Cinco indicios de la vulnerabilidad del Partido Comunista Chino

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El Partido Comunista Chino, que estos días celebra su congreso anual en Beijing, refleja síntomas evidentes de debilidad, que hacen predecir la cercanía de una fase final, según defiende en The Wall Street Journal David Shambaugh, director del Programa de Política China en la George Washington University. En un ensayo reciente, el profesor explica que hay cinco indicios claros de un colapso, que el actual presidente de China Xi Jinping no logra atajar.

En primer lugar, el hecho de que las élites económicas tengan ya un pie fuera o estén planeando tenerlo. Hace solo un año el Instituto de Investigación Huru de Shangháidescubrió tras una encuesta que casi dos tercios de los 393 millonarios y multimillonarios entrevistados habían emigrado o planeaban marcharse. El Gobierno chino está intentando de hecho extraditar a un gran número de fugitivos financieros –algunos eran miembros del partido- que ahora mismo viven fuera del país.

Otro síntoma de la gran fragilidad es el endurecimiento de la represión política que comenzó hace seis años. Desde la llegada al poder del presidente Xi Jinping en 2012 se persigue de manera férrea todo lo que suponga un apoyo a los valores occidentales, como la democracia, la sociedad civil, el neoliberalismo económico o la libertad de expresión. Así, son objetivos de esta caza de brujas a la inversa, internet y las redes sociales, el arte, los intelectuales, los grupos religiosos… hasta las escuelas de negocios y los libros de texto.

La desconexión entre los eslóganes y la realidad incluso entre los más leales al partido es también otro elemento clave, para Shambaugh, que por su trabajo viaja con frecuencia a ese país. En las convocatorias propagandísticas, los jóvenes comunistas repiten los mantras “con el piloto automático”, explica, y se insiste constantemente en el China Dream, un concepto creado por el propio presidente Ji que no hacen suyo; también se ve en las publicaciones que se distribuyen gratis a los universitarios adictos con la esperanza de recuperar la conexión del partido con las masas.

Un cuarto indicio es la corrupción generalizada en el partido y el ejército y que también se extiende al resto de la sociedad, a pesar de la dureza de las medidas tomadas por el presidente. Xi Jinping, que es hijo de la primera generación de la élite revolucionaria china, tiene que enfrentarse a las todavía amplias influencias de Jiang Zeming, que a los 88 años sigue considerándose el padrino de la clase política china y aún mantiene su clientela y sus aliados.

A pesar de tener el aspecto de un gigante imparable, el profesor considera que la economía China es la quinta amenaza para el partido comunista, pues se enfrenta a unas trampas en su propio sistema nada fáciles de resolver. En su opinión, las reformas que aprobó el actual presidente en 2013 nacieron prácticamente muertas porque se han visto bloqueadas desde el principio por las empresas públicas o los cuadros políticos locales, a cuyos intereses se enfrentan.

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