Una educación que despierte la creatividad

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La Fundación Botín ha presentado recientemente el Informe titulado “¡Buenos días, creatividad! Hacia una educación que despierte la capacidad de crear”, formado por varios artículos. Uno de ellos, escrito por Martina Leibovici-Mühlberg, trata sobre “El papel de la familia en el desarrollo de la creatividad”. Ofrecemos a continuación algunas de sus ideas.

Los padres, lógicamente, estarían encantados de que su hijo fuera un futuro Einstein o Miguel Ángel. Como esto no es muy frecuente, les interesa sobre todo que los hijos recorran la senda del esfuerzo y el método diario, en sus deberes escolares. Se trata de una postura acertada, pero insuficiente para desarrollar la creatividad, según la autora. Se cita el refrán “la educación siempre prepara a la generación futura para las décadas pasadas”. Esta máxima puede tener parte de razón, especialmente en un mundo donde la velocidad de los cambios es muy superior a un pasado no muy lejano. Por este motivo, una mente creativa es más necesaria que nunca. ¿Cómo lograrlo?

El artículo nos recuerda que un proceso creativo requiere un disfrute emocional en la tarea que se lleva a cabo: una concentración grata en el desarrollo de una actividad. Puesto que no resulta siempre sencillo llegar a este punto, este estudio recomienda dar tiempo a los hijos. No es una buena educación la que prepara al niño, con múltiples tareas útiles, para una competencia feroz. Respetar sus tiempos de juego y su evolución interior se parece a la tarea de la buena siembra.

En este cultivo, lo más importante para los hijos es que se críen en un clima de confianza y de apego afectivo a los padres, en el que se sientan seguros. Este factor ha sido llamado “teoría del apego” y fue estudiado científicamente por el psiquiatra infantil y juvenil John Bowlby y la psicóloga canadiense Mary Ainsworth. Tal apego hace que los niños depositen su confianza en el mundo. Por el contrario, el miedo o el estrés incapacitan para la creatividad.

¿Qué más se puede hacer? La autora da muchas ideas prácticas. Veamos algunas:

- Habilitar, si es posible, una habitación de la casa dedicada a juegos y aficiones infantiles. Puede tener juguetes educativos que enseñen a crear y a pensar, adecuados a las edades de los chicos, puzzles, pinturas; cosas que habrá que ir cambiando y actualizando con el paso del tiempo.

- Fomentar el método de ensayo-error. Hacer ver a los pequeños que equivocarse en una labor es lógico. Hacer valoraciones positivas de la realidad. El ambiente pesimista y de queja es muy negativo para la creatividad.

-Exponer a los hijos a la música y al dibujo, en dosis adecuadas. Que aprendan a dibujar o/y a tocar un instrumento musical. Cuando ellos escuchen música, puede ser bueno sugerirles que cuenten algo de lo que esa melodía les inspira. Si ven un cuadro, se les puede preguntar qué colores hubieran utilizado ellos. Tras leerles cuentos y relatos de la vida personal, es bueno animar a los hijos a contar sus propias historias.

- Resulta muy motivador ver las cosas desde otro punto de vista; por ejemplo establecer “una búsqueda del tesoro” por el barrio puede resultar fascinante.

-Conocer sus talentos y reforzarlos se da de la mano con ser un psicólogo motivador. Por ejemplo: si a su hija le encanta nadar pero le cuestan las matemáticas, puede ser una buena idea que vaya a la piscina después de luchar contra los números.

 

Se cita a la Dra. Margaret Morgan Lawrence quien afirmaba que “la creatividad nace en la cuna familiar y el mundo interior de los padres, antes de que nazca su hijo”. Por esto, se invita a los padres a dedicar tiempos a “volver a ser niños” proponiendo, con audacia, diversas actividades: Si tuvieran cinco años… ¿qué les gustaría hacer?... Dedicar a esto un tiempo semanal, puede resultar más enriquecedor de lo que pensamos. Se anima a fijarse en las personas más creativas del entorno cercano, así como a buscar acontecimientos nuevos: realizar otras actividades, conocer a nuevas personas. Es gratificante descansar, concederse un respiro diario para hacer algo que entretenga. Si alguien ha creado algo –un cuento, una pintura- puede sentirse orgulloso y enseñárselo a sus hijos. En definitiva, hacer de la creatividad una parte normal y enriquecedora de la propia vida ayudará a que los hijos hagan lo mismo.


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