Francisco en Cuba: “Derriben los muros, tiendan puentes”

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La presencia del Papa Francisco en Cuba ha dejado a pocos indiferentes. Los de la Isla se han volcado, literalmente, en el seguimiento y en las muestras de simpatía para con el Pontífice. Cientos de miles de católicos y no católicos salieron de sus casas de madrugada para coger lugar en las celebraciones, esperaron el paso del Papa por las avenidas, gritaron de alegría y se emocionaron cuando lo vieron acercarse y sonreír a los chicos discapacitados, esos que “cuando te quieren besar, te babosean la cara”.

Francisco: Jesús “nos invita a superar nuestras resistencias al cambio de los demás y de nosotros mismos”

Algunos, dentro y fuera de Cuba, esperaban el disparo político, la oportunidad de que, en sus homilías e intervenciones, hiciera públicamente alguna exigencia concreta al gobierno de La Habana, el único en el hemisferio occidental que está encabezado por un partido comunista. Pero no lo hubo. No suele ser la tónica de los viajes papales en los países que se visitan.

Sin embargo, los que saben qué pueden esperar del Papa y de la Iglesia, sí que pudieron escuchar el mensaje: Francisco pidió cambios, pero no solo al gobierno, sino a todos. Fue a todos los cubanos, católicos, comunistas, ateos, etc., abocados en estos tiempos a una especie de capitalismo post-feudal, con pocas reglas efectivas y mucho de sangrante experimento en el que los más débiles económicamente caen víctimas, a quienes invitó a desplegar su vocación de servicio. “Servir significa, en gran parte, cuidar la fragilidad –les dijo durante la eucaristía en la Plaza de la Revolución de La Habana–. Cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo. Son los rostros sufrientes, desprotegidos y angustiados a los que Jesús propone mirar e invita concretamente a amar”.

El servicio no es ideológico

¿A quién servir? En todo caso, a las personas, en especial a las más preteridas, y no a ideologías: “Nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas”, expresó Francisco. Y lo dijo a pocos metros del lugar que ha sido el epicentro ideológico de la nación por más de 55 años, justo donde nació el “dogma” de “con la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”, y se predicó el sacrificio de los intereses y las ideas personales –políticas, artísticas, etc.– al interés superior de esa Revolución. A esa persona, antes diluida en el maremágnum del proceso ideológico, es a la que hay que percibir y rescatar. Y servir.

Según reportes, un grupo de opositoras fue impedida de llegar a la Nunciatura en La Habana

El Papa habló también a los jóvenes. Miles de ellos, reunidos frente al antiguo seminario habanero, le escucharon narrar su experiencia de cómo jóvenes católicos, judíos y comunistas trabajaron en la edificación de un templo bonaerense. “Todos eran distintos, pero estaban trabajando en común, por el bien común. Eso se llama amistad social: buscar el bien común. La enemistad social destruye. Y una familia se destruye por la enemistad, un país se destruye por la enemistad, el mundo se destruye por la enemistad”.

El ejemplo, forzosamente, tiene que haber evocado el lamentable alejamiento entre vecinos y amigos porque “fulano no es revolucionario; no está con ‘esto’”, así como el propio drama de la familia cubana, que ha conocido la emigración hacia la orilla norte del Estrecho de la Florida no solo por necesidades económicas, sino también por criterios políticos. Hay que pasar página, según animó el Papa a los jóvenes: “Sean capaces de crear la amistad social”.

Un “recuerdo” del P. Llorente

Momentos esperados de la estancia habanera de Francisco fueron sus encuentros con Fidel y Raúl Castro. El Pontífice regaló al expresidente sus dos encíclicas: Lumen fidei y Laudato si’, además de un material que debe haberlo sorprendido: un libro del P. Armando Llorente sj y dos CDs con su voz. El sacerdote español fue maestro del adolescente Castro en el entonces colegio jesuita de Belén, y escribió de él, en el libro de egresados de 1948: “Fidel tiene madera, y no faltará el artista”.

En 1961, el P. Llorente fue desterrado de Cuba por el gobierno de su entonces ya “esculpido” discípulo, junto con otros cientos de sacerdotes y religiosos españoles, y murió en Miami en 2010. Con total seguridad, volver a escuchar la voz de su antiguo educador hablando de temas espirituales no era cosa que esperara el ex presidente cubano, y la cortesía papal lo ha hecho posible.

El Papa agradeció a Castro el indulto de más de 3.500 reclusos

Francisco fue recibido además por el presidente Raúl Castro, a quien agradeció personalmente el indulto a más de 3.500 reclusos, puestos en libertad como medida de gracia por la presencia del Pontífice. Y también hubo espacio para regalos: el Papa le entregó un cuadro de la Virgen de la Caridad, confeccionado en los talleres vaticanos, y su anfitrión le obsequió un enorme crucifijo hecho con remos de botes. Para un diario oficial cubano, el artista quiso reflejar en la obra la especial sensibilidad del Papa hacia los refugiados que con frecuencia perecen en el Mediterráneo, mientras que para agencias extranjeras, significaba el sufrimiento de los balseros de la Isla que tratan de llegar a las costas de EE.UU… La polisemia, en el caso de Cuba, es casi siempre válida.

Sin noticias de la oposición

A propósito de la visita a Fidel Castro, algunos cubanos en Miami protestaron por lo “impropio” del gesto, olvidando que cada vez que un Papa ha viajado a la Isla se ha reunido con este, y que cuando un Pontífice realiza una visita pastoral a un país, no lo hace sin una invitación previa de las autoridades del Estado.

Además, un minúsculo grupo orquestó en Miami una protesta con pancartas que enunciaban “Papa marxista” y “Vaticano traidor”, aunque sin demasiado eco entre la comunidad cubana de esa ciudad, harta del enfrentamiento con un país en el que viven sus seres queridos.

En Cuba, entretanto, algunos opositores intentaron hacerse escuchar durante las misas en La Habana y Holguín, pero fueron reducidos por agentes de seguridad vestidos de paisano. Quizás la algarabía –los detenidos habían gritado proclamas antigubernamentales y lanzado volantes– durante una eucaristía a la que asisten miles de cubanos a escuchar el mensaje papal, no fuera el medio adecuado para presentar demandas a Francisco.

Tal vez podía serlo el sereno contexto de la Nunciatura Apostólica, a donde, según algunas fuentes, el secretario de la sede diplomática invitó a varias disidentes para ser saludadas por el Pontífice, y fueron detenidas antes de llegar. De ser cierto, flaco favor se habrá hecho el gobierno cubano cortándoles el paso: Francisco no es ajeno a la situación política cubana, sabe de la existencia de un colectivo que, aunque atomizado y permeado de pugnas internas por acaparar la asistencia exterior, se prefigura como una oposición, y lo que sí puede extrañarle es que aquellas señoras que lo abordaron en una audiencia general en Roma no lo hayan hecho en La Habana.

“Nunca el servicio es ideológico. No se sirve a ideas, sino a las personas”

Cuba, “un hogar de hermanos y hermanas”

Las últimas jornadas del Francisco tuvieron tres hitos fundamentales: el lunes 21, la misa en Holguín y la visita al santuario mariano de El Cobre, en Santiago de Cuba, y el martes, el encuentro con las familias en la catedral de esta ciudad.

De su presencia en Holguín, el corresponsal de TVE señalaba su “gran significado” por ser la provincia donde nacieron los Castro, sin embargo, poca atención prestó al hecho de que en la costa norte holguinera desembarcó Colón en 1492, y de que en una de sus bahías, la de Nipe, fue hallada la imagen de la Virgen de la Caridad, en 1612.

En esa ciudad oriental, Francisco habló en clave de reconciliación: “Jesús –apuntó– nos invita a ir lentamente superando nuestros preconceptos, nuestras resistencias al cambio de los demás e incluso de nosotros mismos. Nos desafía día a día con la pregunta: ¿Crees? ¿Crees que es posible que un recaudador se transforme en servidor? ¿Crees que es posible que un traidor se vuelva un amigo?”.

En El Cobre, entretanto, se dirigió a la Virgen con la misma oración con que lo hizo san Juan Pablo II en 1998: “Haz de la nación cubana un hogar de hermanos y hermanas, para que este pueblo abra de par en par su mente, su corazón y su vida a Cristo”. Una periodista de la TV cubana que seguía el evento desde los estudios centrales, narra que incluso allí hubo lágrimas: “Fue muy emocionante verle pedir a la Virgen por Cuba y por los cubanos. Muchos lloraron”.

Homenaje a las abuelas

En la mañana del martes, el día de su despedida, Francisco regresó al Santuario para oficiar la misa, durante la cual pidió “crear puentes y derribar muros”, y agradeció a las abuelas cubanas el haber mantenido viva la semilla de la fe en los hogares, algo que pervive en la memoria de muchísimos cubanos que veíamos un pequeño altar en un rincón de casa, presidido por “Cachita” (la Virgen de la Caridad), mientras nos condolíamos de nuestras pobres viejas que “ignoraban” que la religión era una respuesta del hombre a los fenómenos inexplicables de la naturaleza y que no había rastro de ningún Jesús en la historia de la Humanidad, según nos habían enseñado en el aula.

Al final del viaje, Francisco sostuvo un encuentro con las familias en la catedral santiaguera. El tema, muy caro al Papa, tiene en Cuba aristas de dolor, tanto por la mencionada fragmentación de la familia entre la patria y la diáspora, como por la ya superada práctica estatal de separar de sus hogares e internar en escuelas en el campo a los adolescentes que quisieran estudiar carreras universitarias. La herida tardará en sanar, y sus consecuencias se hacen ver en el déficit moral y de comportamiento de no pocos jóvenes.

Para ellos, para todos, hubo una palabra del Sucesor de Pedro, y un deseo de que la misericordia que le ha acompañado como lema en este viaje cale en una tierra que desterró por “incorrecto” ese concepto –tanto como los de compasión y caridad–, pero que hoy, vuelta de la utopía, los necesita más que nunca.

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