El Observatorio

Quien no escribe bien, no piensa bien

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Eliminar la redacción de textos de los exámenes de acceso a la universidad es una idea que algunos en EE.UU. acarician o ya han puesto en práctica, bajo el pretexto de que mantenerla incrementa el costo del proceso de revisión y lo prolonga demasiado.

Según opina Daniel Payne en The College Fix, la idea ha tomado forma en Wyoming en una propuesta aprobada por el Congreso estatal. En lugar de la prueba de redacción, los aspirantes se enfrentarán a un test de ciencias. Un legislador que defiende la idea afirma que la redacción sería innecesaria porque “la mayoría de colleges en la región no exigen ese examen para obtener plaza” en ellos.

“Es una vergüenza –dice Payne–. La redacción está en malas condiciones en muchas universidades del país. Como informaba hace un tiempo el Washington Post, muchos graduados universitarios ‘no pueden escribir una prosa coherente’, un triste testamento del mal estado de la enseñanza de la redacción en las universidades hoy día”.

“Esa deslucida instrucción comienza, por supuesto, mucho antes de la universidad, probablemente en la secundaria, si no antes. Pero las universidades han exacerbado el problema: como dice el Post, ‘en los planes de estudios de muchos colleges raramente se incluye la redacción’, en parte porque exige ‘mucha mano de obra’ [de corrección a los profesores]”.

Para el autor, cada nivel educativo debería dedicar un espacio a enseñar a escribir bien. La importancia de ello radica, opina, en que una escritura correcta es causa y síntoma de un adecuado proceso de pensamiento. “Es difícil pensar bien si uno no puede escribir bien; la capacidad para hacer esto último es normalmente un requisito para hacer lo primero, tanto en el lugar de trabajo como en la mayoría de las facetas de la vida. Una redacción desorganizada y descuidada delata y favorece un pensamiento desordenado”.

Quien no escribe bien, insiste Payne, probablemente no piensa bien, y no podrá hacerlo, de la misma manera que uno no puede relajarse completamente en una sala de estar sucia y desordenada.

“Enseñar mal a escribir, o no enseñar en absoluto, no le hace a nadie ningún favor, y menos a esos estudiantes a los que se les priva de una parte valiosa de su educación. Las escuelas no deben abandonar la enseñanza de la escritura: deben meter a los estudiante de cabeza en ella, que es la mejor preparación para una vida de pensamiento brillante y productivo”.


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