La Iglesia y los niños

Página 1

En un artículo publicado en el Frankfurter Allgemeine Zeitung (reproducido en la edición en lengua española de L’Osservatore Romano), el psiquiatra y teólogo alemán Manfred Lütz explica el contexto social en el que se produjeron los casos de abusos sexuales en algunas escuelas católicas de Alemania.

Lütz se refiere a la reacción en la opinión pública a propósito de los casos de abusos sexuales a niños que se remontan a los años setenta y ochenta, y que se acaban de conocer ahora (si bien la Conferencia episcopal alemana ya había tomado medidas para afrontar casos de este tipo en 2002). Algunos medios han aprovechado este episodio aislado para culpar a la moral sexual católica.

Sin embargo, la tesis de Lütz es que este tipo de escándalos -de los que tampoco se libran, lamentablemente, las instituciones seculares que trabajan con niños- se debe a un ambiente de banalización de la sexualidad y la pederastia.

Durante los años setenta, algunos ideólogos de Mayo del 68 intentaron crear un clima de opinión favorable a las “relaciones sexuales no violentas” con niños. Una década después, este planteamiento cristalizó en una serie de propuestas disparatadas.

Lütz lo ilustra con dos ejemplos: “Entre los Verdes, en 1985 se solicitó que se despenalizara el sexo con los niños; y, en 1989, la célebre editorial Deutscher Ärtzteverlag publicó un libro que pedía abiertamente que se permitieran los contactos sexuales pederastas”.

Para los artífices de estas propuestas, el enemigo a combatir eran precisamente las prohibiciones de la Iglesia: “En aquella época se libraba una batalla en particular contra la moral sexual católica porque constituía un obstáculo represivo para la ‘emancipación de la sexualidad infantil’”.

Cuando a finales de los ochenta se desterró la idea de mantener relaciones sexuales con niños, quienes habían sostenido la despenalización de la pederastia se encontraron en la incómoda situación de que “eran ellos los verdaderos malhechores a causa de su laxismo”, y no la Iglesia católica, a la que habían criticado “por su moral rígida y completamente pasada de moda”.

Por eso, como señala Lütz, no deja de ser paradójico que ahora los críticos de la Iglesia aprovechen “la grata oportunidad” que les brindan los casos de abusos sexuales cometidos por algunos sacerdotes para repetir la misma cantinela de siempre: “La culpa es de las estructuras eclesiásticas, de la moral sexual, del celibato”.

Lo malo del asunto es que este tipo de discursos viscerales no contribuyen en nada a esclarecer las cosas. De hecho, “no es más que un claro abuso de los abusos y, sobre todo, una peligrosa desinformación que protege a los culpables”.

“La verdad es que todas las instituciones relacionadas con niños y jóvenes atraen a personas que buscan un contacto ilícito con los menores. Esto vale para las asociaciones deportivas, para las instituciones de asistencia a los jóvenes y, naturalmente, también para la Iglesia”.

“Uno de los principales expertos en Alemania, Hans-Ludwig Kröber, no encuentra ninguna indicación de una mayor frecuencia de casos de pederastia entre los profesores célibes respecto de los demás”.

Lo cierto es que las estructuras de la Iglesia son una ayuda para prevenir casos de abusos sexuales, ya que “puede reaccionar de un modo más coordinado y profesional que una asociación deportiva local”

Junto a las estructuras, el verdadero seguro de vida para los niños es la propia doctrina de la Iglesia: “Se piense lo que se piense de la moral sexual católica, incluso en los tiempos de la banalización de la pederastia, era para cualquiera que la respetase un baluarte contra el abuso de los niños”.


Nuestra web utiliza cookies para facilitar el servicio. Si continúa navegando entendemos que las autoriza.