Hombre y mujer: tan distintos, tan complementarios

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La familia fundada en el matrimonio es el ambiente idóneo para descubrir lo masculino y lo femenino, dos modos de ser que expresan la riqueza de lo humano. Así lo han defendido representantes de 14 confesiones religiosas en un congreso celebrado en el Vaticano del 17 al 19 de noviembre.

En un momento en que la nueva ortodoxia laica no está dispuesta a tolerar las ideas de los creyentes –explica Robert P. George, jurista de la Universidad de Princeton–, nada tiene de extraño que se alíen “representantes e intelectuales de las grandes tradiciones religiosas del mundo para ofrecer un testimonio común sobre la idea del matrimonio como unión conyugal entre hombre y mujer”. Esta es, a juicio de George, la gran aportación del congreso Humanum.

La lista de ponentes incluye desde líderes religiosos como el pastor evangélico Rick Warren; Russell D. Moore, de la Convención Bautista del Sur; Nicholas Okoh, primado de la Iglesia anglicana en Nigeria; o el budista Nissho Takeuchi; hasta intelectuales como la antropóloga musulmana Iqbal Gharbi; la historiadora hindú Kala Acharya; o la socióloga de Harvard Jacqueline C. Ríos.

Papa Francisco: “Los niños tienen derecho a crecer en una familia con un padre y una madre”

Por una “ecología humana”

La variedad de los ponentes refleja bien que “la familia es un hecho antropológico”, como dijo el Papa Francisco en su discurso de inauguración del congreso. De ahí que no tenga sentido “calificarla con conceptos de naturaleza ideológica que solamente tienen fuerza en un momento de la historia, y después caen. No se puede hablar hoy de familia conservadora o de familia progresista: la familia es familia”.

Refiriéndose al título del congreso, el Papa recalcó que la “complementariedad está en la base del matrimonio y de la familia, que es la primera escuela donde aprendemos a apreciar nuestros dones y aquellos de los demás, y donde comenzamos a aprender el arte del vivir juntos. (…) Cada hombre y cada mujer aportan su propia contribución personal al matrimonio y a la educación de los hijos”.

Pero hoy la idea de la complementariedad se ve amenazada por planteamientos ideológicos que cuestionan la naturaleza del ser humano como hombre y mujer. Frente a eso, el Papa pide promover una “ecología humana” que respete el orden de la creación.

Un elemento clave de esta ecología humana es el significado del matrimonio como unión conyugal para toda la vida entre hombre y mujer: “Los niños tienen el derecho de crecer en una familia, con un papá y una mamá, capaces de crear un ambiente idóneo a su desarrollo y a su maduración afectiva”, dijo el Papa.

Jonathan Sacks: “Lo que hace grande al matrimonio es su capacidad para entrelazar tantos impulsos y deseos diferentes, tantos roles y responsabilidades”

Un amor que trae nueva vida al mundo

Otra intervención muy aplaudida fue la de Jonathan Sacks, ex rabino jefe del Reino Unido, quien dedicó la primera parte de su original ponencia a repasar algunos momentos destacados en el desarrollo de “la idea más bella en la historia de la civilización: la idea del amor que trae nueva vida al mundo”. Desde la perspectiva judía, el matrimonio aparece como una alianza en la que Dios se hace presente a través del “amor entre el marido y la mujer, entre los padres y sus hijos”.

La familia basada en el matrimonio, dice Sacks, resulta asombrosa gracias a lo que ha conseguido reunir: “el impulso sexual, el deseo físico, la amistad, el compañerismo, el parentesco emocional y el amor, la generación de los hijos y su protección y cuidado, su educación temprana y su iniciación en una identidad y en una historia”.

“Rara vez ha logrado una institución entrelazar tantos impulsos y deseos diferentes, tantos roles y responsabilidades. [La familia] daba sentido al mundo y le daba un rostro humano, el rostro del amor”.

Dos grandes grupos

Pero esta visión de la familia conyugal ha entrado en crisis por varias razones. El resultado es que “casi todo lo que consiguió reunir el matrimonio ahora se ha dividido. El sexo se ha divorciado del amor; el amor, del compromiso; el matrimonio, de los hijos; tener hijos, de la responsabilidad de cuidarlos”.

La declaración final del congreso subraya que el matrimonio es algo mucho más grande que el reconocimiento de una relación amorosa

El vertiginoso cambio familiar está creando en las sociedades occidentales una división en dos grandes grupos: la de quienes son criados por familias intactas de padre y madre casados, cuya relación proporciona a los hijos la oportunidad de relacionarse con un progenitor masculino y otro femenino, y la de quienes carecen de esa estructura psicológica básica pues son criados por un padre o una madre solteros, o por progenitores del mismo sexo.

“Nuestra compasión por quienes eligen vivir de forma diferente –añade Sacks– no debe inhibirnos de defender la institución más humanizadora de la historia. La familia formada por hombre, mujer e hijos no es una opción de estilo de vida entre muchos. Es el medio mejor que hemos descubierto para educar a las futuras generaciones y para que los niños crezcan dentro de una matriz de estabilidad y de amor”.

Una unión grabada en el cuerpo y en la sangre

El broche de oro del congreso lo puso la lectura de una declaración titulada “Una nueva afirmación del matrimonio”. Con un lenguaje poético, el texto aborda el mismo problema que algunos juristas conocen como el proceso de privatización del matrimonio (cfr. Aceprensa, 7-12-2012). Es un buen ejemplo de cómo se puede explicar hoy el significado del matrimonio a una generación que tiende a pensar en términos más emotivos.

Frente a la tendencia a ver el matrimonio como un simple contrato que la voluntad humana podría manipular a su gusto, la declaración hace hincapié en la fuerza que tiene el matrimonio para insertar la unión de un hombre y una mujer dentro de una sucesión de generaciones:

¿Por qué las bodas nos siguen conmoviendo? No nos emocionamos cuando nuestros socios cierran un acuerdo comercial. Ni se nos saltan las lágrimas cuando nos damos un amistoso apretón de manos. Tampoco nos alegramos cuando oímos hablar de una unión “ocasional”.

Una boda es algo diferente. Aquí hay un hombre y una mujer que entran juntos en una nueva vida.

Y, sin embargo, es mucho más que todo esto. Están a punto de entrar en las generaciones. Su unión proclama la vida: sus padres y sus abuelos todavía viven en ellos. El género humano vive en ellos. Las culturas y los credos del mundo viven en ellos. Están allí, en la sangre. Los testigos conocen esta verdad. También ellos han nacido de la unión entre un hombre y una mujer.

Y frente a la tendencia a ver el matrimonio como el simple reconocimiento de una relación amorosa, desvinculada de la paternidad y el sexo, el texto muestra cómo la entrega mutua de los esposos –caracterizada por la división sexual y la apertura a la vida– es lo que convierte el matrimonio en una institución con relevancia social:

Contemplad al hombre y a la mujer juntos. No son solo dos personas. Él es para ella, y ella es para él; está inscrito en sus cuerpos. Su unión traerá la vida que une y funde a las familias, anima la fe a prosperar, y ayuda al género humano y a las diferentes culturas del mundo a renacer.

(…) Dado que el matrimonio en la tierra nos une en la carne a través de los siglos, a través de las familias en la carne, y a través de las grandes y maravillosas diferencias entre el hombre y la mujer, ¿quiénes somos nosotros para cambiar esto? A nosotros nos toca promoverlo y celebrarlo.

En la página web del congreso están recopilados los videos con las intervenciones de los ponentes así como los seis videos oficiales que los organizadores han editado para explicar, con un lenguaje accesible, el significado del matrimonio. El trailer, de menos de 2 minutos de duración, ofrece un buen resumen de ellos.


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