Dar la espalda al porno

Página 1

Dejar de consumir pornografía “es fácil”; apenas un “cuando yo quiera, lo dejo”. “¿Adicción? ¿Qué adicción?”.

Matt Fradd, conferencista católico, y Chris Cope, director de Cardinal Studios, han escuchado historias de este tipo, y no solo entre personas no creyentes, sino entre quienes asisten a la iglesia periódicamente. Son testimonios de hombres a los que es común leerles expresiones de agradecimiento a Dios por haberles ayudado a dejar atrás ese hábito.

Han podido hacerlo en buena medida gracias a un programa que han implementado Fradd y Cope para ayudar a los que quieren abandonar el porno: STRIVE (“esfuérzate”), el cual, con un itinerario de 21 días, ofrece mensajes de vídeo y acompañamiento personal por parte de un tutor. Según el National Catholic Register, ha sido adoptado desde marzo pasado por 40 diócesis y archidiócesis de EE.UU., entre estas últimas New Orleans, Orlando y Portland, las cuales han solicitado más de 125.000 tarjetas con los datos de acceso al programa, para que los sacerdotes las repartan a los fieles que acuden a confesarse y a hombres que se están preparando para el matrimonio.

La iniciativa busca abarcar los componentes emocional, psicológico, neurológico y espiritual del individuo

Según Fradd, la iniciativa va dirigida “al alma y al cuerpo” de los que se acercan con interés –en este momento la inscripción es gratis, también en español–, y busca abarcar los componentes emocional, psicológico, neurológico y espiritual del individuo, dándole a conocer, por ejemplo, cuáles son los móviles de su conducta adictiva respecto al porno. Por supuesto, “no es una bala de plata”, advierte: puede haber recaídas. Pero con la asistencia del tutor y el apoyo de otros compañeros pueden superarse y se puede retomar el camino.

Entender los incentivos de la adicción

Matt Fradd sabe lo que es la pornografía, pero no de oídas ni “teóricamente”. Según explica a Aceprensa, se enganchó muy tempranamente y mantuvo su adicción incluso una vez casado. Pero fue ahí, en el matrimonio, que inició el viraje.

“Me di cuenta de que ese no era el tipo de hombre que quería ser. Sabía que para ser el esposo y padre que quería, el porno no podía formar parte de mi vida. Pude alcanzar la libertad al poner en práctica muchos de los consejos que ahora debatimos en el desafío STRIVE, particularmente el de entender mis propios incentivos y adoptar comportamientos saludables que me llevaran a una vida de libertad”.

Para dar a conocer su experiencia, Fradd contactó con Chris Cope: la idea era crear un programa que ofreciera toda la información que había reunido en la última década y trabajar con personas que tuvieran problemas con el porno. Dada la ya reconocida labor de Cardinal Studios en la creación de cursos y la producción de vídeos, surgió la idea de STRIVE, y comenzaron con una serie para hombres.

“La mayoría de los que utilizan pornografía lo hacen para calmar algún tipo de angustia emocional o de turbulencias en sus vidas, pero también hay otras razones”

¿Cómo funciona? “Cada día los participantes reciben un poderoso videomensaje y un reto que vencer durante la jornada. Los desafíos están diseñados para ayudarles a hacer un cambio real ese día. Cada persona está también en comunidad con otros miles de hombres que tienen todos juntos la misma misión. Aunque todo esto puede hacerse de modo anónimo, los participantes reciben un apoyo impresionante por parte del programa. Es algo que no han experimentado antes, y finalmente ven una esperanza real, con un plan práctico para liberarse”.

Los 21 días de duración del curso no parecen, sin embargo, tiempo suficiente para zafarse de semejante cadena. No lo es: se trata de una etapa en la que, dice, se les dan las herramientas para ayudarles a entender qué necesitan para liberarse; un tiempo en el que seguirán el plan de abstinencia que se han puesto en común y verán si necesitan acompañamiento o si les conviene participar de otros cursos.

“STRIVE ayuda a los hombres a entender por qué se han vuelto hacia la pornografía; si los dispositivos tecnológicos que poseen los están utilizando a favor o en contra de sí mismos. Se les habla sobre las motivaciones emocionales para ello, que son únicas para cada persona, y nosotros los ayudamos a identificarlas. La mayoría de los que consumen pornografía lo hacen para calmar algún tipo de angustia emocional o de turbulencias en sus vidas, pero también hay otras razones. Cuando los hombres pasan por el programa, las identifican, y esto empieza a darles poder sobre ellas”.

Según el entrevistado, ya en la primera semana muchos dicen que nunca habían experimentado una esperanza como la que sienten, ni habían hecho una introspección tal en su comportamiento. “Aquellos que perseveran los 21 días y encuentran un acompañante responsable, tienen los mayores niveles de éxito”.

La adicción siempre es “cosa de otros”

Muchas personas se han beneficiado ya de esta iniciativa de desintoxicación del porno –se han apuntado miles, a razón de unos cien cada día–, y en la web del programa han dejado constancia del cambio experimentado. No hay nombres. Hay historias, y expresiones de gratitud.

Uno de los que comenta refiere una de las ideas más indulgentes con esta práctica: la del porno como ayuda para lidiar con las épocas de fuerte estrés. “Fue en esos tiempos, cuando me sentí desamparado, que busqué un escape y me volví hacia la pornografía”. Asimismo, como suele pasar, la adicción es siempre “cosa de otros”: “Antes de empezar en STRIVE –dice uno de los testimoniantes– estuve negando que constituyera una adicción en mi caso. Sabía que estaba mal, que padecía cierta dependencia, pero no admitía que estaba enganchado. La adicción era para personas que no se tomaban la fe tan seriamente como yo. Era una actitud muy soberbia”.

Otro participante, entretanto, refiere haber ampliado su visión del problema, que no era “solo el porno”, y añade que ya puede reconocer en conciencia cuándo tiene un pensamiento impuro: “Cuando empecé este desafío, creía que lo único de lo que debía liberarme era del porno. Pero mi modo de pensar ha cambiado, y ha incluido también el modo en que veo a las mujeres como personas”.

Según un participante, “la adicción era para personas que no se tomaban la fe tan seriamente como yo. Era una actitud muy soberbia”

“¡Han sido los 21 días más rápidos que recuerdo! –afirma otro señor–. Mi vida ha cambiado: puedo sentir la tentación tan fuerte como antes, pero estoy respondiendo de modo totalmente diferente. Ya mis pensamientos no son ‘no debo’, sino ‘yo soy’, ‘yo tengo’. ¡Participar en el programa ha alterado tantos aspectos de mi vida que no había previsto! Estoy trabajando mejor, estoy desperdiciando menos tiempo, trato a los otros con un amor que no había sentido antes, y tengo paz todo el día. Mi vida de oración ha mejorado significativamente, así como mi relación con Dios. Experimento además un nuevo sentido de confianza en mí por haberlo hecho. Estoy muy alegre y agradecido”.


Nuestra web utiliza cookies para facilitar el servicio. Si continúa navegando entendemos que las autoriza.