Ordenado un obispo en China, con autorización de la Santa Sede

Nombrado por la Asociación Patriótica, fue ordenado por obispos en comunión con el Papa

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Por primera vez, un obispo de la Asociación Patriótica Católica China -controlada por el gobierno- ha sido ordenado, con autorización de la Santa Sede, por tres obispos fieles a Roma. Mons. Zhao Fengchang, de 66 años, nuevo obispo de Yanggu y administrador apostólico de Linqing, fue ordenado el 7 de mayo por Mons. Ma Xuesheng, obispo de Zhoucun, por Mons. Fang Xingyao, de Linyi, y por Mons. Wang Dianduo, de Heze, ante unos mil quinientos fieles católicos. Antes de la misa de ordenación, se anunció públicamente que la Santa Sede aprobaba el nombramiento.

Según la agencia Fides, de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, la ordenación significa un paso importante hacia la normalización de las relaciones entre el Vaticano y China. No es la primera vez que la Santa Sede da su aquiescencia a un obispo nombrado por la Asociación Patriótica, pero sí es la primera ceremonia en la que todos los obispos participantes están en comunión con Roma, tal como pidió el Vaticano. Los católicos de la Asociación Patriótica y los de la Iglesia clandestina tienen jerarquías eclesiásticas paralelas (unos 70 y 60 obispos, respectivamente). Entre la jerarquía de la Iglesia patriótica también hay obispos en comunión con el Papa. La política de la Santa Sede ha sido siempre buscar la unidad entre católicos "patrióticos" y clandestinos, y evitar que la Iglesia esté sometida al gobierno.

La ceremonia del día 7 supuso un cambio notable tras la ordenación en enero pasado, sin el consentimiento de la Santa Sede, de seis obispos nombrados por la Asociación Patriótica (ver servicio 8/00). La ceremonia fue fuertemente criticada y apenas contó con asistencia de fieles.

La política religiosa del gobierno chino, tanto respecto a la Iglesia católica como a otros grupos, oscila entre el deseo de evitar tensiones y el afán de tener bajo su control todas las instituciones. Fuentes oficiales en Shanghai dan a entender que, ante las tensiones económicas y sociales en China, Pekín quiere evitar disputas con la Iglesia católica y la comunidad internacional. Pero en otros momentos se siguen produciendo detenciones y actos de hostigamiento contra los católicos clandestinos.


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