Contrapunto

Respetar a los niños

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Contrapunto

El lamentable caso de sacerdotes americanos culpables de abusos contra menores ha sido utilizado por algunos para arremeter contra el celibato sacerdotal. Si no fuera obligatorio, dicen, no se producirían estas desviaciones. Pero es evidente que si un sacerdote no quiere respetar el compromiso del celibato, no necesita fijarse en un menor. Igual que si quien incurre en ese abuso es una persona casada, no por eso hay que echar la culpa a la ley moral que le obliga a ser fiel a su cónyuge.

La realidad es que los abusos sexuales contra menores han ido creciendo al mismo tiempo que la revolución sexual abolía todos los límites. Para algunos, hastiados ya de todas las otras variedades sexuales, esta experiencia constituye una novedad. El semanario Time (21-VI-93) acaba de publicar un crudo reportaje sobre la prostitución infantil, donde se refleja este fenómeno: "En los últimos años, europeos, australianos, japoneses y americanos han acudido en tropel al Sudeste asiático para mantener relaciones sexuales con adolescentes de Tailandia, Filipinas o Sri Lanka, prácticas que les habrían supuesto la cárcel en su propio país". Y, ciertamente, los participantes en estos sex tours no están "oprimidos" por la ley del celibato. El mismo reportaje menciona la existencia de guías publicadas en varios idiomas, que proporcionan información a los pederastas en busca de menores. Pero hoy sería de mal tono relacionar los abusos contra menores y la creciente aceptación de la homosexualidad.

Nada de esto excusa la conducta de esa minoría de clérigos, aunque sus molestias a los niños no hayan llegado a tales extremos. Pero obliga a preguntarse si su pecado tiene más que ver con haberse dejado arrastrar por el clima dominante de permisivismo sexual que con el autodominio que exige el celibato. En último término, el mejor modo de luchar contra estos y otros abusos es promover una visión de la sexualidad acorde con la dignidad humana, sin reducirla a mero instrumento de placer. Y no parece que nuestra sociedad haya dedicado muchos esfuerzos a este asunto últimamente.

Juan Domínguez

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