Rusia permitirá la compraventa de tierras, pero no a extranjeros

Todavía el 90% de la tierra cultivable es propiedad colectiva, casi como en la era soviética

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La Duma (Cámara baja del Parlamento ruso) ha aprobado una ley que permite la privatización de la tierra. Esta ley termina con una de las últimas herencias de la era soviética, que obligaba a la colectivización de la agricultura. La propiedad privada de la tierra estaba prohibida desde el primer plan quinquenal, en 1928, que creó los koljoses (granjas de explotación colectiva y de propiedad estatal).

En una primera redacción, la ley permitía a los extranjeros comprar tierras, pero las presiones del Partido Comunista han conseguido, en última instancia, introducir una enmienda que lo prohíbe. Por ahora los extranjeros y las empresas mixtas con capital mayoritario no ruso solo podrán arrendar la tierra por un máximo de 49 años. Putin quería abrir la propiedad de la tierra a los extranjeros, para adecuar el país a la economía de mercado, lo que facilitaría la entrada de Rusia en la Organización Mundial del Comercio.

La ley aprobada por la Duma debe pasar ahora a la Cámara Alta, o Consejo de la Federación, donde se espera que sea también aprobada. Se concluiría así un proceso que se inició en 1993, con la aprobación de la Constitución Rusa, que permitía en teoría la compraventa de tierras, aunque la mayoría comunista en la Duma bloqueó la formulación legal de este precepto hasta ahora.

También en 1993, el entonces presidente Boris Yeltsin aprobó un decreto que disolvía los koljoses y los cedía en propiedad a los trabajadores (ver servicio 145/93). Pero en la mayoría de los casos las granjas colectivas nunca se llegaron a dividir, ya que los granjeros, por miedo al cambio, prefirieron continuar con el modelo soviético. Todavía hoy el 90% de los 400 millones de hectáreas de tierra cultivable son propiedad del Estado o de los colectivos que se crearon a partir de los cambios introducidos en 1993.

El atraso de la agricultura y el exceso de población rural -unos 40 millones de personas viven de este medio- impiden que el sector sea competitivo. El bajo rendimiento de las explotaciones, que no llegan a cubrir las necesidades del país, ha hecho que en 2001 creciesen en un 20% las importaciones de productos agrícolas.


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