El sudor de los ruiseñores

Guion: Juan Manuel Cotelo.
Intérpretes:
Alexandru Agarici, Carlos Ysbert, María de Medeiros, Ana Ioana Macaria, Manuel Monje.
110 min.
Jóvenes.

“Fácil…; ni siquiera cantar es fácil. Día y noche, nada es fácil en la tierra. El rocío es el sudor de los ruiseñores, que se cansaron de cantar toda la noche”. Estos versos del poeta rumano Lucian Blaga sirven de obertura de esta interesante película con la que debuta como guionista, productor y director de cine el joven periodista español Juan Manuel Cotelo.

El guión plantea una vigorosa comedia dramática, protagonizada por Mihai, un honesto y prestigioso violonchelista rumano. Fascinado por la idílica imagen que tiene de Occidente, deja temporalmente a su mujer y a su hija de dos años, y viene a España con la ilusión de triunfar en una gran orquesta. Pero aquí sus supuestos amigos y mentores no le acogen precisamente con los brazos abiertos; de modo que tendrá que sobrevivir como puede los veinte días que dura su visado de turista. En su odisea urbana, sólo le ayudarán Tote, un divertido titiritero del Retiro, y Goyita, la encantadora recepcionista de la pensión donde se hospeda, que acaba por enamorarse de él. Este esbozo de romance, las picardías de Tote y el materialismo que ve en cada esquina provocan en Mihai fuertes conflictos morales, que hacen tambalear sus convicciones e ilusiones más profundas.

El guión perfila a fondo todos los personajes, lo que facilita el trabajo de los actores. María de Medeiros confirma su riqueza de recursos; en su debut en el cine, Carlos Ysbert -nieto de Pepe Ysbert e hijo de María Ysbert- sorprende con su magistral caracterización de Tote; y el rumano -y también primerizo- Alexandru Agarici soporta con eficacia el peso de la trama. Gracias a este sólido anclaje estructural e interpretativo, y a una profesionalidad llena de entusiasmo, Cotelo y su joven equipo técnico salvan alguna laguna narrativa -como el pasado de Tote- y un par de leves caídas de ritmo, sobre todo en la última media hora. Así, culminan con éxito una película de bella factura visual y ecléctica planificación, en la que Cotelo exprime, sin hacerse notar demasiado, numerosos recursos audiovisuales, esforzándose por integrar el viejo y el nuevo neorrealismo con el ímpetu poético de Krzysztof Kieslowski y ciertas aportaciones de los últimos vanguardismos. Este entramado le permite pasar con seguridad de las escenas más dramáticas a las más hilarantes, sin debilitar casi nunca el choque de culturas y mentalidades que plantea el guión. A través de él, desarrolla un decidido elogio de la solidaridad, la integridad moral y la dignidad de cualquier trabajo honrado, con el que da una sugestiva respuesta al desafío de la emigración y la marginación. Todo ello, propuesto desde una perspectiva matizada, muy pegada al terreno, y a la vez, nada cínica y abierta de tal manera a la trascendencia que aúna sin estridencias el ejercicio responsable de la libertad humana con la confianza en la providencia divina.

Mención aparte merecen la espléndida banda sonora orquestal del también debutante Íñigo Pírfano, la bella canción rumana O Dumnezeu y la breve pero preciosa balada Con vistas a otro tiempo, compuesta para la película por la cantautora Rosana Arbelo.

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