El Observatorio

Francisco refuta la “mitología” creada en torno a él

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“El Evangelio condena el culto a la riqueza”, subrayó el Papa Francisco en una entrevista concedida al rotativo italiano Corriere della Sera el pasado 5 de marzo, en la que abordó temas como su relación con Benedicto XVI, la globalización, los abusos contra menores, la familia, y el papel de la mujer en la Iglesia.

Fiel a su estilo, el Pontífice recalcó que la pobreza evangélica aleja de la idolatría a quien la practica, y le acerca a la Providencia. Quizás por ello, por su revaloración de lo frugal, se tejen mitos sobre él, como que sale de noche del Vaticano para repartir alimentos a los pobres en las calles de Roma.

“No me gustan las interpretaciones ideológicas, una cierta mitología del Papa Francisco”

Una persona normal
“Jamás se me ocurriría”, confesó a su interlocutor, el periodista Ferruccio di Bortoli. “Me gusta estar entre la gente, junto a los que sufren, y andar por las parroquias. No me gustan las interpretaciones ideológicas, una cierta mitología del Papa Francisco (…). Pintar al Papa como si fuese una especie de Superman, una especie de estrella, me resulta ofensivo. El Papa es un hombre que ríe, llora, duerme tranquilo y tiene amigos como todos. Es una persona normal”.

Una “persona normal” que suele llamar por teléfono a quienes le piden ayuda. “¿Algunas veces no le creen que sea usted?”, se interesa el entrevistador: “Ya me ha pasado. Cuando uno llama es porque tiene ganas de hablar, una pregunta que hacer, un consejo que pedir. Cuando era cura en Buenos Aires, era más fácil. Y a mí me quedó esa costumbre. Es un servicio”.

Globalización poliédrica
La preocupación por servir pasa por alertar, y el Papa lo ha hecho respecto a la globalización, particularmente en el área financiera, que desplaza al ser humano del centro de atención: “La globalización salvó de la miseria a muchas personas, pero condenó a muchas otras a morir de hambre, porque con este sistema económico se vuelve selectiva. La globalización en la que piensa la Iglesia (…) es un poliedro, con sus diversas facetas, en el que cada pueblo conserva su propia cultura, lengua, religión, identidad. La actual globalización ‘esférica’ económica, y sobre todo financiera, produce un pensamiento único, un pensamiento débil. Y en su centro ya no está la persona humana, solo el dinero”.

En el tema de la Iglesia, la conversación giró sobre varios ejes. Acerca de su relación con el Papa emérito Benedicto XVI, refirió que ambos llegaron a la conclusión de que era mejor que participara en la vida de la Iglesia. “Algunos hubiesen querido que se retirara a una abadía benedictina muy lejos del Vaticano. Y yo pensé en los abuelos, que con su sabiduría y sus consejos le dan fuerza a la familia y no merecen terminar en un asilo”.

Abusos
El tema de los abusos contra menores fue un punto en la conversación: “Los casos de abusos son tremendos porque dejan heridas profundísimas. Benedicto XVI fue muy valiente y abrió el camino. Y siguiendo ese camino la Iglesia avanzó mucho. Tal vez más que nadie. Las estadísticas sobre el fenómeno de los abusos de menores son impresionantes, pero muestran también con claridad que la gran mayoría de los casos se dan en el entorno familiar y de la gente cercana. La Iglesia católica es tal vez la única institución que actuó con transparencia y responsabilidad. Ninguna otra ha hecho tanto. Y, sin embargo, la Iglesia es la única en ser atacada”.

“Algunos hubiesen querido que [Benedicto XVI] se retirara muy lejos del Vaticano. Y yo pensé en los abuelos, que con su sabiduría y sus consejos le dan fuerza a la familia y no merecen terminar en un asilo”

Sobre la familia, calificó de “muy seria” la crisis que atraviesa la institución: “Es difícil formar una familia. Los jóvenes ya no se casan. Hay muchas familias separadas, cuyo proyecto de vida común fracasó. Los hijos sufren mucho. Y nosotros tenemos que dar una respuesta. Pero para eso hay que reflexionar en profundidad. Es lo que están haciendo el consistorio y el sínodo. La tentación de resolver los problemas desde la casuística es un error, una simplificación de cosas profundas. (…) A la luz de esa reflexión profunda podrán afrontarse seriamente las situaciones particulares, también la de los divorciados”.

Otro objeto de seria reflexión es el papel de la mujer dentro de la Iglesia. El Pontífice respaldó una mayor presencia femenina en los puestos de decisión, si bien llamó a ir más allá de una “promoción de tipo funcional”: “El principio mariano guía a la Iglesia de la mano del principio petrino. La Virgen es más importante que cualquier obispo y que cualquiera de los apóstoles. La profundización teologal ya está en marcha. El cardenal Rylko, con el Consejo de los Laicos, está trabajando en esta dirección con muchas mujeres expertas”.

Por último, dedicó unas palabras al necesario respeto a la vida humana, interpelado acerca del control de la natalidad. Respecto a la encíclica Humanae vitae, afirmó que Pablo VI tuvo una “genialidad profética”, al atreverse a “ir contra la mayoría, defender la disciplina moral, ejercer un freno cultural, oponerse al neomaltusianismo presente y futuro”. Entonces, “la cuestión no es cambiar la doctrina, sino ir al fondo y asegurarse de que la pastoral tenga en cuenta las situaciones de cada persona y lo que esa persona puede hacer. También de eso se discutirá en la preparación del sínodo”.


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