Lo leo todo negro

Si los libros de Harry Potter han hecho leer a miles de jóvenes como hacía tiempo que no se veía, los de Michael Connelly, Henning Mankell o Stieg Larsson son los que mantienen hoy pegados al sillón a los adultos. La novela negra, un género que trasciende el thriller y la novela policiaca, atrae por su parcial pero certera explicación de la sociedad, su capacidad de entretenimiento y su realismo. Su patente ambigüedad moral no le hace daño. Norteamérica sigue siendo el punto de referencia en un género que tiene el favor del mercado pero no siempre el prestigio de la literatura.

Un poco de historia 1841, aparece en Graham’s Magazine el relato “Los crímenes de la calle Morgue”. Edgar Allan Poe y su Dupin, en tres relatos, sientan las bases del policial clásico: crimen como enigma cifrado, sabueso excéntrico, ayudante narrador, un culpable, una ciudad. 1930. Dashiell Hammett inventa al crudo detective hard boiled. Estilo afilado y elíptico, diálogos desnudos, objetivismo máximo y antirretórica. Spade-Bogart es cínico y sabe usar los puños. Sólo se atiene a las reglas que le convienen

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