La derecha, necesitada de ideas

Huérfanos políticos en busca de representación

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El pasado 17 de junio se presentó oficialmente en Madrid el Proyecto Avanza. De la mano de Benigno Blanco y de algunos empresarios, un grupo de jóvenes se ha lanzado a construir una alternativa electoral basada en el voluntariado político. Se proponen dar cauce a las inquietudes de tantos “huérfanos” que han quedado defraudados por los viejos partidos, y tampoco encuentran en los nuevos respuesta satisfactoria.

El público inmediato al que apela Avanza se caracteriza por su visión del mundo humanista cristiana, aunque el proyecto no apela a etiquetas. Electoralmente, en ese target parecen estar los que se han sentido abandonados por el Partido Popular (PP) por diversas razones a lo largo de los últimos años, aunque tampoco se hace explícito este mensaje.

Para comprender y valorar la aparición de esta propuesta (ver el manifiesto de Avanza), es necesario tener en mente la evolución del espacio social y político del centro-derecha en España, con especial atención a los ámbitos de la sociedad civil de inspiración cristiana. Pero también conviene levantar la vista para calibrar la perplejidad que provoca –para quienes tienen una visión humanista del mundo– el deterioro del orden político liberal.

Con Rajoy, el PP ha hecho una transición a un liberalismo postmoderno e ideológicamente líquido (Miguel Ángel Quintanilla)

En cuanto a la descripción de ese espacio en España, pienso que se debe abordar desde cuatro ángulos: 1) el impulso que supuso para ciertos movimientos ciudadanos el “efecto Zapatero”; 2) la deriva ideológica del Partido Popular y de sus gobiernos; 3) el 15M y su influjo en la aparición de nuevos partidos arraigados en las generaciones más jóvenes, así como en 4) el incipiente revivir de la sociedad civil en los últimos años en el ámbito liberal-conservador y humanista cristiano.

El efecto Zapatero

La elección de José Luis Zapatero en marzo de 2004 llevó a giros en la política social, territorial y antiterrorista, que suscitaron el llamado “efecto Zapatero”. Esta reacción se dio sobre todo en forma de manifestaciones multitudinarias en el centro de Madrid y en otros lugares, a favor de la familia y contra el matrimonio homosexual (junio de 2005); contra la educación para la ciudadanía (noviembre de 2005); manifestaciones de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (2005 y 2006); contra la ampliación del aborto (durante 2009). Aunque fueron organizadas por instituciones independientes, contaron en algunos casos con claro apoyo de la Iglesia católica y siempre con presencia de altos cargos del PP.

En la iniciativa y concepción de estos movimientos destaca el papel aglutinador del Foro de la Familia (creado en 1999 y liderado entre 2007 y 2015 por Benigno Blanco), que agrupó a multitud de otras organizaciones sociales. Pero al calor de este efecto Zapatero tomaron forma también otras iniciativas como Hazte Oír, una plataforma online con un planteamiento marcadamente combativo y activista.

Cuando –tras ganar las elecciones en 2011– Rajoy fue distanciándose de estas causas en puntos importantes, estos movimientos tuvieron que revisar sus lealtades y dependencias respecto del PP. En ese caldo de cultivo nació Vox, un partido que pretendía reivindicar las políticas de centro-derecha liberal-conservador y españolista, con figuras históricas del PP como Alejo Vidal-Quadras, y Ortega Lara como representante simbólico de la causa antiterrorista. Sin embargo, este intento de llenar el espacio abandonado por el PP no logró representación en las europeas de mayo de 2014, por poco más de mil votos. Como consecuencia, Vox se radicalizó hacia posiciones de derecha alternativa simpatizante de Le Pen o Trump.

Entre 2014 y 2015 surgieron iniciativas en la sociedad civil, encabezadas por el equivalente generacional de Iglesias y Rivera, pero en el ámbito del centro-derecha

Mientras tanto, el Foro de la Familia y otras iniciativas cercanas fueron capaces todavía de ejercer cierta influencia sobre algunos gobiernos autonómicos, y eran escuchados en el entorno de La Moncloa. Sin embargo, desde la caída en desgracia del ministro Alberto Ruiz Gallardón y de su reforma restrictiva del aborto (en septiembre de 2014), esa interlocución se interrumpió. Ante la decisión de no reformar la ley de plazos, dentro de las filas del PP hubo un conato de rebelión parlamentaria. Pero solo seis diputados y senadores siguieron ese plan, y quedaron fuera de las listas en las siguientes elecciones en 2015.

La evolución del Partido Popular

Según un análisis publicado en su día por Miguel Ángel Quintanilla en los Cuadernos de FAES (ya no disponible en Internet), las causas de la crisis del PP durante la legislatura de los 186 diputados (2011-2015) son los errores intelectuales que datan del giro dado por Rajoy en el Congreso de Valencia (2008), en que se desembarazó del entorno de José María Aznar. En esa ocasión Rajoy se propuso lograr un partido “grande, centrado y unido”. Para lo cual proponía que –sin abandonar nominalmente la identidad y principios del PP– el partido se esforzara en comunicar mejor sus ideas de modo que se pudiera llegar a gente de centro y a votantes socialistas y eventualmente a acuerdos con los nacionalistas. A esto lo llama Quintanilla la transición hacia un liberalismo postmoderno e ideológicamente líquido, pero considera que no dio resultado.

Pienso que la evolución del PP con Rajoy lo ha posicionado conscientemente como el partido preservador del sistema. Para ello cuenta con una sólida base electoral de pensionistas y funcionarios, que ha continuado apoyando al partido a pesar de la corrupción y de giros como la mencionada aceptación de la ley del aborto. A la vez, muchos de los votantes más jóvenes o ideológicamente más activos, han sentido el vacío de la orfandad, y han optado bien por la nueva política, bien por una mayor presencia en la sociedad civil, como veremos ahora.

15M: la nueva política y la sociedad civil

Más allá del fenómeno de movilización que generó, el 15M logró poner sobre la mesa algunos puntos de reforma del sistema en los que había gran acuerdo social. Podemos supo capitalizar la indignación del 15M y las reivindicaciones de diversos colectivos, con su ascenso en las europeas del 2014. Pero también surgió la cuestión de si no había espacio para un “Podemos de derechas”, pues el partido de Pablo Iglesias no lograba la transversalidad que en ocasiones reivindicaba.

Los problemas que figuran en la agenda de los huérfanos electorales no son solo españoles ni principalmente políticos

En los primeros meses de 2015 se concretó el fulgurante salto a la escena nacional por parte de Ciudadanos, con gran atención mediática y expectación incluso entre los antiguos cargos del PP. Sin embargo, más pronto que tarde, Ciudadanos dio muestras de no ser un cauce permeable a las preocupaciones de quienes tienen un planteamiento ideológico más conservador, o si se quiere, una concepción de la persona y de la sociedad de raíz cristiana, por ejemplo por sus posiciones sobre el aborto, la educación diferenciada o los vientres de alquiler.

En ese contexto de efervescencia política y activismo ciudadano surgieron entre finales de 2014 y comienzos de 2015 algunas iniciativas en la sociedad civil, encabezadas por el equivalente generacional de Pablo Iglesias y Albert Rivera, pero en el ámbito del centro-derecha y del humanismo cristiano. Casi al mismo tiempo se presentaron la plataforma Principios, la Red Floridablanca y Qveremos, tres iniciativas que despertaron interés en las redes sociales y una considerable adhesión en sus eventos de debate y conferencias en cafeterías, bares y librerías.

Movimientos de la sociedad civil en el entorno del centro-derecha

La Red Floridablanca entroncaba con el entorno de FAES y figuras clásicas del PP, reivindicando el ideario liberal-conservador y la necesidad de reconstruir la “casa común del centro-derecha”, con una agenda clara de influencia en el PP. Menos alineado políticamente, Principios –en cuyo origen estuve personalmente implicado– nació con la misión de promover una movilización ciudadana para dar respuestas a los retos de justicia política y social desde una perspectiva humanista cristiana, mediante la publicación de propuestas y la organización de debates en vivo por toda España. Qveremos se ha centrado en dar forma a propuestas para una política de centro-derecha inspirada en el humanismo cristiano, y vinculado al entorno de Jaime Mayor Oreja.

El antiguo ministro del PP ofreció sin éxito constituirse en el paraguas que acogiera estos movimientos desde su fundación Valores y Sociedad. Pero además continuó con la iniciativa One of Us a nivel europeo, y lideró el apoyo a los diputados y senadores provida y a la causa de las víctimas del terrorismo, donde se encuadra también la Fundación Villacisneros. Otras iniciativas anteriores al impulso post-15M en ese entorno ideológico subsisten con diversa suerte: la Nueva Revista fundada por Antonio Fontán o la Fundación Ciudadanía y Valores presidida por Alberto Ruiz Gallardón, ahora dependientes de la Universidad Internacional de La Rioja. También cabe destacar los cursos de la Fundación Vives, con vínculos con el entorno valenciano del PP. Por su parte, Aznar ha desvinculado la fundación FAES del partido Popular.

En paralelo, subsisten centros de pensamiento en torno a las universidades católicas, singularmente los congresos de “Católicos y vida pública” del CEU. Y también la actividad de grupos como el Foro de la Familia o la Red Madre, que conforman la espina dorsal del movimiento profamilia, provida y pro educación libre.

También merece mención como ejemplo de movilización social la plataforma Libres e Iguales, nacida en 2014 frente al proceso independentista en Cataluña. Precisamente en el ámbito catalán, la orfandad del voto conservador ha tenido su propia historia, en un contexto de polarización en torno a la cuestión territorial. En el espacio abandonado por Unió Democràtica de Catalunya –partido definido como social-cristiano– siguen teniendo influencia grupos como E-cristians, nuevas plataformas como Construïm y auténticos partidos como Lliures, que sin embargo ya no reivindica el humanismo cristiano.

La encrucijada del humanismo cristiano en política

Es manifiesto que los problemas que figuran en la agenda de los huérfanos electorales, ni son solo españoles ni principalmente políticos. Por otro lado, parece claro que también en otros países ese conjunto de preocupaciones ya no tiene quien lo represente. La alianza liberal-conservadora forjada en el entorno del final de la guerra fría ya no constituye una alternativa ideológica a los partidos de izquierdas. Basta pensar en los partidos conservadores, convertidos en partidos defensores de un consenso liberal progresista sin agenda social propia; y en la tentación populista de la derecha alternativa.

La alianza liberal-conservadora forjada en el entorno del final de la guerra fría ya no constituye una alternativa ideológica a los partidos de izquierdas

El panorama es, pues, de una gran fragmentación, que pone de manifiesto que el centro-derecha es más un espacio político que alineaba intereses, que una síntesis ideológica o intelectual coherente. Pero esta fragmentación afecta de modo directo también a quienes buscan contribuir a una sociedad de acuerdo con una visión cristiana de la persona y la sociedad. Y no se trata solo de las naturales divergencias de estrategia o táctica política: la fragmentación es consecuencia de diagnósticos histórico-culturales muy diversos, aunque todos digan fundamentarse en los mismos principios.

En primer lugar, están los que reivindican todavía los elementos positivos del orden liberal. Entre estos persiste la división entre quienes se identifican con las políticas clásicas de izquierda, y los que siguen apelando a las ideas liberal-conservadoras, aunque ambas ya no responden a los retos contemporáneos. También divergen los que consideran que es prioritario contar con representación política de identidad inequívoca, y quienes aspiran a la integrarse en partidos de gran espectro, por razones tácticas o de fondo.

En el otro extremo, cada vez más personas de convicciones cristianas destacan los defectos del sistema y su incompatibilidad con esas mismas convicciones. Pero también dentro de esta corriente hay posiciones divergentes. Encontramos por un lado críticas de corte reaccionario al orden liberal. Pero por otro también la alternativa del cristianismo social encarnado por el Papa Francisco. Ambas tienen puntos de coincidencia, pero dan un valor muy distinto al papel del Estado y de las organizaciones internacionales, a la prioridad de ciertos valores morales en la esfera pública, y responden de modo divergente a los retos del islamismo radical y la inmigración.

En definitiva, sin negar –de hecho, ni de derecho– el pluralismo político de los cristianos en el pasado, hoy resulta mucho menos claro por dónde hay que ir en el esfuerzo cultural y político por configurar una sociedad en paz, libertad y justicia, que salvaguarde la dignidad de la persona, y promueva las formas de socialización que favorecen su crecimiento. Y eso dificulta en gran medida tratar a estos huérfanos como una fuerza social mínimamente homogénea, capaz de dar soporte a una única estrategia política.

Ricardo Calleja Rovira
Doctor en Derecho


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