Rusia: facciones ortodoxas se disputan iglesias

La nueva ley de religiones favorece al Patriarcado de Moscú frente a otros grupos

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La ley de libertad religiosa aprobada en Rusia el mes pasado da clara preeminencia a la Iglesia ortodoxa sobre otras confesiones (ver servicio 133/97). Pero más bien habría que decir que la ley favorece al Patriarcado de Moscú, al que reconoce como único representante de la ortodoxia rusa. Los demás grupos han quedado en situación tal vez más precaria que la de católicos o protestantes. Algunos ya han perdido, en las primeras semanas de aplicación de la ley, propiedades que han pasado al patriarcado moscovita.

En Noginsk, cerca de Moscú, la rama pro-Kiev de la Iglesia ortodoxa de Ucrania (hay allí otro patriarcado aliado de Moscú) tenía una catedral, un seminario, un convento y una escuela religiosa. Pocos días después de que entrara en vigor la ley de religiones, todos esos edificios fueron entregados al Patriarcado de Moscú. El mismo destino ha tenido un templo de la llamada Iglesia Ortodoxa Libre, fundada en 1991, que seguramente va a perder también otras quince iglesias que posee en Suzdal, su sede, ciudad situada a unos 200 Km al este de la capital rusa. Este grupo restauró y devolvió al culto los quince templos, abandonados durante la época soviética. Ahora -se queja el arzobispo Valentín, cabeza de esta facción, en declaraciones al New York Times (13-X-97)-, el Patriarcado de Moscú "no quiere las iglesias cerradas y semiderruidas que hay en nuestra región: quiere las iglesias levantadas de las ruinas a nuestras expensas y por las manos de nuestros fieles".

El patriarcado moscovita afirma que no pretende otra cosa que proteger el secular patrimonio de la Iglesia ortodoxa rusa frente a algunos grupos que se han nombrado a sí mismos herederos. En esto tiene el apoyo de la Iglesia Ortodoxa de Estados Unidos, establecida allí por rusos emigrados: según ella, los grupos escindidos del Patriarcado de Moscú se han hecho ilícitamente con propiedades eclesiásticas aprovechando la confusión surgida tras la desintegración de la Unión Soviética.

El problema es que los grupos disidentes no reconocen al Patriarcado de Moscú como legítimo heredero de la Iglesia ortodoxa rusa. La Iglesia Ortodoxa Libre se separó por el colaboracionismo del patriarcado con el poder soviético, y está dirigida por clérigos que bajo el comunismo actuaban en la clandestinidad. Por el mismo motivo se escindió en 1927 del patriarcado de Moscú la "Iglesia Ortodoxa Rusa fuera de Rusia", formada por exiliados. También esta facción ve peligrar las parroquias que ahora tiene en Rusia y teme una fuerte restricción de sus actividades. Y hay al menos un grupo ortodoxo más que comparte tales temores: el de los Viejos Creyentes, que se disociaron de Moscú porque rechazaron las reformas litúrgicas realizadas en el siglo XVII.

La disputa en torno a propiedades eclesiásticas se libra incluso fuera de Rusia, también con ventaja para Moscú. Hace unos meses, el patriarcado moscovita logró convencer a la Autoridad Nacional Palestina de que desahuciara a los monjes y monjas que atendían la única iglesia cristiana abierta en Hebrón (Cisjordania). Los religiosos eran exiliados rusos, ortodoxos, pero que no dependían del Patriarcado de Moscú, a cuyas manos ha pasado el templo.


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