Los "negacionistas" del cambio climático: pocos y cortos de dinero

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Ben Pile contesta en Spiked la afirmación, difundida entre los ecologistas, de que existe “un empeño anónimo, generosamente financiado y coordinado” para “sembrar dudas sobre el cambio climático”. La expresión entrecomillada no es de él, sino de Peter Gleick, científico norteamericano experto en medio ambiente que hace poco intentó probar su tesis con respecto al Heartland Institute, perteneciente a las filas de los escépticos sobre el cambio climático.

Con ese fin, Gleick se hizo pasar por otra persona y obtuvo algunos documentos internos del Heartland Institute, que luego difundió. Actuó así porque una fuente anónima le hizo llegar otro documento, supuestamente del mismo instituto, que exponía una estrategia “negacionista”. Este papel resultó ser una falsificación, y los otros que Gleick recibió del instituto no lo corroboraron.

Al final, Gleick reconoció públicamente el engaño y pidió perdón.

Pero algo revelan los documentos obtenidos por Gleick: el Heartland Institute ingresó en 2011 4,6 millones de dólares, incluido un donativo de una fundación creada por Koch Industries, empresa con intereses en el sector energético. Ahora bien, el donativo fue de solo 25.000 dólares y estaba destinado a un proyecto sin relación con el cambio climático: un boletín sobre sanidad que edita el instituto.

En comparación, el campo ecologista tiene mucho mayor éxito entre los filántropos. Por ejemplo, entre 2007 y 2010, el Sierra Club recibió más de 25 millones de dólares, en su mayor parte de Aubrey McClendon, presidente de Cheasepeake Energy. Las donaciones de McClendon fueron para la campaña “Más allá del carbón”, promovida por el Sierra Club. Chasepeake Energy se dedica a extraer gas natural.

Pile refiere otro caso. La financiación del Competitive Enterprise Institute, una de las principales organizaciones “negacionistas”, fue investigada por Greenpeace, que descubrió donaciones por 2 millones de dólares de la petrolera Exxon entre 1998 y 2005. Pero eso es poca cosa frente a los más de 2.000 millones en donativos ingresados por la propia Greenpeace de 1994 a 2005.


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