Las patentes farmacéuticas no son obstáculo si la emergencia es en Norteamérica

Ante la necesidad de Cipro para tratar el ántrax, EE.UU. y Canadá llegan a un rápido acuerdo con Bayer

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Los gobiernos de EE.UU. y Canadá acaban de cerrar sendos acuerdos con la multinacional alemana Bayer para que esta última les suministre millonarias cantidades de Cipro -el antibiótico que puede combatir el ántrax- a precios muy inferiores a los vigentes antes de los atentados bacteriológicos por vía postal. La rapidez del arreglo contrasta con la prolongada resistencia de los laboratorios hasta que acordaron reducir los precios de los medicamentos contra el SIDA para los países del Tercer Mundo.

Resulta llamativa la celeridad con la que Bayer ha accedido a las peticiones de los dos países. Canadá había amenazado a Bayer con saltarse la patente -en vigor hasta 2003- amparándose en la excepción, prevista en los acuerdos internacionales, que autoriza en caso de emergencia nacional a fabricar o importar genéricos sin respetar las patentes. Sin llegar a invocarla, en EE.UU. se recordó la ley que, en caso de necesidad, permite fabricar un medicamento saltándose la patente.

Bayer se ha comprometido con el Ministerio de Sanidad de EE.UU. a suministrar 100 millones de comprimidos de Cipro a 95 centavos de dólar, que serán solo 85 en la siguiente remesa de 100 millones y bajarán a 75 en la tercera. En Canadá, que cerró el acuerdo con Bayer una semana antes, el precio acordado por una partida de 1 millón de comprimidos de Cipro fue de 1,30 dólares la unidad. Normalmente Cipro se vende a 4,5 dólares por píldora.

La política de los grandes laboratorios farmacéuticos, en su mayoría propiedad de multinacionales norteamericanas o europeas, ha sido defender el respeto a las patentes de los medicamentos. La Organización Mundial del Comercio recibió una denuncia de EE.UU. contra Brasil, que optó por saltarse las patentes y encargar genéricos para combatir los efectos devastadores del SIDA. En Sudáfrica, los laboratorios recurrieron a los tribunales cuando el gobierno decidió hacer lo mismo. Ambos países consideraron que la extensión de la enfermedad y el elevado coste del tratamiento -inasequible para la inmensa mayoría de los infectados- justificaban la declaración de emergencia nacional. Las multinacionales farmacéuticas acabaron cediendo ante la presión internacional: llegaron a un acuerdo con Sudáfrica para rebajar los precios y retiraron la demanda (cfr. servicio 65/01).

La situación de Bayer, una multinacional alemana con cuatro divisiones de negocio (plásticos, salud, química y agricultura) no es muy boyante en los EE.UU., donde cosechó el pasado año los peores resultados de su historia. Cipro es el producto más rentable del laboratorio, con ventas por valor de 1.400 millones de dólares el pasado año. La patente del antibiótico fue registrada por Bayer en 1987. En Europa la patente caducó en 2001. Bayer dijo haber sufrido pérdidas por valor de 297,5 millones de dólares por la retirada de Lipobay, el fármaco anticolesterol.

Parece que cuando los que están en peligro son norteamericanos, los criterios sobre las emergencias nacionales cambian. El presidente de Bayer, Helge Wehmeier, en declaraciones al International Herald Tribune, afirmaba solemnemente el total compromiso de su empresa para ayudar a EE.UU. en su guerra contra el bioterrorismo. Para reforzar estas declaraciones, Bayer donará al gobierno norteamericano 2 millones de píldoras de Cipro para el tratamiento de investigadores y empleados de correos, especialmente expuestos al riesgo de contraer la enfermedad. Henry McKinell, presidente de Pfizer -el segundo gran laboratorio después de Merck-, ha calificado de completamente legítima la actuación del gobierno norteamericano para negociar con Bayer el precio de Cipro (Wall Street Journal, 25-X-2001). McKinell se declara partidario de la abrogación de las patentes en situaciones de auténtica emergencia nacional, pero estima que no se da ese supuesto en el caso de Cipro.


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