México: el petróleo y el complejo de la soberanía

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Duración lectura: 4m. 20s.

México, D.F. El gobierno mexicano quiere reformar el estatuto de la empresa pública Petróleos Mexicanos (PEMEX), necesitada de inversiones y una modernización que ya llevan años de retraso. Al comparecer en el Senado la semana pasada para defender el proyecto, la secretaria de Energía y por ello presidenta nata del consejo de administración de PEMEX, Georgina Kessel, presentó un diagnóstico que muestra el declive que amenaza a la industria principal del país. PEMEX, titular del monopolio de la explotación del petróleo mexicano, en 2000 era la sexta empresa petrolera del mundo, pero descendió al noveno lugar en 2004 y al undécimo el año pasado.

“La comparación de PEMEX con otras empresas petroleras -como la Saudi ARAMCO, NIOC (Irán) o ExxonMobil- con base en diversos indicadores relevantes es poco alentadora”, dijo Kessel. Mientras los niveles de “restitución” del hidrocarburo de esas otras empresas petroleras es del ciento por ciento, ya que por cada litro extraído de un pozo, se tiene otro yacimiento que compensa la extracción, PEMEX es la que se encuentra con el nivel más bajo de reservas probadas y presenta un 50% de tasa de restitución.

A pesar de la exitosa explotación de las cuencas del Sureste y de Chicontepec, que actualmente aportan el 92% de la producción, se anticipa un déficit de 500.000 barriles diarios en 2021, equivalente a 14.000 millones de dólares anuales. A estas fechas, el 83% de las reservas probadas se encuentran en “campos en franca declinación o cerca de alcanzar su punto inicial de declinación”, agregó la secretaria Kessel.

Desde que el presidente Lázaro Cárdenas nacionalizó la industria petrolera en 1938, se maneja el lema de que “el petróleo es de todos los mexicanos”, cosa que sólo hasta cierto punto es verdad, porque si no es adecuadamente administrado y explotado, de nada sirve toda la riqueza petrolera que se guarda bajo nuestro territorio hasta la llamada “dona” de las profundidades del Golfo de México. De hecho, PEMEX importa gasolina y gas, carece del número de refinerías necesarias y mucho de su equipo es caduco, por lo que se producen frecuentes accidentes con pérdidas humanas y económicas.

La secretaria Kessel, en su comparecencia ante el Senado añadió: “Para PEMEX, el principal reto no es sólo financiero -los constantes aumentos del hidrocarburo han significado un ingreso cuantioso-, sino fundamentalmente operativo, tecnológico y de capacidad de ejecución”. Su estudio indica que para revertir el panorama presentado, se requiere mayor eficiencia en la gestión de inversiones, en la operación y en la administración y gestión corporativa. Además de incorporar tecnología de punta es preciso capacitar a sus trabajadores, incentivar habilidades y visión de largo plazo, que incremente las utilidades de la paraestatal.

Es preciso contar con la colaboración de la industria privada -incluso extranjera- para quemar las etapas que por años se han descuidado y que se presentan urgentes.

Oposición populista

Por eso el presidente de la República, Felipe Calderón, presentó una propuesta de reforma a los diputados y senadores para dar a PEMEX mayor autonomía administrativa, financiera, de gestión, etc.; lograr una operación más transparente que frenara la corrupción; adquirir un mayor y más firme compromiso con el medio ambiente. Un último objetivo es involucrar a los ciudadanos en la gestión económica a base de bonos dotados de seguridad financiera.

La reacción de los partidos de izquierda bajo la batuta de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), verdadero líder del Partido de la Revolución Democrática (PRD), era de esperar. Bajo el consabido lema de “el petróleo para los mexicanos”, el pasado 10 de abril, AMLO o, como se le denomina, el “juglar mayor de Macuspana” -su lugar de nacimiento- organizó un sainete invadiendo el Palacio Legislativo con sus nutridas huestes y sus carteles, desde irónicos hasta violentos. Pretendían un periodo de 120 días para estudiar las propuestas del presidente, con la intención de que estuviera sin resolver el 1 de septiembre, día del segundo informe de gobierno del Ejecutivo. La reacción dentro del Palacio de San Lázaro fue mayor de la que suponían.

El día 15, Federico Reyes Heroles, director de PEMEX, en su columna de El Universal, publicó su artículo con un escueto título: “Golpistas”. “Nos encontramos ante un acontecimiento que se plasmará en los libros de la Historia, pero con un contexto muy diferente al que suponen AMLO y sus seguidores. La Historia señalará y marcará a quienes estuvieron involucrados en la acción [del Palacio Legislativo] como los que intentaron destruir la democracia incipiente que apenas apunta al interior de nuestro país”.

Mientras AMLO causa conflictos, nuestro vecino del norte perfora las profundidades del Golfo anejas a su territorio. El líder del PRD no se percata de que con su postura obtusa beneficia aquellos a los que asegura odiar, mientras paraliza la riqueza que sacaría de la miseria a tantos mexicanos que dice defender.

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