Recuperar el misterio para afrontar la muerte

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La aprobación de la ley andaluza sobre la “muerte digna” ha suscitado el debate sobre la atención al enfermo terminal. A menudo este debate se centra demasiado en los aspectos técnicos que rodean al acto de morir, pero deja a un lado consideraciones más profundas. En un artículo publicado en The Calgary Herald (9-03-2009), la profesora canadiense Margaret Somerville trata de ir al fondo de la cuestión.

“Tradicionalmente, hemos recurrido a la religión o a la espiritualidad para abordar el misterio de la muerte. El problema es que ahora muchos de nosotros no somos religiosos”.

“El misterio siempre encierra incertidumbre, lo que nos hace sentir que no tenemos el control; en el caso de la muerte, esta sensación produce un miedo intenso y ansiedad. Una forma de reducir ese miedo es tratar de tomar el control convirtiendo el misterio de la muerte en el problema de la muerte y buscar una solución técnica. La eutanasia aparece entonces como una respuesta: la muerte es vista como un problema, y no como un misterio, y la solución propuesta a ese problema es la inyección letal”.

“La eutanasia permite a la gente sentir que aunque no puede evitar la muerte, al menos puede controlar la forma de morir, el tiempo y el lugar. Es un mecanismo de control del miedo, que opera en el ámbito individual y social. Si admitimos que legalizar la eutanasia es una mala solución, necesitamos desarrollar y dar a conocer otros medios para combatir nuestro miedo a la muerte”.

En busca del espíritu

Uno de los medios que propone Somerville es enriquecer nuestra experiencia del “espíritu humano”. Tal y como ella la entiende, esta expresión es válida tanto para creyentes como para no creyentes. “Se trata de esa realidad intangible que cada ser humano debe encontrar para dar sentido a su vida; esa realidad profunda que nos hace sentirnos conectados a los demás, al mundo y al universo en que vivimos; esa realidad metafísica -pero no necesariamente sobrenatural- que necesitamos para experimentar plenamente la vida humana”.

Los ancianos y los enfermos terminales hablan con frecuencia del sufrimiento que les causa la soledad. Para Somerville, el sentimiento de soledad está en las antípodas de lo que supone aceptar la existencia del espíritu humano: “La soledad es sentirse desconectado de los demás y del mundo; caer en un profundo aislamiento”.

El espíritu humano es el medio a través del cual podemos generar el sentimiento de pertenencia a algo superior a nosotros. Se trata de fomentar “los valores opuestos al individualismo y al narcisismo, que son precisamente las plagas que nos impiden descubrir la experiencia del espíritu humano”.

“El narcisista ve en los demás gente de la que puede obtener beneficios; los trata como objetos o instrumentos. Este enfoque conduce a posiciones como las que han llevado a un político australiano a reivindicar la legalización de la eutanasia. Él la justifica en los siguientes términos: ‘Cuando has pasado tu fecha de caducidad, deberías despedirte de la manera más rápida, barata y eficiente posible’”.

Esta manera de pensar contrasta con la ética del respeto que propone Somerville, basada en los valores comunitarios y en el reconocimiento de la dignidad de las personas dependientes. “El clima ético de una sociedad no depende de cómo tratamos a los fuertes o a los poderosos, sino de cómo nos ocupamos de los más débiles y vulnerables de la sociedad”.

Fomentar la esperanza

Otro medio para superar el miedo a la muerte es alimentar la esperanza. “La esperanza es el oxígeno del espíritu humano; sin ella, el espíritu muere; con ella, podemos superar incluso los obstáculos que parecen más empinados. La esperanza nace gracias a un sentido de conexión con el futuro”.

“Incluso los enfermos terminales pueden tener esperanza o, si se quiere, ‘pequeñas esperanzas’. Por ejemplo, permanecer vivo el tiempo suficiente para ver el nacimiento de un nieto, asistir a la boda de una hija, encontrarse con un viejo amigo o presenciar un día más el amanecer y el canto de los pájaros”.

“Al igual que la esperanza, la posibilidad de dejar un legado nos conecta a un futuro que no veremos.. Los expertos que se dedican a los cuidados paliativos tratan de ayudar a los enfermos a identificar cuál es su legado, los regalos que dejan a las personas que se quedan, porque saben que eso les da paz en el momento de la muerte”.

La posibilidad de dejar un legado tiene mucho que ver con el sentido que le damos a la muerte. “Somos seres en busca de sentido; esa búsqueda es la esencia de la humanidad. La eutanasia es una respuesta previsible a una pérdida de sentido en relación con la muerte y su práctica aumentaría esa pérdida. Es un asunto crucial, pues de nuestra capacidad de encontrar sentido a la vida puede depender también nuestra capacidad de encontrar sentido a la muerte”.

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