Cubanos excluidos en su propio país

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Duración lectura: 3m. 18s.

Dagoberto Valdés Hernández, ingeniero agrónomo, miembro de la Unión Católica de Prensa en Cuba, escribe en la revista Vitral (septiembre-octubre 1999) sobre la discriminación a que se ven sometidos en su propio país los que no tienen dólares.

Hace unos días, unos amigos míos que se habían marchado al extranjero hace más de 20 años invitaron a la parte de su familia que había quedado en Cuba a comer a un centro turístico campestre. Al llegar a la puerta del motel, el custodio, con mucha pena, pues era también cubano de los que permanecemos en Cuba, explicó: “Solo pueden entrar los extranjeros o los cubanos que vivan fuera y tengan su pasaporte, pero los nacionales, los cubanos que viven aquí, no pueden entrar”.

Allí, frente a la puerta, aquella familia quedó dividida, no podían compartir juntos en su propia patria. Y lo que es peor, la causa no eran los que habían abandonado la Isla sino los que habían permanecido aquí. Cuba es el único país donde, por razones de ser un “nacional” y vivir aquí, no se puede entrar a un centro turístico abierto. (…)

[La circulación del dólar en Cuba] que intentaba salvar una economía en quiebra, ponía el saneamiento de las finanzas internas por encima del derecho de cada cubano a vivir como un ciudadano normal en su propio país, pues en él comenzarían a aparecer no solo lugares “por dólares” y lugares “en moneda nacional”, sino que irían apareciendo dos tipos de ciudadanos, dos clases de personas, dos categorías de cubanos: los que tienen acceso al dólar y la inmensa mayoría que no lo tiene o, si se los mandan, es en pequeñas remesas para la supervivencia.

(…) Cuando los intereses económicos se ponen por encima de los derechos y de la dignidad de las personas, estas son aplastadas por las “medidas” que las excluyen de los lugares y oportunidades por donde fluye la vida normal y las colocan al margen de la sociedad, convirtiendo a los que resultan excluidos en mendigos de “lo que queda”, del “si no vienen turistas extranjeros”, de “si el gerente te resuelve”, de “si sobra alguna capacidad”, o de un número simbólico de plazas “para vanguardias nacionales”, hoja de parra que no puede tapar la realidad con un dedo. Esto es humillante y debe cesar.

Me he referido mayormente a los lugares turísticos, no a los más grandes sino aún a los más sencillos y recónditos. Todavía recuerdo hace dos o tres años que al llegar a uno de los centros campestres de Viñales, un señor muy gentil nos preguntó qué deseábamos, cuando intentaba entrar con unos amigos cubanos a ese lugar; le dijimos que estar allí, disfrutar del paisaje, apreciar la ampliación que habían hecho… Nos dijo textualmente: perdonen, pero no pueden pasar si no van a consumir en divisas. Esto es para turistas. Para los nacionales es en el campismo.

He aquí otra categoría establecida por la desigualdad: turistas equivale generalmente en Cuba hoy a los extranjeros, los de aquí no hacemos turismo en nuestro país, somos “nacionales”. (…)

Otra de las zonas donde los cubanos somos excluidos es el sector empresarial: los extranjeros pueden invertir en Cuba y crear empresas con el Estado o solos, o con otros extranjeros… menos con cubanos. Los nacionales no podemos invertir, si tuviéramos con qué, ni podemos formar empresas mixtas en nuestro propio país, ni siquiera podemos emplear en un pequeño negocio a personas que no sean las de la familia.

Ninguna justificación política o ideológica debe esconder estas y otras exclusiones en que los cubanos de aquí somos colocados en una zona de segregación social y económica.

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