado del Pueblo de Dios, aceptando con generosidad la misión de comunicar este amor a quienes sirven.

Para el Papa, este viaje ha sido un nuevo impulso, cuando se cumplen cinco años de pontificado. A las críticas recibidas los últimos meses, Malta ha respondido con una acogida entusiasta. Por su parte, el Papa ha exhortado a los malteses a preservar la fe y los valores transmitidos por san Pablo, y a ser testigos de la belleza de la fe cristiana en medio de tantas amenazas del mundo contra la dignidad de la vida humana, el matrimonio y la familia. Los hombres contemporáneos -explica Benedicto XVI- necesitan un constante recuerdo de la dignidad de hijos de Dios a que están llamados, y de las verdades morales fundamentales que están en la base de la libertad y el progreso verdaderos.

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