El régimen chino prestará más atención al campo

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Duración lectura: 2m. 41s.

El gobierno chino ha decidido tomar medidas para mejorar la situación del campo, a fin de atajar el descontento y malestar de los agricultores. Se pretende equiparar los derechos de la población rural con los de la urbana. Entre otras medidas, se establecerá la enseñanza gratuita en las escuelas rurales, aumentarán los subsidios agrícolas y se destinará más dinero a sanidad e infraestructuras para el campo. También se ha previsto una rebaja de impuestos para la población rural.

El primer ministro Wen Jiabao detalló el plan el 5 de marzo en un discurso a la asamblea anual del Congreso Nacional del Pueblo (parlamento nominal). Este año, dijo, se dedicará al campo el equivalente de 42.300 millones de dólares, un 14,2% más que en 2005. No es mucho, si se tiene en cuenta que el año pasado la economía china creció un 9,9% y el gobierno recaudó un 19,8% más, y que para 2006 se ha aprobado una subida del 14,7% en gasto militar. Además, la política agrícola solo se lleva el 8,9% de los presupuestos del Estado, algo más que el año pasado (8,8%), pero menos que en 2004 (9,2%).

Aunque se ha discutido el asunto, el programa para hacer un “nuevo campo socialista”, según el nombre dado por la propaganda oficial, no incluye cambio alguno en el régimen de propiedad de la tierra, que es -a juicio de muchos- la causa principal del malestar de los campesinos y de la fuerte desigualdad con la población urbana, cuya renta media más que triplica la rural.

En China la propiedad de la tierra es colectiva por mandato constitucional. Los agricultores arriendan parcelas para cultivar, pero el control del suelo está en manos de los ayuntamientos. Tampoco los residentes en ciudades pueden poseer suelo, pero sí tienen derecho de propiedad sobre las viviendas y establecimientos comerciales construidos. Esto ha permitido un “boom” inmobiliario que ha aumentado la riqueza de la población urbana. En el campo, en cambio, los ayuntamientos pueden sustraer terrenos al uso agrícola para destinarlos a promociones inmobiliarias o fábricas, cosa que no siempre hacen con arreglo a la ley; tales operaciones generan grandes rendimientos, de los que a los campesinos no llega nada.

Esto ha provocado algunos de los violentos disturbios que han brotado en el campo en los últimos años. A la corrupción de las autoridades locales -en 2005, la comisión disciplinaria del partido sancionó a 115.000 miembros- se suma la contaminación causada por vertidos industriales y el exceso de impuestos.

En cualquier caso, “la desigualdad económica crea tensiones sociales, que son un problema cada vez más grave”, dice Wen Tiejun, decano de la Escuela de Ingeniería Agrónoma de la Universidad del Pueblo (“International Herald Tribune”, 23-02-2006).

Además, el desarrollo económico chino, hasta ahora basado en la exportación, necesita para consolidarse que se fortalezca la demanda interior, y la pobreza rural es como un freno al crecimiento. Los 800 millones de campesinos chinos, con una renta equivalente a 225 euros por cabeza, son dos tercios de la población, pero solo hacen un tercio del gasto total en bienes de consumo.

Josemaría Carabante