Papel para hoy, ¿píxeles para mañana?

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¿Libro en papel o libro electrónico? Algunas cifras y encuestas recientes sobre el mercado editorial en Estados Unidos y en España indican que el final del libro impreso todavía está lejos. Incluso los llamados “nativos digitales” parecen inclinarse por este formato.

Hace tan solo cinco años, todo el mundo auguraba un negro porvenir para el libro impreso. En Estados Unidos, el crecimiento de los lectores del formato electrónico fue de casi un 1.300% entre 2008 y 2010. Los libreros veían con pavor cómo la gente acudía a sus librerías solamente para consultar recomendaciones que más tarde comprarían en formato digital. “Los libros electrónicos ascendían como un cohete”, cuenta Len Vlahos, uno de los directivos del Book Industry Study Group (BISG).

Muchos de los llamados “nativos digitales” prefieren el libro impreso al electrónico

Sin embargo, los datos de los últimos meses nos hablan de nuevas tendencias. Según la Asociación de Editores Americanos (AEA), que recoge información de casi 1.200 editoriales estadounidenses, las ventas de libros electrónicos han caído un 10% en los primeros cinco meses del año. En opinión del New York Times, “tal vez la decreciente popularidad de los libros electrónicos indique que la edición en papel, si bien no es inmune a los vientos de la tecnología, podrá hacer frente a la marejada digital mejor que otros medios como la música y la televisión”.

Razones para leer en papel

“No hay nada como oler y tocar el papel de un libro, poder apreciar las diferentes tipografías, ver donde ha quedado colocado el separador…”, comenta uno de los lectores del New York Times. No son pocos los casos de lectores digitales que deciden emprender el regreso a las librerías, siendo muchos de ellos nativos de la era digital. “Hemos visto a mucha gente volver al papel”, afirma una librera de Boulder, Colorado. “Antes leían más en su Kindle y ahora no, o prefieren combinar papel con formato electrónico”.

Romanticismos aparte, existen razones más pragmáticas para replantearse una vuelta al libro impreso. En algunos casos, apenas hay diferencia entre el precio de la versión electrónica y la física. Vayamos a comprar a una librería o a la iBookStore de Apple, el precio no suele variar mucho. ¿A qué se debe?

Tras lanzar el famoso lector Kindle a finales de 2007, Amazon unificó los precios a 9,99 dólares el libro, algo que no gustó a las grandes editoriales de Estados Unidos. Tres años después, la entrada de Apple en este mercado fue la excusa perfecta para que muchas editoriales abandonaran Amazon y pasaran a Apple, con quien acordaron en secreto una subida de precios, violando la ley de protección de la competencia o Sherman Antitrust Act (The Economist). El resultado fue una subida de precios de hasta cinco dólares por libro.

Muchas veces apenas hay diferencia entre el precio de la versión electrónica y la edición en rústica

El pasado mes de julio, el Tribunal de Apelaciones de Estados Unidos multó a Apple con 450 millones de dólares por su conducta desleal. Pero la sanción no ha alterado el precio del libro electrónico, muchas veces superior a una edición en rústica. La respuesta de muchos lectores a este panorama ha sido la migración al papel. El informe de la AEA señala un aumento del 8,4% en la venta libros en rústica en los primeros cinco meses de 2015.

Otros usuarios reprochan al libro electrónico no ser tan perfecto como dice. A veces resulta complejo obtener una versión electrónica de un libro que se adapte a todos los dispositivos electrónicos. Si queremos pasar de un formato a otro –PDF, EPUB o MOBI son los más populares– es habitual que surjan complicaciones. En otras ocasiones, esta operación requiere pagar un precio, como sucede con la conversión al formato MOBI, el equivalente a EPUB desarrollado por Amazon.

Alivio de los libreros

Posiblemente sean los libreros quienes miran con más esperanza este resurgir del papel, una tendencia paralela al crecimiento del número de librerías independientes en Estados Unidos. La Asociación de Libreros Americanos (ALA) ha registrado un claro aumento: de las 1.410 librerías independientes con 1.600 establecimientos en 2010 a las 1.712 librerías con 2.227 establecimientos cinco años más tarde. “Es el mercado de librerías independientes más próspero que hemos tenido en mucho tiempo”, afirma Oren Teicher, presidenta de la ALA.

También los grandes editores quieren beneficiarse de este fenómeno. Por ejemplo, Penguin Random House (PRH) ha invertido 100 millones de dólares en expandir sus almacenes y acelerar la distribución de sus libros. Los libros impresos representan más del 70% de las ventas de esta compañía. “La gente hablaba de la desaparición de los libros físicos como si fuera una cuestión de tiempo, pero incluso dentro de 50 o 100 años el libro impreso será una buena parte de nuestro negocio”, declaraba Markus Dohle, presidente de PRH (The New York Times).

En EE.UU. las ventas de libros electrónicos han caído un 10% en los primeros cinco meses del año

Muchas editoriales miran con suspicacia el formato electrónico y, tal vez modo especial, las librerías online como las que ofrecen Amazon, Scribd y Oyster. Sus servicios permiten acceder a las obras al tiempo que son publicadas en papel, algo que no gusta a las editoriales (La Croix). En general, estas prefieren sacar el producto en las librerías, después en formato de bolsillo y, por último, en Internet. De hecho, PRH y el grupo francés Hachette nunca aceptaron pactar con Oyster, ahora en quiebra.

Preferencias de los jóvenes españoles

El rumbo del mercado editorial español sigue la pista de Estados Unidos. El pasado 16 de septiembre, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (MECD) publicó una nueva edición de la Panorámica de la Edición Española de Libros, cuyos datos parten del número de libros inscritos con ISBN en 2014. A tenor de este informe, la edición de libros en papel, en descenso a partir de 2010, ha empezado a remontar en 2014. Respecto al año anterior, las ediciones impresas han aumentado un 3,7%, mientras que la edición electrónica ha descendido un 1,9%. Algunos editores ponen en duda la supuesta crisis del formato electrónico, y achacan este descenso a la proliferación de libros electrónicos no registrados.

La reciente Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales en España del MECD complementa esta información con datos de 2014-2015 sobre los lectores españoles. Según la encuesta, más de un tercio de los españoles compra al menos un libro cada trimestre, y solamente un 9,9% de estos libros son en formato electrónico. Los lectores de este último formato se han triplicado desde 2011 –del 6,5% al 17,7%–, pero el libro en papel sigue siendo el favorito, pues el 59% de los encuestados dicen haber leído libros en este formato.

Resulta llamativo el caso de los lectores jóvenes. La encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del pasado diciembre sobre el consumo de libros indicaba que un 80,1% de los jóvenes entre 18 y 24 años prefería el papel a la versión electrónica. Al igual que ocurre en Estados Unidos, muchos de los llamados “nativos digitales” no hacen honor a su denominación. Pero una cosa es lo que prefieren leer y otra lo que deciden comprar.

En enero de este año, la editorial de autoedición ArtGerust lanzó a 1.600 jóvenes españoles de entre 15 y 25 años la siguiente pregunta: “¿Prefieres un libro impreso o un e-book?”. El 65% de los entrevistados apostaron por el papel. ¿Las razones? La experiencia de leer un libro físico, la textura del papel, poder intercambiarlo con amigos o clasificarlo en una biblioteca real, las sorpresas que guarda un libro de segunda mano… Románticas o pragmáticas, no faltan razones para augurar larga vida al libro de papel.

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