La vida ética. ¿Qué quiero realmente?

La vita etica

Página 1

Autor: Giuseppe Capograssi

Encuentro.
Madrid (2017).
217 págs.
20 €.
Traducción: Ana Llano Torres.

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Giuseppe Capograssi (1889-1956) es uno de los grandes pensadores del derecho italiano del siglo XX. Su interés por el individuo, que atraviesa toda su obra, le llevó a desarrollar una filosofía basada en la atenta observación de las experiencias humanas. Según él, el individuo concreto posee un núcleo de verdades esenciales en las que no suele reflexionar, que constituyen la orientación de su vida y de su acción. En consecuencia, la misión de la filosofía es tratar de captar esas verdades y expresarlas. Y eso es exactamente lo que hace en este libro: observar la experiencia humana para identificar los rasgos característicos de su ser y su actuar.

Capograssi advierte que el individuo irrumpe en la vida desplegando una acción entusiasta: “El hombre comienza su acción riendo y jugando”. Al hacerlo, descubre los intereses profundos que hacen que la vida sea digna de ser vivida. Pero llega un momento en que acaba el encanto y el individuo empieza a sentir la fatiga de la vida. Primero comparece la rutina; luego el miedo que nos lleva a entregarnos en manos del más fuerte; y finalmente la soberbia que trata de dar una justificación racional a nuestra vida movida por el miedo. A partir de ese momento, el individuo queda escindido entre la vida que vive y la que querría vivir en lo más profundo. Es entonces cuando emerge con fuerza la vida ética, que nos pone en condiciones de llegar a querer aquello que verdaderamente queremos.

Pero Capograssi no se queda en el descubrimiento de la vida ética y jurídica como recursos para salvar al hombre de su propia fractura. Va más allá y constata que todo individuo acaba desesperando de lo finito, y buscando ayuda: “El hombre se reconoce impotente para salvarse a sí mismo y, a la vez, espera salvarse, pidiendo ayuda a quien es superior a lo finito”. Esa esperanza la encuentra en el Dios misericordioso que se ha entregado por él y que le descubre en la cruz la salvación definitiva. Por eso, el libro acaba con unas estremecedoras palabras, que hablan de la preocupación de Capograssi por el futuro del mundo (que mantienen toda su vigencia) y, al mismo tiempo, de la profunda esperanza que alentaba su pensamiento: “Cuanto más crucificado sea el individuo, más volverá a creer en Dios y su justicia. En este sentido, ya que es seguro el aumento del dolor en el mundo, el porvenir del individuo es seguro”. 


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