Emmanuel Carrère: el yo literario como principio y fin

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Duración lectura: 4m. 31s.
Emmanuel Carrère. CC: ActuaLitté

Emmanuel Carrère. CC: ActuaLitté

 

Director de cine, guionista y escritor, Emmanuel Carrère (París, 1957), nuevo Premio Princesa de Asturias de las Letras, es autor de ensayos, biografías, reportajes, novelas y un grupo de obras –las más conocidas– que encajan en el género de la autoficción, del que se ha convertido en una de las voces más prestigiosas. Así puede apreciarse en su última obra, Yoga, que, sin embargo, ha provocado que el autor francés haya decidido dar por finalizada esta etapa de su trayectoria literaria.

Como novelista, Carrère se inició con Bravura (1984), donde mezcla la fantasía, la realidad y la ficción en una novela que transcurre por diferentes episodios históricos. El bigote (1986) es una obra con un planteamiento original: el protagonista decide afeitarse su bigote y descubre que nadie se da cuenta de este hecho; al contrario, nadie pensaba que lo tuviera, lo que le provoca una aguda crisis de identidad.

Después publicó la biografía novelada Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos (1993), dedicada a uno de sus escritores favoritos, el autor de ciencia-ficción Philip K. Dick. Una semana en la nieve (1995) es una novela en la que el realismo y un soterrado terror traspasan las peripecias, inventadas o no, que vive un niño en sus vacaciones en un campamento de esquí.

Autoficción y reportaje

Tras esta obra hay un drástico cambio en su manera de enfocar la literatura. En 2000, con El adversario, uno de sus libros más celebrados, comienza a emplear las técnicas de la autoficción y del nuevo periodismo. El adversario se centra en un caso real: el asesinato que cometió en 1993 Jean-Claude Romand de su mujer, sus dos hijos y sus padres. La novela cuenta el largo historial de embustes del asesino, que llevó una doble identidad durante dieciocho años. Carrère conoció por la prensa estos hechos y decidió escribir un libro. Para ello, asistió a todas las sesiones del juicio, conoció de primera mano los testimonios, visitó los lugares que frecuentó Romand, se carteó con el asesino, le visitó en alguna ocasión en la cárcel… El autor francés se introduce en el relato contando sus pesquisas y las conclusiones que va extrayendo de lo que sale a relucir en el proceso.

A continuación publicó Una novela rusa (2007), en la que el autor y narrador se convierte en protagonista del libro, contando un año de su vida. Con un intimismo crudo y radical, Carrère fuerza el relato autobiográfico. En 2009 aparece De vidas ajenas, donde decide contar la vida de unas personas que conoce, aunque el yo del autor sigue traspasando todo el libro.

Carrère es capaz de descubrir insólitos personajes que le sirven de modelo para ofrecer una atrevida disección de la cultura contemporánea

Otra de sus grandes obras es Limónov (2012). En ella, vuelve a mezclar de manera atrayente e ingeniosa los géneros literarios para contar la biografía de un personaje real, desmesurado, Limónov, un exiliado ruso, constante viajero, que se mueve por los bajos fondos de diferentes ciudades, escribe novelas y, asqueado del mundo capitalista, funda el Partido Bolchevique. Acaba en la cárcel, pero no abandona una ideología caótica repleta de surrealistas contradicciones. Carrère, hijo de la historiadora Hélène Carrère d’Encausse, especializada en el régimen soviético, realiza una radiografía anárquica de la Rusia actual sirviéndose de un esperpéntico personaje. Este libro tuvo muchísimo éxito en todo el mundo.

En El Reino (2015) vuelve a convertir sus propias peripecias en la principal materia narrativa del libro. En este caso, cuenta su conversión al catolicismo tras un periodo de profunda depresión y su posterior desencanto y decepción. La obra incluye un personalísimo y parcial análisis de los Hechos de los Apóstoles.

Al año siguiente publicó Calais (2016), un reportaje sobre la incidencia de la inmigración en esta ciudad francesa.

Su última obra publicada es Yoga, en la que cuenta diferentes episodios de su vida, como su pasión por el yoga, la muerte de uno de sus mejores amigos, su caída en una profunda depresión y su colaboración en algunas actividades solidarias.

Una mirada muy personal

Carrère ha conseguido ser uno de los máximos representantes de una renovadora manera de narrar que combina el relato biográfico con los recursos del reportaje periodístico. Su literatura resulta muy amena por la facilidad que tiene para indagar en su propia intimidad y en cuestiones reales y cercanas a los lectores.

Es cierto que, a veces, el peso del yo ahoga y cercena las posibilidades literarias de los asuntos que está contando, traspasados continuamente por una única y dominante manera de mirar la realidad, obsesiva y subjetiva, que puede incluso llevar a manipular esa realidad en detrimento de otros personajes. Aborda, además, cuestiones muy actuales, aunque las muestre de una manera cómodamente crítica y a veces superficial, aunque no den esa apariencia.

Pero su estilo ofrece un individualismo novedoso que plantea interesantes retos narrativos. Además, es capaz de descubrir en la realidad insólitos personajes que le sirven de modelo para ofrecer una atrevida disección de las luces y sombras de la cultura contemporánea.