La enseñanza concertada no es el enemigo

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La educación concertada y la pública comparten más de lo que algunos quieren creer. Ambas son “de todos y para todos” y coinciden en los mismos objetivos finales. Ambas, también, han de ser eficientes. Así piensa Irene Rigau i Oliver, consejera de educación de Cataluña.

En las últimas protestas contra los recortes en educación la escenografía ha jugado un papel importante. Uno de los elementos de esta escenografía han sido las camisetas con eslóganes que han vestido muchos de los manifestantes. Los mensajes coincidían en una encendida defensa de la educación pública, pretendidamente desfavorecida en favor de la concertada. La consigna más repetida ha sido la que calificaba a la escuela pública como “de todos y para todos”.

Según Irene Rigau, este mensaje es engañoso, en cuanto que supone una confrontación entre dos modelos educativos complementarios y avalados por la Constitución, e igualmente comprometidos con la sociedad, ante la que deben rendir cuentas por la inversión depositada. Así dice en una entrevista para Magisterio.

Rigau hace gala de que en Cataluña este debate está “superado”: “El texto legal, que es la LEC –Ley de Educación de Cataluña–, deja claro que el modelo [concertado] es de interés público. Pensar que solo tienen función pública los centros de titularidad pública es pervertir el lenguaje”. Rigau no solo defiende la legitimidad de la concertada, sino que propone garantizar que el concierto corresponda realmente al gasto “para que la red concertada no tenga esos problemas de financiación que provienen de que los presupuestos generales definen el módulo de una manera insuficiente”.

Desde su punto de vista, aún hay quien no ha entendido que “escuela pública no es igual a escuela única”. Los dos modelos están protegidos por el artículo 27 de la Constitución, donde habla de la libertad en la educación; sin embargo “hay quien continúa construyendo el discurso como si el ese artículo 27 no dijera lo que dice”.

Por otro lado, la consejera de educación considera que el “todo gratis” en educación es un planteamiento equivocado: “Lo que hay que preservar es la gratuidad de la parte lectiva”, pero a la vez es lógico que en los centros concertados y públicos las familias paguen por servicios complementarios, o por las actividades organizadas por las propias asociaciones de padres. Las administraciones no deben organizar ni pagar todo. Además, el aumento gasto en educación no es la panacea, opina la consejera.

Rigau cree que la mayor parte de los problemas que aquejan a la educación española tienen que ver con lo que ocurre dentro del aula, más que con factores organizativos o materiales, aunque no hay que desdeñar estos últimos.

Según el panorama de la OCDE, las condiciones laborales del profesorado español se pueden considerar, a nivel global, ventajosas. Pero para Rigau lo determinante es la vocación y la cualificación de los docentes: “La profesión docente es como la médica. Puedes tener muchos recursos, pero si no accedes con vocación, los recursos nunca suplen”. En cuanto a la cualificación, Rigau opina que debería hacer falta algo más que la nota de selectividad para poder acceder a la carrera de Magisterio: “Yo sería partidaria […] de poner una nota mínima de dominio de la lengua. Si la lengua es el instrumento principal de trabajo del docente, garantizar un buen nivel lingüístico es esencial”.


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