El Observatorio

Cómo evaluar las mejores universidades

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El recelo a los rankings internacionales de universidades, demasiado centrados en la investigación en materia científica, ha llevado a un grupo de expertos de la OCDE a pensar clasificaciones alternativas que den más peso a la enseñanza. Lo cuenta Sean Coughlan en BBC News.


Una versión de este artículo se publicó en el servicio impreso 74/14

Los resultados del QS World University Rankings, recién publicados, han vuelto a mostrar que la investigación y la “marca” siguen siendo bazas seguras para colarse en el top ten de las universidades más prestigiosas.

La clasificación está encabezada por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), que lleva tres años consecutivos en el primer puesto de este ranking. En el resto de la tabla no hay grandes sorpresas: El Imperial College de Londres y la Universidad de Cambridge ocupan, empatadas, el segundo puesto; la Universidad de Harvard, el cuarto; el University College de Londres y la Universidad de Cambridge, el quinto; la Universidad de Stanford, el séptimo..

Esta clasificación, muy parecida al Academic Ranking of World Universities, realizado por la Universidad Jiao Tong de Shanghai, basa la mayor parte de sus resultados en tres indicadores: 1) el prestigio académico, estimado a partir de una encuesta a 60.000 profesores de todo el mundo; 2) la frecuencia con que los investigadores de una universidad son citados por otros investigadores; y 3) la ratio profesor/alumnos.

Otro ranking popular es el del Times Higher Education (THE), que identifica a las 200 mejores universidades del mundo en función de criterios cuantitativos muy concretos: 1) que los ingresos totales de la Universidad supongan al año más de 750.000 dólares por profesor; 2) que la ratio de profesor por alumno sea de casi uno por cada doce; 3) que cada profesor reciba unos 230.000 dólares anuales para proyectos de investigación.

Para Phil Baty, editor del THE, gastar mucho dinero es esencial para “atraer y retener a los investigadores punteros, y a darles los medios que necesitan”. De ahí que sean un buen indicador del nivel de investigación de las universidades.

Pero ¿qué ocurre con las que se dedican a las disciplinas sociales y humanísticas, cuyos fondos para investigación son más modestos? ¿De qué le sirve a un estudiante de historia o de arte consultar unos rankings que están copados por universidades pioneras en disciplinas científicas?

Estas pegas han llevado a un consorcio de expertos, respaldados por la Comisión Europea, a crear una clasificación alternativa. El nuevo ranking multidimensional europeo U-Multirank, que ha empezado a funcionar este año, permite a cualquier estudiante comparar más de 850 universidades de 74 países de acuerdo con los indicadores que seleccione.

Uno de los expertos que integra ese consorcio es Andreas Schleicher, director de políticas educativas de la OCDE e impulsor del programa PISA en la enseñanza secundaria. Schleicher cree que los indicadores que emplean los rankings internacionales de universidades dicen muy poco sobre la calidad de la enseñanza. Por eso, anuncia, próximamente va a proponer a los países de la OCDE que adopten un modelo de evaluación de universidades que dé prioridad –en la línea de las pruebas PISA– a los resultados de los alumnos.


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