Qué me puse el domingo para ir a Misa

Jennifer Fulwiler es una escritora y conferenciante estadounidense que durante muchos años fue atea hasta que se convirtió al catolicismo. En una reciente columna publicada en National Catholic Register cuenta cómo, a raíz de su encuentro con un blog que publica fotos con lo que la gente se pone cada domingo para ir a Misa, también ella empezó a arreglarse especialmente y a valorar más la Eucaristía.

En el blog que aloja la etiqueta “What I Wore Sunday”, las participantes cuelgan fotos y links a sus propios blogs. Esta sencilla iniciativa está dando mucho que hablar entre blogueras católicas de EE.UU. Una de ellas explica que, desde que empezó a participar, ha logrado sacar tiempo para llegar antes a la iglesia y prepararse mejor para la Misa.

Fulwiler todavía no ha colgado ninguna foto en el blog. Pero, al descubrirlo, ella también se planteó cómo podía arreglarse mejor para asistir a Misa. Hace varios domingos se puso a bucear en su armario y, tras comprobar que no había demasiadas prendas que le apeteciera ponerse, se topó con uno de sus jerseys preferidos. Le quedaba perfecto y se sentía increíblemente bien cada vez que se lo ponía… Pero entonces pensó que era mejor reservarlo para una “ocasión especial”.

De camino a la iglesia, no paró de pensar en la elección que había hecho. Y aunque se repetía a sí misma que lo externo no es lo más importante, se encontraba a disgusto. Entre otras cosas, porque al final optó por una blusa y un pantalón demasiado amplios que tenía que ponerse bien cada cierto tiempo. Comprobó que la forma de vestir “tiene un impacto directo en la capacidad para concentrarse en Dios durante la Misa”. “Esto lo entiende bien el pueblo de la Encarnación”, añade.

Al domingo siguiente, Fulwiler escogió el jersey reservado para las ocasiones especiales y lo combinó con una falda que le gustaba mucho. Y ya que había decidido ir mejor vestida a Misa, también se levantó antes para maquillarse y lavarse el pelo. Pero es que, además, ganó unos minutos extra para llegar antes de tiempo a la iglesia y preparar mejor la Misa.

Fulwiler, que está casada y tiene cinco hijos, reconoce que no siempre es fácil poner en marcha a todos, arreglarlos, y además ponerse ella misma de punta en blanco. Pero ha descubierto que los pequeños sacrificios que realiza para cuidarse por fuera, también le cambian por dentro.

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