Demasiado tiempo de pantallas afecta al cerebro de los niños

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El uso de pantallas no solo afecta al modo en que los niños juegan, aprenden, y se relacionan entre sí o incluso leen y estudian, sino que puede modificar la propia estructura cerebral. El Dr. John S. Sutton, pediatra del hospital infantil de Cincinnati, acaba de publicar en JAMA Pediatrics que existe una asociación entre el tiempo de uso de dispositivos con pantalla y la integridad de la sustancia blanca cerebral en preescolares, en concreto en las áreas relacionadas con el lenguaje y las habilidades “prelectoras”.

El estudio se realizó en 47 niños sanos de 3 a 5 años de edad en los que se evaluó el lenguaje, el vocabulario y la capacidad de prelectura mediante test específicos, además de realizar una Resonancia Magnética Nuclear dinámica para estimar la organización microestructural y la mielinización (maduración) de la sustancia blanca cerebral. A su vez, los padres rellenaron una encuesta que consta de 15 ítems en relación al acceso a pantallas, frecuencia de uso, contenido visualizado por los niños solos o en compañía de los padres.

De los preescolares estudiados, los que utilizaban más pantallas tenían menor “maduración” de las áreas cerebrales que intervienen en el lenguaje y en la lectura

Al analizar los resultados obtenidos en la encuesta se observó que las puntuaciones más altas –las de uso más prolongado de pantallas– se correlacionaban con una menor integridad y mielinización en los tractos de sustancia blanca cerebral relacionados con el lenguaje. Es decir, los preescolares que utilizaban más pantallas tenían menor “maduración” de las áreas cerebrales que intervienen tanto en el lenguaje como en la lectura. En esos niños, además, en los tests del lenguaje y vocabulario obtenían unos resultados más bajos.

Riesgos

El manejo de estas tecnologías tiene grandes ventajas, pero puede ser un problema si no se hace un uso adecuado. Cuando hablamos de niños, con su cerebro en desarrollo, las consecuencias pueden ser más graves. La enorme disponibilidad de esos aparatos provoca que el uso comience muy pronto y se incremente con el paso de los años. La Academia Americana de Pediatría recomienda limitar el uso de los dispositivos con pantallas por los problemas sobre la salud y el desarrollo que puede provocar un uso inadecuado en los niños. Hay riesgo de que provoquen retraso en el lenguaje, descanso y sueño insuficiente, daños en las funciones ejecutivas y cognitivas, déficit de atención y trastornos del comportamiento (ver estudio de Yolanda Reid Chassiakos y otros).

La Organización Mundial de la Salud publicó este año unas recomendaciones especialmente restrictivas para menores de 5 años, desaconsejando totalmente el uso de pantallas en los menores de 2 años y limitando su uso a 1 hora diaria como máximo entre los 2 y los 5 años. También la Asociación Española de Pediatría se ha manifestado en ese sentido.

Al impacto directo del uso de pantallas se suma que el tiempo que se les dedica va en detrimento de otras actividades que estimulan el lenguaje y las habilidades para la lectura, por ejemplo, jugar con otros niños o leer. Se necesitan más estudios en esta línea para conocer el alcance a más largo plazo y confirmar cómo repercuten esos cambios en el desarrollo según las edades de los niños.

Cristina Esteve Cornejo
Pediatra, Clínica Universidad de Navarra


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