Entre un gobierno fracasado y una oposición dividida

2015: Año clave para Venezuela

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La inflación y los anaqueles vacíos son el signo distintivo actual del modelo socialista  venezolano. La caída del precio del petróleo hace insostenible el elevado gasto social que ha caracterizado al chavismo. 2015 será un año clave, por la incertidumbre económica y por  las elecciones a la Asamblea Nacional. Carolina Abrusci explica la situación en un documento publicado por la Fundación Ciudadanía y Valores, del que ofrecemos un extracto (1).


Una versión más amplia de este artículo se publicó en el servicio impreso 09/15

Venezuela se consolida hoy como un Petroestado fracasado en su estrategia de mantener altos los precios del crudo para poder hacer frente al costo de las relaciones clientelares que mantienen al actual gobierno en el poder. También hay que tener en cuenta el aumento exponencial de las importaciones de bienes y servicios, que han escalado desde los 17 millardos de dólares anuales en 1998, hasta 59 millardos de dólares en 2012, según cifras del Banco Central de Venezuela.

La caída del precio del petróleo hace insostenible el elevado gasto social que ha caracterizado al chavismo

El actual gobierno se ha valido del proteccionismo, de un exacerbado Estado del bienestar para mantenerse en el poder, de una paridad cambiaria artificial, y no ha aprovechado los tiempos de bonanza para buscar el desarrollo integral del país.

Años de altos precios del petróleo han generado un desarrollo de nuevas formas de energía y métodos de extracción –como el fracking– que poco a poco empujan a los países de la OPEP a estar fuera de los mercados, razón por la cual los saudíes se han enfocado más en preservar su cuota que en mantener los precios altos.

Para hacer frente a esta realidad, el gobierno se ve en la obligación de compensar la caída de los precios del petróleo apelando a varias alternativas. Una de ellas, quizá la más costosa y de mayor impacto a largo plazo, es la manipulación de la deuda. La reducción de gastos es otra de las alternativas que pareciera más viable, pero menos conveniente al corto plazo, tratándose de un año electoral. Y el incremento de la producción, que no sería tan complicado de no ser por la realidad que caracteriza a Petróleos de Venezuela hoy día.

Bolívar débil

Al ser Venezuela una economía rentista y dependiente casi exclusivamente de la venta de petróleo –y hoy en día dependiente de las importaciones—, así como también un país con control cambiario, el precio del petróleo en caída trae consigo la reducción de la cantidad de divisas de las que dispone el gobierno, cuestión que tiene una incidencia, a su vez, en el control de cambio. El precio del dólar oficial es artificial (6,30 bolívares por dólar versus 180 bolívares por dólar en el mercado paralelo), con otros dos sistemas oficiales a 12 y 50 bolívares por dólar, aprovechándose el gobierno de la ilusoria banda de 6,30 para maquillar cifras y sacar cálculos impresionantes que retumban en la región y el mundo cuando se “traducen a dólares” precios y salarios.

No hay incentivos para producir, todo escasea y eso ha incrementado los mercados paralelos

Sin embargo, la gran verdad es que el cambio oficial es 30 veces menor al que se maneja en la calle y que efectivamente rige la economía venezolana.

Durante los gobiernos de la mal llamada “Cuarta República”, era frecuente que los venezolanos cruzaran la frontera a la hermana Colombia para adquirir distintos bienes, pues el cambio de bolívares a pesos colombianos era favorable a nuestro país. Hoy la situación es totalmente opuesta: cruzar a Cúcuta implica no solamente exponerse a una revisión humillante por parte de los cuerpos de seguridad, los cuales impiden que nadie lleve gasolina, ni ningún bien o alimento que pueda venderse más allá de nuestras fronteras, sino que también ha hecho que la devaluación del bolívar frente a otras monedas nos haga darnos cuenta de que para un venezolano, comprar incluso agua en Cúcuta es un lujo costosísimo para el común de la población. Y vender un envase de dos galones de gasolina en Colombia te puede reportar la misma ganancia que semanas de trabajo en Venezuela, mientras la inflación se come los ingresos.

El balance del 2014 no es positivo cuando de cifras y economía se trata. José Guerra, economista, afirma en Balance de la Economía Venezolana en 2014, que el año pasado el PIB registró una caída del 4,2%, a la vez que la tasa de inflación se situó entre un 80%, e incluso más de 100% para el caso de alimentos. Esto ha generado un repunte de la pobreza, pasando de 27,3% en 2013 a casi un 40% para finales de 2014. El Banco Central de Venezuela presenta retrasos de hasta tres meses en la publicación de cifras de PIB, inflación y escasez. Los últimos tres balances han sido completamente politizados, y utilizan como argumento lo que el gobierno ha llamado “guerra económica”.

Por otra parte, el gobierno ha utilizado la expansión de la liquidez monetaria (M2) a ritmos que disparan la demanda y el crecimiento de los créditos, en un país cuyos tipos de interés activos y pasivos no sobrepasan los 29 y 14 puntos respectivamente, favoreciendo el gasto y perjudicando el ahorro. Además, parte del dinero impreso es utilizado para financiar el déficit de caja de la estatal petrolera PDVSA.

El tipo cambio oficial es 30 veces menor al que se maneja en la calle y que efectivamente rige la economía venezolana

Un elemento que ha servido de “salvación” para el gobierno venezolano, pero que a su vez es una trampa a largo plazo, es la repartición de dinero inorgánico, es decir, emitido sin que exista un respaldo adecuado. Esto, como se sabe, se incrementa en años electorales, razón por la cual el 2015 promete unos niveles de inflación nunca vistos en la República Bolivariana. Además, con la caída de los precios del petróleo, se necesita hacer malabarismos para poder responder a los compromisos generados por el elevadísimo gasto social que ha mantenido al actual gobierno.

Escasez y viveza criolla

Conseguir una botella de agua (Venezuela es el único país del mundo donde el agua es más cara que la gasolina) no es cosa fácil. Y se debe a una razón: su precio está regulado. Apenas llega al anaquel, es devorada por consumidores sedientos del vital líquido.

Por supuesto, su precio es inferior al costo real gracias a las regulaciones del gobierno. Leche, carne, pollo, café, arroz, aceite, harinas, mantequilla, papel higiénico, desodorantes, son otros de los productos que se encuentran regulados. Por ende, hay que buscarlos haciendo un periplo por toda la ciudad, y lo más seguro es que dicha búsqueda sea en vano, o termine en alguna esquina, adquiriéndolos al triple del precio.

En Venezuela la carestía es total y los anaqueles vacíos son una característica del mes de enero de 2015. Alimentos, medicinas, ropa, repuestos para automóviles. Todo escasea en el país, y eso ha incrementado a su vez los mercados paralelos, así como también el robo de bolsas de supermercado y golpizas en establecimientos por un pote de leche, por ejemplo.

En la Venezuela de hoy no existen incentivos para producir. La economía del venezolano gira en torno a la especulación y a lo que muchos llaman la “viveza criolla”. Hacer una fila de horas para comprar un producto a precio regulado y venderlo posteriormente a un precio dos o tres veces superior –a veces mucho más— es una actividad que genera ingreso para muchos hogares hoy día. Tanto es así, que las tiendas y grandes cadenas establecen controles, y un racionamiento con registros personales de cada ciudadano. Ha sido el propio gobierno quien ha generado los incentivos para atentar contra la productividad, la institucionalidad y la legalidad en todos los sentidos.

Venezuela se debate entre la polarización política, la escasez, la violencia, la devaluación y la inflación

Lo más crítico de la escasez se expresa en los sectores de alimentos y medicinas. Acudir a un restaurante y pedir un plato que ya no se ofrece por falta de algún ingrediente esencial es frecuente. Y lo más deplorable son las trifulcas diarias en supermercados y establecimientos, producto de las enormes colas que se hacen –de horas y horas– para poder adquirir los productos. El recorrido por distintas farmacias buscando algún medicamento es también algo frecuente, situación que resulta particularmente desesperante para los casos de quienes padecen una enfermedad crónica o degenerativa.

Cita electoral

Nicolás Maduro ha estado realizando una gira por China y varios países de la OPEP, buscando enfrentar la crisis que atraviesa Venezuela en este momento. Los chinos ya han sido flexibles con Venezuela y han asumido riesgos siempre bajo el esquema de ganancia. Venezuela podrá no hacer frente a algunos compromisos en este momento, pero queda hipotecado por acuerdo y bajo las políticas irresponsables de un gobierno que piensa en su propia subsistencia hoy, sin tener en cuenta el futuro de los venezolanos mañana.

Hay una variable importante que tiene que ver con la “caída del muro del Caribe”: la anunciada reanudación de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, que deja al gobierno venezolano desnudo ante la opinión pública. Mientras unos lanzan puentes y entienden las necesidades que el tiempo histórico impone, otros se empeñan en dividir y mirar hacia atrás, intentando rescatar modelos políticos que han quedado ya sepultados.

Otro aspecto fundamental del presente año es que los venezolanos están obligados constitucionalmente a acudir a una cita electoral para elegir a los diputados a la Asamblea Nacional. Uno de los mayores errores de la oposición fue no haber acudido a esta cita en 2005. Recordar este episodio reitera la necesidad de ir masivamente a votar. Sin embargo, el descontento aumenta en las encuestas y el sector que crece es el de los ni-ni (ni chavistas, ni opositores).

La encuestadora DatinCorp refleja que la evaluación del gobierno de Nicolás Maduro es negativa para el 68%, con apenas un 30% de valoración positiva. Así mismo, un 51% de los encuestados espera que la oposición se modere y busque un diálogo con el gobierno, y que coloque como prioridad ganar las elecciones parlamentarias venideras. Las diferencias en el seno de la Mesa de la Unidad son un secreto a voces que compromete esta ventaja comparativa frente al escenario del oficialismo.

Por otra parte, hay un sector de la oposición que desconfía de las instituciones del Estado secuestradas por el gobierno y que no coloca la cita electoral como prioritaria. Los más radicales, de hecho, ni siquiera la consideran como una alternativa para salir de la crisis, pues aseguran que los resultados electorales son manipulados por el gobierno. Este segmento es partidario de una salida y cambio de modelo político a través de una Asamblea Nacional Constituyente.

Hay otros sectores de la alternativa democrática que colocan todo el peso de la prioridad política del momento en la elección de la Asamblea Nacional. Estos deben entonces esmerarse por postular candidatos representativos que permitan que la alternativa electoral agarre fuerza. Sin embargo, a estas alturas y con las elecciones tocando a la puerta (deben realizarse a finales de este año, pero existen fuertes rumores de un adelanto) no se ha determinado el método de selección de los candidatos unitarios, olvidando que solo en unidad es posible hacerles frente a los candidatos del oficialismo.

2015 será así un año de cambios, quizá más por necesidad que por convicción. Lo que si queda claro es que no se puede seguir esperando a la suerte y a las equivocaciones de quienes hoy se encuentran en el gobierno para lograr avances políticos dentro de la oposición.

Carolina Abrusci (@caroabru) es
profesora de Estructuras Político-Constitucionales
Comparadas en la Universidad Central de Venezuela
y delegada de FUNCIVA en el país.

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Notas

(1) Carolina Abrusci, Funciva Documentos, enero 2015.


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