El Observatorio

La educación sexual en las aulas no cambia las conductas

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Los autores del informe, cuatro investigadores de universidades inglesas y sudafricanas, han seleccionado, de entre una base de estudios sobre programas de educación sexual, aquellos que miden su efectividad con datos objetivos, como la tasa de embarazo entre las participantes o la incidencia de enfermedades de transmisión sexual (ETS).

Contrariamente a los estudios analizados por los investigadores, la mayoría de los informes que evalúan la efectividad de los programas de educación sexual lo hacen mediante cuestionarios realizados a los propios jóvenes acerca de su “concienciación” sobre las conductas de riesgo, o en función del comportamiento seguido en materia sexual después de que terminaran los cursos, pero siempre según su propio testimonio (self-reported outcomes). Estas mediciones, que en general han arrojado conclusiones positivas, han servido para validar la utilidad de la educación sexual en las aulas; pero, según los autores del nuevo estudio, no son concluyentes en sí mismas.

Por eso, ellos han escogido ocho estudios que sí analizaban parámetros objetivos sobre la influencia de los programas en los participantes: la tasa de embarazo y la incidencia de enfermedades de transmisión sexual. En total, la población estudiada superaba los 50.000 adolescentes de varios países de África y Europa.

Las conclusiones son negativas: ninguno de los programas de educación sexual mejora significativamente los resultados. La tasa de embarazos adolescentes entre los participantes fue prácticamente igual a la del grupo de control: 0,99, siendo 1 la de los que no recibieron estos cursos. En cuanto a las infecciones de sida y herpes genital, la prevalencia fue incluso ligeramente superior: 1,03 y 1,04 respectivamente. En cambio, sí bajó la de la sífilis: 0,81.

Más éxito parecen haber tenido, en cambio, otros programas que pretendían lograr el mismo objetivo no por medio de cursos de contenido curricular, sino a través de incentivos económicos para que los jóvenes permanezcan en el colegio, algo especialmente relevante en algunos países africanos donde un porcentaje significativo de jóvenes abandona las aulas tempranamente. Por ejemplo, el efecto relativo sobre la tasa de embarazo fue de 0,76, aunque los autores señalan que la “calidad de la evidencia” (un estándar empleado en las publicaciones científicas para evaluar la fiabilidad de los estudios) es baja en esta medición. No obstante, otras investigaciones ya han apuntado la relación inversamente proporcional entre nivel de escolarización –sobre todo, de las chicas– y tasa de embarazo o ETS.


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