Holanda aprueba un contrato de convivencia registrada

La nueva ley reserva el matrimonio para la unión entre un hombre y una mujer

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Amsterdam. El 1 de enero entró en vigor en los Países Bajos una nueva ley de uniones civiles por la que dos personas -también del mismo sexo- pueden hacer un "contrato de convivencia registrada", que a efectos fiscales y de herencia tiene el mismo tratamiento que el matrimonio. Sin embargo, el matrimonio sigue reservado exclusivamente para la unión entre un hombre y una mujer. El contrato de convivencia registrada no permite a los contratantes adoptar hijos, ni tiene consecuencias para el otro en caso de que uno de ellos adopte a un niño o la mujer recurra a la fecundación in vitro. No obstante, la nueva ley prevé también la posibilidad de que ambos compartan la patria potestad sobre el hijo de uno de ellos.

La asociación registrada es, pues, una nueva unión civil entre dos personas que no pueden o no quieren casarse. Los requisitos para esta unión son: no estar casado o ya registrado con alguien; ser mayor de edad; que no exista parentesco y, en caso de que uno de los dos sea extranjero, que tenga permiso de estancia en Holanda. Entre la petición al ayuntamiento y la formalización del contrato hay dos semanas de espera; el registro se realizará ante dos testigos, al menos, o cuatro como máximo. Los dos contratantes pueden formar o no comunidad de bienes, se obligan a mantenerse, se benefician de la pensión del otro en caso de fallecimiento y tienen la obligación de pasar pensión alimenticia en caso de separación. Los derechos de herencia son los mismos que en el caso de matrimonio. El contrato de convivencia registrada se disuelve sin necesidad de recurrir al juez, basta un acuerdo firmado por un abogado sobre cómo van a arreglar las cosas. Sólo en caso de desacuerdo tendrán que recurrir al juez.

La asociación registrada difiere de los contratos de vida en común que ya hacían parejas ante notario y que tenían sólo consecuencias de derecho privado. La nueva fórmula tiene un reconocimiento legal y unas consecuencias ante terceros. La diferencia con el matrimonio es menor, se limita al derecho a adoptar.

La reforma del derecho de familia holandés permite también a los padres elegir si sus hijos llevarán el apellido del padre o de la madre. Pero la decisión para el primer hijo será la definitiva para los demás. También en la pareja podrá elegir la mujer llevar el apellido del marido o el marido el apellido de la mujer.

El Parlamento holandés lleva varios años elaborando esta reforma. En diversas ocasiones ha habido comisiones parlamentarias con propuestas a favor del matrimonio entre homosexuales. El último intento data de octubre pasado. La Comisión Kortmann -nombre del parlamentario que tomó la iniciativa- abogó por la apertura del matrimonio a parejas del mismo sexo y la posibilidad de que uno de los dos pudiese adoptar al hijo de su pareja. Pese a la petición de Kortmann, en la nueva legislación el matrimonio sigue siendo una unión exclusiva entre un hombre y una mujer.

Ya al principio del debate parlamentario, la secretaria de Justicia, Elisabeth Smitz, se manifestó contraria a la apertura del matrimonio a homosexuales, queriendo reservarlo a parejas que pueden tener descendencia natural.

Los departamentos de psiquiatría infantil y juvenil de la Universidad Erasmo de Rotterdam realizaron por encargo suyo una investigación sobre la adopción (ver servicio 47/97). Según concluyeron los investigadores, en ninguna legislación del mundo está prevista la adopción por una pareja del mismo sexo [ahora está permitida en Nueva Jersey, Estados Unidos].

La implantación de la nueva ley de familia no marcha sobre ruedas, afirmaba el diario liberal NRC Handelsblad. Las nuevas reglas de elección de nombre van a coger por sorpresa a parejas de hecho, madres solteras y gente en relaciones extramatrimoniales que no habrán tomado a tiempo las medidas de acuerdo con su deseo. Se prevé lío en las maternidades con los nombres de recién nacidos. Respecto al contrato de convivencia, hay funcionarios municipales que se niegan a firmarlos por cuestión de principios.

En Kampen el alcalde ya ha prometido a los funcionarios que no serán obligados a firmar los contratos en contra de su conciencia. La Asociación de Ayuntamientos Holandeses ha aconsejado a sus miembros, en relación con estas posturas de rechazo, que pidan con tiempo funcionarios prestados a ayuntamientos vecinos.

Carmen Montón

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