El Observatorio

Por qué disminuye la delincuencia

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Las tasas de delincuencia en los países occidentales bajan desde hace unos veinte años, y contra los pronósticos, la reciente recesión económica no las ha hecho remontar. The Economist dedica un amplio análisis a este fenómeno.

Influyen distintos factores. Uno es demográfico: el segmento de población que más delinque son los varones de 18 a 24 años, que por el descenso de la natalidad son menos que antes. Sin embargo, esto no basta para explicar la drástica reducción (del 90% en algunos delitos, como el hurto de vehículos) en ciudades como Nueva York o Los Ángeles, ni que en Londres haya continuado el descenso aunque la población joven masculina haya remontado en los años recientes.

Ocurre también que los jóvenes de hoy se portan mejor. Desde luego, consumen menos drogas, y las epidemias de “crak” y de heroína, hoy muy atenuadas, fueron una causa principal del aumen to de la delincuencia en los años ochenta y noventa.

Algo puede haber ayudado el endurecimiento de las penas (especialmente en Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia), pues pone a los delincuentes más tiempo fuera de la circulación. Sin embargo, hay países (Canadá, Holanda) donde ha disminuido la población reclusa y también la delincuencia. Lo que parece deberse más bien a que menos gente se inicia en el crimen; esto es cierto incluso en Gran Bretaña, donde de 2007 a 2012 el número de condenados por primera vez bajó un 44%.

Además, como se ha comprobado repetidamente, lo que más disuade al delincuente no es el rigor de las penas sino la probabilidad de que le capturen. Y esta ha aumentado notablemente gracias a la mayor –y sobre todo, mejor– vigilancia policial. Una estrategia de alto rendimiento ha sido concentrar las patrullas en las zonas más peligrosas: por ejemplo, alrededor de Canal Street, en Manhattan, donde en 1990 hubo 29 homicidios por cien mil habitantes, y en 2009 solo 1,5.

Delinquir también se ha hecho más difícil, por el abaratamiento y la gran difusión de medidas de seguridad. Instalar cámaras de vigilancia y alarmas ya no es privilegio de bancos y joyerías: están presentes en muchos otros lugares. Esto ha hecho disminuir mucho los atracos y robos en establecimientos y viviendas: más de un 20% en los países del G7 de 1995 a 2010. El mayor éxito es el de los sistemas antirrobo de los automóviles. Las sustracciones de vehículos han bajado a menos de la mitad en los mismos países y periodo. Son elocuentes las estadísticas de Nueva York: en 1990 se robaron unos 147.000 coches; el año pasado, menos de 10.000.

De todas formas, advierte The Economist, hay delitos de los que no se tienen buenas estadísticas y que pueden ir en aumento. Son principalmente los sexuales, fuera de los más violentos, y los fraudes y estafas por medios electrónicos.


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