Gobierno y oposición de Bolivia libran una lucha de desgaste

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Duración lectura: 4m. 21s.

La Paz. En menos de dos meses el presidente boliviano Evo Morales sufrió cinco derrotas electorales consecutivas, todas relacionadas con la exigencia de una mayor autonomía para las regiones.

En la última contienda electoral, Savina Cuéllar, una campesina quechua, indigenista y ex asambleísta del Movimiento Al Socialismo (MAS, el partido de Morales), se impuso en los comicios para elegir prefecto (gobernador) en el departamento de Chuquisaca. Dijo que una de sus primeras tareas será organizar un referéndum de autonomía en Chuquisaca.

A principios de mayo, el departamento de Santa Cruz aprobó un estatuto autonómico que fue declarado ilegal y separatista por el gobierno de Morales. En las últimas semanas, Beni, Pando y Tarija aprobaron estatutos similares en abierto desafío a La Paz.

Con la victoria de Cuéllar la oposición pasa a controlar siete de los nueve gobiernos departamentales de Bolivia.

Morales y los prefectos, a referéndum

Para complicar más el panorama, el Senado boliviano, controlado por la agrupación opositora Poder Democrático y Social (Podemos), aprobó pocos días después de los comicios cruceños el proyecto de ley de referéndum revocatorio que el Ejecutivo había enviado al Parlamento a fines del año pasado, y por el cual el 10 de agosto próximo Morales plebiscitará su gestión y la de los prefectos del país. De perder el presidente en el referéndum revocatorio, se deberá llamar a elecciones generales en un plazo de seis meses.

Según parece, la jugada de Podemos fue para evitar que el MAS apruebe su proyecto de constitución de tinte estatista e indigenista como respuesta a la derrota sufrida en Santa Cruz.

Los prefectos opositores agrupados en el Consejo Nacional Democrático (Conalde), tomados por sorpresa por la iniciativa de Podemos (no siempre en sintonía con la oposición regional), rechazan someterse a un referéndum que casi seguramente perderán. Ninguno de ellos fue elegido con una votación superior al 40%, y la revocación del mandato se produciría si el porcentaje de votos contrarios a su continuidad resultara mayor que aquel con el que fueron elegidos. Se podría dar el absurdo de que aunque más de un 50% de la población apruebe la gestión, el prefecto deba abandonar su cargo.

En cambio, Morales, que fue elegido con mayoría de casi el 54%, confía en que los votos en contra de su mandato no llegarán a ese porcentaje.

Con la aparición del referéndum revocatorio, se volvió a patear para adelante una posible solución para las autonomías: todos esperaban que después de los referendos los líderes fueran a negociar. Por eso, para la mayoría de los analistas políticos, el referéndum revocatorio no solucionará nada, pues lo único que demostraría es que persiste el “empate catastrófico”, como ha sido llamado el emparejamiento de fuerzas entre el oficialismo y la oposición.

Uno de los peligros de esta situación es que el enfrentamiento no solo sea ideológico, sino que adquiera tintes racistas. Mientras que el oficialismo sigue teniendo fuerza en los sectores populares y entre los campesinos de origen indígena o mestizo, la oposición cuenta con el apoyo de la población urbana de clase media y alta, que se considera blanca.

A la espera de la negociación

También es una incógnita cómo reaccionarán las partes enfrentadas en el caso de una derrota. El oficialismo se ha negado hasta el momento a reconocer la validez de las votaciones en Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, y ha menospreciado la derrota que sufrió recientemente en Chuquisaca, por la escasa población de este departamento. Por su parte, las regiones opositoras, sea cual sea el resultado del revocatorio, es difícil que renuncien a su reclamo autonómico, que en todos los casos triunfó por un amplio margen, y al que probablemente se sumen incluso algunos de los departamentos controlados por el MAS.

Hasta ahora, todos los intentos de diálogo entre el gobierno y las regiones han fracasado, y el gobierno decidió suspender los contactos hasta después del revocatorio de agosto, pensando seguramente en que el referéndum tendrá resultados tan favorables para Morales, que podrá dialogar desde una posición de fuerza.

Desde hoy hasta el referéndum revocatorio, los analistas coinciden en que seguirá esta desgastante guerra de baja intensidad entre el gobierno y las regiones opositoras, a las que les costará aprovechar el impulso ganado tras las consultas autonómicas.

Lo más sorprendente de todo es que a pesar de la crisis política, la economía sigue creciendo. Sin duda esto se debe en buena medida a los excelentes precios de las materias primas que Bolivia exporta: hidrocarburos, minerales y soja. Sin embargo, quizás también es un indicador del creciente desinterés de buena parte de la población por los problemas entre el oficialismo y la oposición: de alguna forma se podría decir que cada uno continúa con su vida, mientras observa y espera que los políticos solucionen sus diferencias.

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