La Constitución se funda en razones morales previas

El hecho de que una ley se ajuste o no a la Constitución no debería ser el único ni el principal argumento en el debate político, advierte el filósofo Aurelio Arteta, catedrático de Filosofía moral y Política en la Universidad del País Vasco, en un artículo publicado en El País (29-09-2008).

En el debate político español hay una tendencia a zanjar las disputas públicas acudiendo a si una ley es o no constitucional. Pero eso, dice Arteta, “sería tanto como mantener que las demás razones (en última instancia, morales) tan sólo valen si las respalda la sanción legal y pierden su fuerza en cuanto dejan asomar alguna discrepancia con el derecho”.

Pero ese modo de proceder tiene riesgos abundantes. “No hay lugar para otro esfuerzo argumental que vaya más allá. El derecho no comparece como una plasmación de reflexiones previas y que remita a fundamentos más hondos, sino como algo absoluto y terminado”.

Esto no solo empobrece el debate, sino que hace aparecer a la Constitución “como revestida de pura prepotencia”. “Se diría -comenta Arteta- que el precepto constitucional es algo aleatorio o hasta arbitrario. Lo mismo que se acordó una vez hace algún tiempo, podría ser desdicho o corregido al cabo de los años simplemente porque ha cambiado la voluntad de la mayoría. (...). No se apela a algún otro criterio de legitimidad que lo justificara entonces y lo justifique ahora. Al contrario, al ciudadano le queda la impresión de que lo que hoy se acepta hubiera podido aceptarse ayer y que el sagrado dogma constitucional no lo era tanto. Sólo era expresión de la manida correlación de fuerzas”.

En esta hinchazón constitucionalista Arteta advierte “la tendencia a suplantar el área de lo político y lo moral por lo estrictamente legal. Cada día más, el se debe o no se debe de una conducta individual o colectiva deja paso al se puede o no se puede que dicta el derecho. (...) . Que sea lo más justo para nuestra comunidad, las preguntas por la bondad de los fines y no sólo por la eficacia de los medios, etcétera, todo queda recortado a la medida de la plantilla jurídica”.

Arteta reconoce que hay que invocar la Constitución como norma legal última, pero señala que debe ser “una ley razonada”. “Si la norma legal básica en que descansan todas las otras sólo descansara en sí misma, ¿con arreglo a qué mediríamos entonces su propio valor? Tiene que buscarse en algo por encima de ella, hacia lo cual se orienta y que permite juzgarla según su proximidad a ese ideal. Ese ideal habrá de ser un derecho moral que sea a un tiempo fuente, guía e imperativo de todo derecho positivo”.

¿Cuál puede ser ese ideal? Aurelio Arteta se limita a invocar “el principio democrático de la vida política, que es la base de los principios constitucionales y no al revés. Lo constitucional no agota lo democrático”. Puede haber leyes que no solo deben ser rechazadas por ir contra la Constitución, sino que por el titulo que invocan o por los perversos efectos que producen son antidemocráticas.

Ver artículo original: Constitucional o inconstitucional: ¿eso es todo?


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