Un nuevo ecosistema moral contra la pedofilia

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La ministra de Interior británica, Theresa May, ha anunciado la puesta en marcha de dos ambiciosas investigaciones sobre abusos de menores en Reino Unido. El pánico y los grandes titulares están garantizados, comenta Michael Cook en MercatorNet. Pero está por ver si lograrán atajar una crisis más profunda.

La primera investigación examinará qué hay de cierto en las acusaciones sobre una presunta red pedófila formada por algunos miembros del Parlamento británico en la década de los ochenta. La segunda se dirige a comprobar el nivel de protección de los menores en una serie de organizaciones públicas y privadas, incluidas la BBC, la policía, los servicios sociales, los colegios y las iglesias.

May ha prometido que estas macro investigaciones “sacarán a la luz los errores cometidos y servirán para aprender lecciones”. Pero Cook se muestra escéptico, porque “el actual consenso moral sobre la pedofilia es tan inconsistente e incoherente”, que habrá muchos informes y ruido y titulares sensacionalistas, pero pocas lecciones.

Y apunta cuatro contradicciones internas de ese consenso que están minando la posibilidad de hacer avances más serios. Seleccionamos algunos párrafos:

El actual consenso moral sobre la pedofilia es inconsistente e incoherente

1. “Los niños son especialmente vulnerables. Todo el mundo está de acuerdo en que los niños necesitan una protección especial. No pueden defenderse frente a las agresiones; no tienen la madurez emocional suficiente para responder libremente a las insinuaciones sexuales; ni están intelectualmente preparados. Necesitan un ambiente seguro que les proteja del erotismo indigno”.

“Pero, al mismo tiempo, la sociedad está produciendo cada vez más niños vulnerables al situar las necesidades emocionales de los adultos por encima de las de los niños”. El lugar más seguro para un niño, dice Cook, es un hogar estable donde su padre y su madre cuidan de él con amor. Cuanto más nos apartemos de ese modelo, promoviendo relaciones y forma de convivencia que no tengan en cuenta los derechos de los niños, mayor es el riesgo de abuso (cfr. Aceprensa, 8-07-2009).

2. “Siempre que no se dañe a nadie, la experimentación sexual es saludable. Este es el mensaje que transmiten los medios de comunicación y cada vez más las escuelas. Tener relaciones sexuales es algo natural; moderar los impulsos sexuales es, en el mejor de los casos, ingenuo; en el peor, represivo”. (…).

“Pero el resultado es que en nuestra sociedad hipersexualizada los niños están siendo transformados en objetos sexuales. Fenómenos contemporáneos como el ‘sexting’, la obsesión de las niñas con su imagen corporal, y la pornografía están creando una generación de abusados y de abusadores”. (…).

3. “La pedofilia es detestable. En una sociedad moralmente caótica, este el único principio sobre el que hay completa unanimidad. Los pedófilos son tenidos por monstruos psicológica y moralmente retorcidos. Sus impulsos son irracionales e indefendibles”.

La sexualización de la infancia está favoreciendo que surjan víctimas y abusadores

“Pero no hay un consenso sobre el motivo por el que la pedofilia está mal. ¿Podrá una sociedad permisiva ser capaz de articular argumentos morales convincentes contra ella? Las actitudes pueden cambiar a menos que exista una argumentación sólida y no simplemente una repugnancia visceral”.

“De hecho, hace no mucho tiempo la pedofilia gozaba de un lugar respetable en la cultura del siglo XX”. Menciona el ejemplo de la novela Lolita, de Vladimir Nabokov, centrada en la obsesión de un profesor con su hijastra de 12 años, sexualmente precoz. En 1959, este “clásico” del erotismo alcanzó el número 1 en la lista de libros más vendidos del New York Times, lo que indica que los más exquisitos lectores no encontraron repugnante la pederastia. Después, ha seguido apareciendo en otros rankings prestigiosos como una de las mejores novelas del siglo XX.

Pero no hace falta remontarse tantos años. También hoy es posible encontrar intentos teóricos de justificar la pedofilia. Entre otros, Cook menciona un artículo del Telegraph, publicado a principios de julio; denunciaba una conferencia celebrada en la Universidad de Cambridge, en la que un ponente defendió que la pedofilia es “natural y normal” para muchos varones, y que “la ‘infancia’ en sí misma no es un dato biológico sino un objeto social construido históricamente”. También en Canadá y en EE.UU. hay reputados académicos que argumentan que la pedofilia es una orientación sexual inmutable como la homosexualidad.

4. “El consentimiento informado es el principio fundamental de toda moralidad. La participación consensuada se ha convertido en el único criterio para valorar un comportamiento sexual, sin importar lo extraño que sea”. (…).

“Pero la idea del consentimiento informado cada vez es más incoherente. (…). En algunas jurisdicciones, los de 16 años pueden votar. Los de 12 pueden solicitar un cambio de sexo. La novedad más interesante está en Bélgica, donde los de 7 años ya tienen derecho a la eutanasia. Los médicos y los políticos que apoyaron esa medida argumentaron que algunos niños son con diferencia más maduros que algunos adultos, de modo que pueden dar su consentimiento informado a su propia muerte. Pero si esto es así, ¿por qué las precoces Lolitas no pueden dar su consentimiento a una actividad sexual sin coacción?”.

Seguramente, concluye Cook, las investigaciones de Theresa May sacarán a la luz muchos trapos sucios. Pero la cuestión fundamental es saber si van a servir para atacar la raíz del problema: “Solo podremos erradicar el flagelo de la pederastia si construimos un ecosistema moral diferente”.


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