La cultura. Todo lo que hay que saber

TÍTULO ORIGINALBildung. Alles, was man wissen muss

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Taurus. Madrid (2002). 558 págs. 24,95 €. Traducción: Vicente Gómez Ibáñez.

Este libro, bestseller en Alemania, se sitúa en un área de creciente demanda. Existe un importante mercado para la divulgación culta, por la conjunción del enorme desarrollo de todos los saberes y el aumento generalizado del nivel medio económico y cultural. En casi todas las materias, triunfan introducciones fáciles y síntesis inteligentes para leer en la cama. El gran paradigma ha sido la Historia del arte, de E. Gombrich. Pero también El mundo de Sofía, de Gaarder.

Lo peculiar de Schwanitz es que no introduce a ninguna materia en particular sino a todas juntas. El proyecto es imposible, pero hay detrás experiencia y una clara conciencia de los defectos del sistema educativo, desbordado por las dimensiones inabarcables de la tarea; en una dinámica permanente de reforma perpetua y “creación de inseguridades”. El autor, con estudios de filología, ha sido profesor de Cultura y Literatura inglesas en la Universidad de Hamburgo, entre 1978 y 1997. Esto explica que se dirija a un público preferentemente germánico o anglosajón.

La primera parte son “historias”: de Europa, en 180 páginas; de la literatura europea, en 70; del arte, en 25; de la música en otras tantas; de las grandes teorías filosóficas y científicas, en 50; y, por último, del “debate sobre los sexos”, en 15. La segunda parte, que tiene más carácter de ensayo, trata de lo que significa cultura, del uso del lenguaje, del mundo del libro, de los suplementos culturales, de la inteligencia y creatividad y de la necesidad de la meditación. Como una cuña, se introduce un capítulo sobre la geografía política europea y el papel de Alemania. Y se añaden anexos con los “libros que han cambiado el mundo” (donde se nota el predominio anglosajón y protestante) y una selección de “libros recomendados” por materias. El estilo es variado, ameno, ligero: se describen la Ilíada o la Biblia en varias páginas, y el Quijote, en una. Se inventa una escena con seis personajes para explicar el teatro moderno. Imagina una visita a un museo para hacer la historia del arte. Da consejos e introduce pequeñas reflexiones.

Con el libro se proporciona un CD donde se puede oír “Para Elisa” y otros de los “fragmentos musicales más destacados de la historia”. Esto refuerza la apariencia kitsch. Pero el libro no es un popurrí barato, sino una construcción inteligente. Se le pueden hacer muchas objeciones puntuales y también generales. La selección refleja inevitablemente el perfil intelectual del autor más que la cultura en su conjunto. Por eso, quizá no resulta útil como introducción. Pero el intento merece atención y señala un hueco.

Juan Luis Lorda

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