El Observatorio

La eutanasia y la manzana de Blancanieves

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Recientemente, 156 diputados franceses publicaron una tribuna en Le Monde para pedir la legalización de “una ayuda activa a morir”. Les responde en el mismo diario Anne de la Tour, presidenta de la Sociedad Francesa de Acompañamiento y de Cuidados Paliativos (SFAP), que agrupa a 10.000 cuidadores y 6.000 voluntarios.

Para Anne de la Tour, la propuesta de legalizar la eutanasia es como la manzana de Blancanieves, de apariencia magnífica y apetitosa, pero que al morderla sumerge en el sueño de la muerte. Esto es lo que parecen querer los partidarios de la eutanasia, “una muerte que viene en bata blanca, para poner la inyección letal o dar el comprimido que producirá el efecto instantáneo, sin los sufrimientos y la vergüenza del ‘morir’”.

Con su experiencia de acompañamiento habitual a decenas de miles de pacientes, la SFAP deplora que la oferta de cuidados paliativos no llegue a todos. Pero advierte que “la mayoría de las 580.000 muertes anuales se producen de manera sosegada”. Lamenta también las eutanasias clandestinas, que, según datos del Instituto de Estudios Demográficos, alcanzan como máximo 1.200 al año, es decir, el 0,2% de los fallecimientos.

En vez de una nueva iniciativa parlamentaria sobre el fin de la vida, la SFAP pide que se aplique la ley actual, aprobada hace apenas dos años, y que requiere un tiempo para proseguir los esfuerzos de formación en los hospitales y para difundir una cultura de cuidados paliativos.

Más estrés en los pacientes

¿Por qué tantos franceses son favorables a la eutanasia, según las encuestas, cuando tan pocos pacientes nos la piden?, se pregunta Anne de la Tour. “Sin duda porque la muerte es un horizonte al que uno se acerca paso a paso y es mucho más fácil de desafiar de lejos que de muy cerca”, dice.

“Porque, en su gran mayoría –añade–, nuestros pacientes se sienten divididos, frágiles, vulnerables, como lo están sus familiares en esos momentos de estrés –bien lejos, por lo general, de poder plantearse esa elección ‘libre, informada, no sometida a ninguna presión o depresión, expresada de manera reiterada’ que los 156 diputados propugnan. Los pacientes evocan la muerte a menudo, la desean algunas veces, después dicen lo contrario y hablan de otra cosa, de proyectos y de esperanzas. Son ambivalentes, como lo es todo ser humano que trata de dar un sentido a su vida”.

Para la gran mayoría, despenalizar la eutanasia “no supondría un derecho más, sino un poco más de conflictos interiores, de tensiones familiares, de sentimientos de culpa”

Para la gran mayoría, despenalizar la eutanasia “no supondría un derecho más, sino un poco más de conflictos interiores, de tensiones familiares, de sentimientos de culpa, de incomodidad y de angustia”. “Sería una ley escrita para los sanos, para apaciguar su miedo a un sufrimiento lejano y potencial, cuando los que están en la situación real e inmediata lo que reclaman es que se cumpla la promesa de aliviar el sufrimiento, de un fin de vida que siga siendo vida hasta el final y de una muerte humana que no les quite nunca su dignidad”.

Los diputados a favor de la eutanasia dicen que la ayuda activa a morir “no quitaría nada a nadie”. Anne de la Tour responde que “nuestras decisiones personales tienen una dimensión colectiva, sobre todo cuando, como ocurre con la eutanasia o el suicidio asistido, requieren necesariamente la asistencia de un tercero”.

“Despenalizar la eutanasia, obligaría a cada paciente, a cada familia, a planteársela”. Sería “perturbar el contrato de confianza entre el cuidador y el paciente, y transgredir el código de deontología médica: matar a la persona que sufre, aunque se haga con la mayor compasión, no es un cuidado”.

“Despenalizar la eutanasia sería inscribir en el centro mismo de nuestras sociedades la transgresión de la prohibición de matar. Antes de romper con más de dos milenios de tradición hipocrática y jurídica, ¿cómo no recordar que esos límites de civilización no han sido siempre en el pasado suficientemente sólidos para impedir la criminalidad?”

“Como en la manzana de Blancanieves, la propuesta de legalizar la eutanasia está envenenada. Esta ayuda activa a morir que no quitaría ‘nada a nadie’ no existe más que en la ficción ultraliberal en la que cada uno no vive más que para sí mismo, ejerce solo su ‘soberanía’ y pretende ‘controlar’ todo. Pero ¿por qué cruel ironía estas condiciones, que nunca son plenamente logradas en el curso de la vida, lo serían de repente en el momento de la muerte?”.

La presidenta de la SFAP recuerda los grandes progresos hechos en cuidados paliativos: “Podemos aliviar hoy la mayor parte de los sufrimientos y sedar si es necesario según la ley de 2016 respetando la libertad de todos y sin transgredir nada”. En cambio, lo que los diputados presentan como un “progreso humanitario”, “desprotegería de hecho a los más débiles, es decir a cada uno de nosotros, y debilitaría también a la sociedad, minando un poco más la solidaridad de la interdependencia y las posibilidades de consenso sobre los valores que nos unen”.


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