¿Después de Mao, Confucio?

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La sociedad china vuelve a interesarse por la tradición confuciana, lo que podría ser el fermento de una democratización distinta de la occidental. En un artículo publicado en Le Monde (2-05-10) esta tesis es expuesta por el canadiense Daniel A. Bell, profesor actualmente en la Universidad Tsinghua (Pekín).

Bell recuerda que durante la revolución cultural, la palabra “Confucio” era una etiqueta con la que se denigraba a los enemigos políticos. Pero “hoy día el comunismo ya no inspira a los chinos y se estima cada vez más que el relevo debería buscarse, al menos en parte, en las tradiciones chinas”. El confucianismo podría contribuir dar nuevos fundamentos morales al poder político. Por eso, “se observa un aumento de interés por la doctrina confuciana entre los universitarios y lo que podría llamarse la ‘sociedad civil’ china. En todo el país miles de proyectos pedagógicos proponen la enseñanza de los clásicos confucianos a los niños, con la idea de que un mejor aprendizaje de las humanidades estimula la virtud del alumno”.

En iniciativas más controvertidas, “algunos discípulos de Confucio proponen reformas constitucionales dirigidas a humanizar el sistema político”. Bell advierte que este renacimiento del confucianismo no puede ser catalogado como un “fundamentalismo”, ni como algo opuesto a políticas más liberales, aunque sea una alternativa a las prácticas políticas occidentales. Sería un error, dice, presentar el debate en términos de democracia contra autoritarismo.

Meritocracia confuciana

“Estos reformadores son partidarios de una mayor libertad de expresión en China. En cambio, ponen en cuestión que la competencia electoral sea el mecanismo de designación de los más altos dirigentes del país”. “Su idea es que, si todo el mundo tiene el potencial para ser moralmente ejemplar, en la práctica la aptitud para hacer juicios políticos prudentes y moralmente justificables varía de un individuo a otro: el sistema político tiene la importante misión de identificar a los individuos más aptos que la media”.

En el curso de los últimos diez años los reformistas confucianos “han formulado propuestas políticas que intentan conciliar las ideas ‘occidentales’ de democracia y las ideas ‘confucianas’ de meritocracia.” La dosis de unas y otras variará según los campos considerados. Cuando las acciones del gobierno afectan a intereses de no-electores, como sucede en la política exterior o la protección del medio ambiente, “los confucianos proponen una asamblea meritocrática de gobierno, formada por diputados escogidos por mecanismos como los concursos libres y equitativos”. Estos concursos deberían permitir elegir diputados más clarividentes que los designados por elecciones, aunque lo difícil es que permitan evaluar las virtudes que apreciaba Confucio (flexibilidad, humildad, compasión, preocupación por el bien público).

¿Será esto una ilusión? “No más que los escenarios que prevén una transición de China hacia la democracia occidental, los cuales también parten del postulado de una sociedad más abierta”.

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