El Observatorio

Destruir el embrión no es científico

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Una proposición de ley para autorizar la investigación científica utilizando embriones humanos está siendo discutida en la Asamblea nacional francesa.

En contra de esa posibilidad se manifiesta un artículo publicado en La Croix (9-07-2013) por cuatro autores: el Profesor Emmanuel Sapin, autor de la primera cirugía en Europa sobre un feto en el útero, la Dra. Alexandra Henrion-Caude (Eisenhower Fellow, fundadora de science-en-conscience.fr), Alain Privat (iniciador de Alerte à la conscience scientifique), y el profesor Claude Huriet (Senador Honorario).

“Nuestra reflexión –dicen– se refiere al lugar que ocupa el embrión humano en la sociedad desde un punto de vista médico y desde las evidencias científicas actuales”. La oposición al proyecto de ley se basa en diversas razones, que explican sintéticamente.

Desde el punto de vista científico, “el embrión se define como un organismo en desarrollo desde su primera división hasta el momento en que se forman los órganos principales”. “Si no se puede atribuir científicamente al embrión la calidad de persona humana, no es menos cierto que el embrión corresponde a un período de desarrollo del ser humano”. Durante ese período, “ese organismo vivo no cambia de naturaleza; si era humano, sigue siendo humano. Y esto lo afirma el examen científico, ampliamente confirmado por la genética, desde el análisis de las primeras células. No solo esas células se diferencian, se podría decir, materialmente de células de otras especies, sino que son portadoras de una sola y única identidad que hace de él un ser único”.

Los autores del artículo recuerdan que “si el científico como científico no puede afirmar que ‘un embrión es una persona humana’, tampoco puede afirmar que ‘un embrión no es una persona humana’”. En la duda, el principio de precaución debería impedir al científico considerar al embrión humano como un instrumento; en cambio, debería respetar la dinámica de su desarrollo como ser humano y organismo vivo.

“Desde el punto de vista médico, es importante recordar que el embrión tiene el estatuto de paciente. Por lo tanto, está en el centro de muchas prácticas médicas que intentan protegerlo de diversos factores endógenos y exógenos susceptibles de interferir en su desarrollo: estrés materno, interacciones medicamentales, radiaciones ionizantes. Las técnicas de diagnóstico prenatal se autopresentan como ‘diagnóstico centrado en el embrión’”.

En fin, los avances actuales en la medicina regenerativa derivan de células madre adultas y de las células iPS, cuyo descubrimiento valió al profesor Yamanaka el Premio Nobel de Medicina. Ninguna de esas vías de investigación, tan prometedoras, plantean problemas éticos. Porque parten de células que no son un organismo en desarrollo.

“En momentos en que los recursos financieros son limitados, sería razonable no conceder fondos a estudios experimentales con embriones humanos, que después de más de veinte años de investigación no han conseguido aplicaciones terapéuticas. Para los que piensan que Francia, al no permitir la investigación con embriones, quedaría atrasada respecto a otras naciones, parece oportuno informarles del retraso actual en la investigación sobre células madre adultas y células iPS, que, sin embargo, concentran el interés de oportunidades de terapias innovadoras en muchas enfermedades, en plazos previsibles”.


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