San Valentín: cuatro poemas de amor

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El día de San Valentín es una buena ocasión para sorprender a quien más quieres con un poema romántico. Ofrecemos una selección de poemas de algunos de los poetas españoles más importantes del momento.

 

Cuéntamelo otra vez

Cuéntamelo otra vez, es tan hermoso
que no me canso nunca de escucharlo.
Repíteme otra vez que la pareja
del cuento fue feliz hasta la muerte,
que ella no le fue infiel, que a él ni siquiera
se le ocurrió engañarla. Y no te olvides
de que, a pesar del tiempo y los problemas,
se seguían besando cada noche.
Cuéntamelo mil veces, por favor:
es la historia más bella que conozco.

Amalia Bautista

 

Media vida

En la cena
me sobra media pizza.
Qué sensación extraña.

Tras el cristal, la noche, el mar, agosto.

Qué tristeza:
me sobra media noche,
me sobra media luna
y medio mar: la parte
que te tocaba a ti de aquel nosotros.

Y me sobro y me falto medio yo
porque me faltas tú, mi media vida.

Miguel d’Ors

 

Tarde de junio

Ahora, juntos, vivimos la hermosura
de esta tarde de junio,
el fulgor de las horas en que nos entregamos
al conocimiento de la verdad del amor,
a la gran llamarada del encuentro.
Ahora sabemos que toda la alegría
cabe en el mundo breve de esta habitación,
en el espacio ardiente de este lecho.
La luz cansada del atardecer
dibuja sobre el tiempo islas doradas.
En un rincón del cuarto
brilla la enredadera de la música.
Un viento súbito sacude nuestros cuerpos.
y lo olvidamos todo.
Después regresan las miradas lentas,
los gestos satisfechos, las sonrisas.
Y luego contemplamos en silencio
con qué dulzura va cayendo la noche
sobre la indiferente ciudad que nos rodea.

Eloy Sánchez Rosillo

 

Estampa de fidelidad

Dichoso el hombre aquel que llega a su ventana
y mira a ver si luce y a través del cristal
descubre que es inmenso el cielo y se recrea
no sólo luce bueno sino que está en su punto
y entonces vuelve el rostro (la luz de la mañana
ilumina aquel cuarto) se fija en ella duerme
y él ya es su costumbre pasa al cuarto de baño
orina se acicala regresa al dormitorio
ella sigue durmiendo la observa despeinada
su reina su tesoro su pasión de vivir
no duda en que la ama igual que el primer día
y como siempre intenta no armar ningún ruido
en calzoncillos va se pone el pantalón
la camisa el jersey se abrocha la bragueta
descalzo aún se sienta al borde de la cama
termina de arreglarse cada día es lo mismo
el rito continúa se inclina sobre ella
la besa dulcemente (la luz de la ternura
ilumina aquel cuarto) se acerca a la cocina
se prepara un café se rasca mira el suelo
en el reloj observa que son las siete y media
de prisa se va al coche lo arranca si no hay tráfico
en media hora llega sin prisas al trabajo.

Carmelo Guillén Acosta

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