Primera nieve en el monte Fuji

Belacqva. Barcelona (2007). 189 págs. 16 €. Traducción: Jaime Barrera Parra.

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Este novelista, nacido en Osaka en 1899, recibió el premio Nobel de Literatura en 1968, “por su maestría narrativa que, con gran sensibilidad, expresa la esencia del espíritu japonés”, según la Academia Sueca. En su obra, se armonizan la cultura nipona y la influencia de occidente, notable en Japón a partir de la segunda mitad del siglo XIX.

Kawabata se apartó de las tendencias realistas de los años veinte, para adentrarse más en lo psicológico, en el naturalismo y en una notable exigencia estilística, con influencias de Joyce, de los grandes novelistas rusos del siglo XIX y de los simbolistas franceses, pero también de las milenarias tradiciones y leyendas japonesas. Como dice Luka Brajnovic en su valioso ensayo sobre cuestiones de literatura universal: “Kawabata dibuja los retratos de sus personajes de tal manera que los dos mundos -los paisajes y los personajes- se confunden y se mezclan como dos colores en una acuarela impresionista”. Hay, además, un trasfondo romántico en toda su obra. Kawabata se suicidó en 1972.

En este libro, cuyo título corresponde a una de las narraciones que lo forman, se reúnen diez relatos más o menos breves del gran escritor -inéditos en España-, con los que se ofrece una buena muestra de su arte. En la mayoría, la trama es mínima: las relaciones entre dos matrimonios vecinos; la conmoción que en una familia produce la caída repentina de las hojas en el bosque cercano a su casa; un viaje en tren; un encuentro que sirve para rememorar el pasado; las reflexiones y emociones que suscita un crisantemo que crece en una roca; una historia urbana de fantasmas… El último relato -“Las muchachas del bote”- tiene estructura teatral.

Se desarrollan casi todos en el periodo de la postguerra, aunque en algunos hay referencias a leyendas antiguas. En varias historias, los protagonistas sufren conflictos conyugales, y se debaten entre la fidelidad y la ruptura. Son frecuentes las reflexiones sobre el deber, la culpa, los remordimientos… No falta cierta ironía, en un tono general de serenidad un tanto desencantada. La naturaleza tiene también un papel de protagonista y las descripciones de paisajes y de ambientes están llenas de lirismo.

Luis Ramoneda

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