Zaire: cómo arruinar un país

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Duración lectura: 2m. 34s.

El próximo 9 de julio deberían concluir cinco años de transición a la democracia en Zaire, con elecciones presidenciales y legislativas. Pero el Parlamento interino no ha logrado llegar a un acuerdo para votar los textos que organizarán los escrutinios. Es probable que se alargue la espera y que, mientras tanto, la anarquía continue cebándose en un país al que no faltan recursos materiales y humanos.

Hace cinco años, Mobutu anunció el fin del partido único.Y surgieron cuatrocientos partidos políticos, de los que sesenta han sido reconocidos. El 9 de abril del año pasado se estipuló que quince meses después -el próximo julio- se celebrarían las elecciones libres. Pero los trabajos del Parlamento interino se eternizan en discusiones entre los partidarios del jefe de Estado y la oposición. En un año no se ha conseguido votar el presupuesto y sólo se han aprobado cuatro textos.

Según datos recogidos en Le Monde, la regresión económica de las últimas décadas es patente: entre 1956 y 1993, el PIB por habitante ha caído de 377 a 117 dólares. Y durante el mismo periodo las exportaciones han menguado casi hasta la mitad. La producción de bienes manufacturados ha descendido por debajo del nivel de 1974.

Las revueltas y matanzas entre 1991 y 1993 provocaron la salida de extranjeros y el cese de toda cooperación por parte de la comunidad internacional. Sin embargo, Mobutu ha recuperado cierta credibilidad en algunos países occidentales después de que, con motivo de la guerra en Ruanda, permitiese al ejército francés instalarse en Zaire para efectuar la “Operación Turquesa”.

Actualmente, en Zaire todo se compra y se vende. La Administración no existe. Los funcionarios, que ya no perciben sus salarios, ofrecen sus servicios a alto precio: un pasaporte cuesta cuatro meses de salario de un coronel. Tres cuartas partes de las carreteras están inutilizables por falta de reparaciones. El ferrocarril no funciona.

La enseñanza sólo está asegurada en escuelas privadas, en muchos casos dependientes de congregaciones religiosas. Las tasas de escolarización en enseñanza primaria han pasado del 93% (1973) a menos del 50% en Kinshasa. En 1980 eran vacunados el 80% de los niños, mientras que en 1993 lo fueron el 3%. La malnutrición afecta al 10% de la población de la capital, donde siguen llegando cargamentos de alimentos de organizaciones humanitarias. El cólera, antes sólo presente en los pueblos, se ha introducido en la capital. Y han reaparecido otras enfermedades graves y contagiosas.

En un país donde más de la mitad de la población es católica, los obispos han denunciado, en una carta pastoral de febrero pasado, “el carácter dañino del poder, que conduce progresivamente a la ruina del país y a la desintegración del Estado”. También critican a “los políticos que retardan la fecha electoral prevista y se reservan el placer de continuar repartiéndose los despojos de un país al que destruyen diariamente y en total impunidad”.

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