El Observatorio

De dónde sale Boko Haram

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¿Qué es Boko Haram? ¿De dónde ha salido este grupo terrorista que ha provocado una avalancha de reclamos a nivel mundial para que liberen a los casi tres centenares de niñas secuestradas en Nigeria meses atrás?

En diálogo con la revista Palabra (julio 2014), el obispo de la noroccidental región de Sokoto, Mons. Mathew Hassan Kukah, alerta contra la visión simplista de que son una pieza más en el enfrentamiento entre musulmanes y cristianos, vistos los frecuentes ataques contra iglesias. “La experiencia nos lleva a ser precavidos”, advierte.

“Boko Haram lo fundó el líder musulmán Mohammed Yusuf en 1999 (…) . La fundación del grupo de Yusuf coincidió con el regreso de Nigeria a la democracia, tras casi 20 años de dictadura militar”.

Según Mons Kukah, en los años 90, determinadas fuentes con intereses ideológicos en el mundo islámico dedicaron millones de dólares a financiar el proselitismo en el norte de Nigeria —millones de nigerianos viajaron a la Meca—, por lo que la región se convirtió en punto de efervescencia.

Respecto al fundador de Boko Haram, sin embargo, el prelado opina que no pasaba de ser un predicador carismático, no necesariamente vinculado a ideas anarquistas o criminales, pero sí a la denuncia sin tregua de la sofocante injusticia del Estado. Su reclamo de que se instaurara la sharia o ley islámica iba de la mano con la necesidad de que se inculcara en la población un sentido de honestidad, y de que se utilizaran para buenas causas los avances científico-técnicos.

El desprecio de las autoridades
Lamentablemente, lo que pudo ser resuelto con un poco de voluntad política y de escucha a los diversos sectores de la sociedad nigeriana, se saldó con la muerte de Yusuf, en extrañas circunstancias, en una comisaría policial.

“Después de la muerte de su líder, Boko Haram buscó una compensación. En primer lugar, exigieron que las autoridades se disculparan por el trato que habían recibido, y luego demandaron al gobierno una compensación por el asesinato de sus líderes y miembros, y la destrucción de sus familias. El juzgado atendió sus demandas y ordenó al gobierno pagarles una compensación de 100 millones de narias (unos 500 000 euros al cambio actual). Durante dos años, el gobierno federal ignoró esta sentencia, ocasionando un daño irreparable. Los frentes quedaron así definidos, y Boko Haram ve ahora en juego mucho más que una simple compensación económica”.

Lo que no se ventiló pacíficamente ha derivado en enfrentamiento armado. El gasto militar del Estado con el propósito de eliminar al grupo fundamentalista ha aumentado vertiginosamente, y los choques están convirtiendo a los civiles en víctimas de los atropellos de los contrincantes. “Es un gran error, el resultado de un mal diagnóstico: pensar que Boko Haram es únicamente un problema de ley, de orden y de guerra”, dice el obispo.

La frustración de los musulmanes
Un acuerdo nacional sobre cómo eliminar el problema de la pobreza, especialmente en las zonas del norte del país, puede ser uno de los ejes centrales del asunto. “No podemos negar —afirma el prelado nigeriano— que en muchos aspectos estamos cosechando lo que hemos sembrado durante todos estos años. Los sucesivos líderes nigerianos han puesto el listón del liderazgo tan bajo que gradualmente la corrupción ha ido erosionando la mayor parte del legado del colonialismo británico. La vida pública ha perdido su prestigio hasta el punto de que los ciudadanos no esperan nada de los servidores públicos”.

“Cuando los fieles musulmanes midan las acciones de sus gobernantes y vean que son contrarias a las palabras de los padres fundadores del califato de Sokoto (conquistado por los británicos en 1903), se acostumbrarán a rebelarse contra la injusticia. El resto del país solo sufre un daño colateral, pero la verdadera fuente de frustración entre .los musulmanes siempre ha estado en una gran parte de sus propias élites. Estas se alegran de los prejuicios (contra) los cristianos y el estado nigeriano: es la ira de su propio pueblo lo que les mantiene tranquilos y les hace mostrarse reticentes a la hora de condenar los excesos de los fanáticos”.


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