El Observatorio

Antiblasfemias sin fronteras

Página 1

La larga mano de los extremistas islámicos que quieren impedir a la cristiana Asia Bibi abandonar Pakistán, llega hasta el Reino Unido, un país que, habiendo abogado por la libertad de la joven, prefiere no ofrecerle asilo, por miedo a provocar a los fanáticos.

Wilson Chowdhry, miembro de la British Pakistani Christian Association, cuenta en una entrevista con Spiked que funcionarios británicos le han confesado sus temores de que se desaten disturbios en el país europeo si accediera a acoger a Bibi, que ha pasado injustamente ocho años en prisión bajo la acusación de blasfemia, y de quien en este momento se desconoce su paradero dentro de Pakistán.

La fuerza de los extremistas es tal –han llegado a bloquear las vías hacia los aeropuertos–, que han logrado que el primer ministro paquistaní, Imran Khan, coloque a Bibi en una lista de control de salidas y haya accedido a que la absolución sea revisada por el Tribunal Supremo.

La complicada situación de Bibi ha llegado a este punto, según Chowdhry, por la existencia de la ley contra la blasfemia, “una herramienta de discriminación y persecución. El 50% de las alegaciones de blasfemia van dirigidas contra las comunidades cristiana y ahmadí, que constituyen apenas el 2% de la población. (…). El otro 50% va enfilado contra los musulmanes chiitas, por parte de los sunitas. Una vez que se plantea una acusación, se requisa la tierra del acusado, se le expulsa de su localidad o se le mata extrajudicialmente. Muy a menudo, pequeños celos y disputas desembocan en falsas acusaciones de blasfemia”.

Además, los islamistas radicales pretenden, por vía de los hechos, aplicar extraterritorialmente esa absurda ley. “Muchos denominados ‘apóstatas’ son perseguidos en el Reino Unido. Por ejemplo, Nissar Hussein [un residente de Bradford que salió en un documental hablando sobre el maltrato entre los conversos al islam] ha sido acosado por islamistas de línea dura desde que se convirtió al cristianismo. Tuvo que ser hospitalizado luego de que lo golpearan con un pico, y fue obligado a abandonar su casa escoltado por 16 policías armados”.

Chowdhry cuenta además el caso de otro paquistaní, residente en Londres, a quien dejaron inconsciente de una paliza por colocar una cruz en su coche, y el de un tercero, Faisal Bashir, que tras escuchar prédicas inquietantes en la mezquita se declaró ateo. Lo que le ocurrió “¡fue justo al lado de mi oficina, en Londres! Lo amenazaron. La gente le lanzaba basura, les gritaban insultos a su esposa y sus hijos. Se tuvo que mudar”.

Ahora, ante la hipotética posibilidad de que Asia Bibi recibiera asilo en Gran Bretaña, Chowdhry señala que hay fotos de reuniones del grupo Tehreek-e-Labbaik, el mismo que protesta en Pakistán contra la excarcelación, en Birmingham. “Los manifestantes en Manchester, la semana pasada, entonaban los mismos cantos que Tehreek-e-Labbaik. Sí, hay una amenaza contra Bibi en el Reino Unido”.

Para el entrevistado, si el gobierno británico y los de otros países europeos rechazan ofrecer asilo a Bibi, por miedo a que sus embajadas en el país centroasiático sufran ataques, lo que deben hacer es retirar sus sedes diplomáticas de allí y cortar relaciones. “Necesitamos revisar seriamente el modo en que operamos en Pakistán”, concluye.


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