El Observatorio

Ruanda: la reconciliación a los 20 años del genocidio

Página 1

El 7 de abril comenzarán en Kigali, la capital de Ruanda, los actos conmemorativos del genocidio que en solo tres meses acabó con la vida de 800.000 personas. Veinte años después de las terribles masacres de tutsis perpetradas por los hutus, los ruandeses han conseguido mirar hacia adelante y levantar un país dispuesto a no repetir los errores del pasado.

En cada nuevo aniversario, el recuerdo de las atrocidades reabre las heridas de la memoria. Según un informe del Ministerio de Sanidad ruandés publicado en 2011, casi un tercio de los adultos del país todavía presenta síntomas de estrés postraumático. Sin embargo, ahora que los tutsis y los hutus viven y trabajan juntos –la mención a la etnia fue eliminada de los carnés de identidad–, la conmemoración de aquellos hechos tiene un sentido catártico.

Jean de Dieu Burakari tenía 13 años cuando empezó el genocidio, en 1994. Logró sobrevivir gracias a los nueve días que pasó escondido entre unos cadáveres, apilados en una iglesia. “Lo que ocurrió fue terrible”, explica a un corresponsal del Christian Science Monitor. Pero “recodar lo que ocurrió en 1994, me refuerza el sentimiento de que no volverá a pasar”.

Un editorial del mismo diario atribuye el mérito de la reconciliación a la forma en que se ha hecho justicia y reparado a las víctimas. De un lado, el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, creado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, se ha ocupado de los cabecillas más sanguinarios del genocidio, entre los que figuran altos cargos del gobierno de entonces y algunas autoridades militares. Según los datos oficiales de la Corte, ya se han dictado 47 sentencias condenatorias: 32 la están cumpliendo y 15 están pendientes de apelación.

De otro, los tribunales tradicionales conocidos como gacaca se han ocupado de miles de casos. Los juicios a los sospechosos son públicos y se celebran en las aldeas donde tuvieron lugar los hechos. Además de hacer justicia –las sentencias a los culpables van desde los trabajos en beneficio de la comunidad a las reparaciones económicas o la cárcel–, el objetivo es restablecer las relaciones.

Según el editorial, los tribunales populares de Ruanda han funcionado mejor que las comisiones para la justicia y la reconciliación organizadas en otros países con conflictos pasados, como por ejemplo Sudáfrica. El motivo es que los gacaca son mucho más personales. Así, favorecen que el acusado escuche con empatía los testimonios de las víctimas, a la vez que promueven el arrepentimiento y el perdón. Con todo, no siempre funcionan.

La reconciliación ha tenido un claro impacto en el país, mucho más seguro y estable que antes, aunque siga siendo pobre. El gobierno del presidente Paul Kagame –en el poder desde el año 2000– no está exento de tics autoritarios. Pero ha tenido el mérito de desterrar el trato desigual por razones étnicas y de promover la reconciliación con actos públicos (cfr. Aceprensa, 22-10-2008).


Nuestra web utiliza cookies para facilitar el servicio. Si continúa navegando entendemos que las autoriza.