La realidad contaminada de ficción (o al revés)

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Después de 31 años dedicado a la literatura, Javier Marías (Madrid, 1951) ha fraguado una sólida trayectoria de escritor con libros traducidos a 32 lenguas, que han obtenido importantes premios dentro y fuera de España. Y, lo más decisivo, ha alcanzado la madurez del que domina un mundo propio y sabe contarlo con un estilo de elevada calidad literaria.

“Sólo si uno es capaz de imaginar lo que ha ocurrido, de repetirlo en la imaginación, verá las historias, y sólo si tiene la paciencia de llevarlas largo tiempo dentro de sí, y de contárselas y recontárselas una y otra vez, será capaz de contarlas bien”. Esta cita de su admirada Isak Dinesen, que recoge Marías en Negra espalda del tiempo, puede aclarar su actitud ante la realidad y la ficción. Intentemos resumir las claves de su universo narrativo y los matices de la voz con que lo cuenta.

Los temas de fondo

Sus obsesiones se pueden resumir apretadamente del siguiente modo: la relación entre realidad y ficción, y la mutua contaminación en los dos sentidos que se da en el tiempo, determina los diversos grados de verdad y su conocimiento.

De ahí derivan los subtemas que alimentan sus tramas y personajes: lo que se sabe y lo que no se sabe, lo que se puede o debe saber, lo que es mejor no saber; el secreto; el delator; si la verdad de algo le viene de que ha ocurrido o de que ha sido pensado (recordado o anticipado o soñado); lo que llama revés o “negra espalda del tiempo”: lo que a la vez es real y ficticio, lo que desaparece o ni siquiera aparece y sin embargo es conocido porque ha llegado a contarse; la presencia de lo fantasmal como recuerdo imperecedero de lo que fue y no puede ser olvidado porque aún es.

De este planteamiento se derivan posibilidades literarias interesantes, pero también conclusiones que hacen cuando menos caprichoso cualquier intento de indagación en el misterio del hombre y de la realidad: si en el fondo da igual que algo sea o no, y la clave está en que sea o no conocido o contado, la verdad es una entelequia: “Nada sabemos, y gracias a ello y a no averiguar nos es dado conjeturar, incluso decidir, lo que fue Louvet”, leemos en un relato de El monarca del tiempo. Presentimiento, persuasión, sospecha y azar pasan a ser instancias creadoras de verdad, de realidad, y esto es difícilmente aceptable fuera del campo de la verdad o verosimilitud estrictamente literaria.

A Marías le interesan asuntos como la muerte y el viaje -metáfora de la condición humana- por placer, necesidad o aburrimiento. Pero no le interesan como realidades en sí -tampoco el amor-, sino lo que sentimos y pensamos sobre ellas cuando las contemplamos de antemano o a posteriori.

Párrafos largos y frases ambiguas

En Si yo amaneciera otra vez reconoce el magisterio estilista de Faulkner. Admira en este autor sus textos densos y de largo aliento, sus frases llenas de misterio y ambigüedad y sus párrafos inacabables que, cuando respiran bien, son para Marías la máxima expresión de la prosa narrativa. Digno heredero, se mueve con naturalidad en el terreno difícil del periodo largo (comas donde, quizás, debería haber puntos). Su estilo revela densidad y tempo lento, riqueza de matices y agotamiento de detalles (ahí la sombra de Nabokov, otro de sus admirados maestros), sucesión de paréntesis y acumulaciones, castellano exquisito, prosa de alta riqueza expresiva.

Algunos han hablado de afectación, preciosismo, artificiosidad: esto se da cuando el estilo se convierte en fin en sí alejado del mensaje o cuando dificulta la comprensión, cosas que Marías salva con sorprendente agilidad. No es un escritor difícil, al modo del Faulkner de algunas novelas o de Juan Benet (a quien considera amigo y maestro), aunque su lectura sí requiere atención y cuidado.

Marías se atreve con quiebros sintácticos que sólo en el párrafo largo tienen sentido. Tiene oído, sentido del ritmo, musicalidad, como una versión española de Henry James con sus vueltas y revueltas. Largas parrafadas discursivas sin apenas diálogos, circunloquios y frases de doble significado, repetición, acumulaciones, aclaraciones, paréntesis. Cuando no escribe ficción aligera la morosidad de su estilo, la prosa se vuelve menos espaciada, más directa.

El humor, bien en forma de ironía con inteligencia, bien como guasa declarada, y las dosis de fantasía y misterio con que suele aderezar sus tramas, explican en buena medida cómo un escritor nada comercial por su contenido y por su forma sea tan vendido y traducido.

Un cierto aire británico

La libertad de que hace gala en sus actuaciones y opiniones y la defensa acérrima de lo que entiende como sus derechos le han llevado a protagonizar notorias disputas con importantes personajes del mundo cultural (la dramática ruptura con el editor Herralde, los juicios con el productor cinematográfico Querejeta). Junto a su talante poco complaciente, hay que anotar como aspectos de su imagen pública rasgos de dandismo y caballerosidad, el aire también británico y no sólo por sus preferencias culturales, el cuidado con que edita sus libros, la pasión por la literatura que destila en sus obras. Da el tipo, también por su pose, del intelectual, pero no parece una persona libresca en el mal sentido del término.

Nacido en Madrid en 1951, hijo del ilustre pensador y escritor Julián Marías, recibió una esmerada educación liberal en un colegio heredero de la Institución Libre de Enseñanza. Se licenció en Filología inglesa y ha sido por tiempos profesor universitario, en España y en el extranjero. Cuarto de cinco hermanos varones, no dejó el domicilio familiar hasta los 44 años, después de pasar largas temporadas fuera de España, y es soltero.

Algunas curiosidades literarias: muchos títulos de sus obras están inspirados en Shakespeare, ha usado como pseudónimos los nombres de Luisa Viella y de James Denham, su agente literaria es Mercedes Casanovas y dispone de una página no oficial bien provista en Internet (www.javiermarias.es). Y de otro tipo: toca la guitarra, es zurdo, le encanta el fútbol, teme volar, no usa ordenador, es fumador y bibliófilo.

Se dan en Marías singulares e infrecuentes paradojas: vende mucho y sin embargo no es un escritor fácil de leer; de alta calidad y sin embargo no es acogido con simpatía, ni aun pacíficamente, por el mundillo literario; es uno de los dos o tres escritores más presentes fuera de su país, y por tanto referencia clara de la literatura española, pero aquí es considerado el más extranjero de los escritores españoles.

Es un escritor a quien en 1994 se ofreció la posibilidad, que rechazó, de presentar su candidatura a la Real Academia Española; a quien el crítico literario más influyente de Alemania ha postulado para el Nobel; ciertamente con una personalidad que no carece de aristas; y también difícil de calificar y clasificar, por lo que produce un desconcierto incómodo entre el mundo académico y la crítica; pero quizás todo esto no explica suficientemente esa actitud.

Los primeros años: 1971-1986

En su trayectoria de escritor se pueden distinguir tres periodos.

De 1971 a 1986 publica sus cuatro primeras novelas. La primera, a los 17 años, Los dominios del lobo (1971), una sorprendente ópera prima llena de imaginación y aventura, muy deudora de su pasión por el cine. Le siguen Travesía del horizonte (1972), también divertida y paródica, y El monarca del tiempo (1978), conocida como novela pero más bien conjunto de relatos independientes, más árida y menos lograda. El siglo (1983) puede decirse que es su primera gran novela, ambiciosa de planteamientos y bien lograda técnicamente. Ya están del todo presentes los rasgos señalados de sus temas y estilo, y aparece un elemento frecuente en sus novelas en relación con personajes y situaciones: el distanciamiento. Objetivismo al precio de frialdad narrativa y tono intelectual. Puede decirse que con esta novela da un paso desde la literatura de imaginación y aventura a la de pensamiento.

Marías cuida la estructura de sus novelas, bien construidas y con detalles originales. Travesía del horizonte, por ejemplo, es un relato concéntrico en el que tres personajes releen y transcriben una subnovela, vinculada de modo muy personal a uno de ellos. En El siglo, la historia se desarrolla a lo largo de unos 80 años, comienza por el final y los recuerdos se alternan en capítulos en primera y tercera persona que justifican los saltos en el tiempo.

La consolidación: 1986-1994

Con El hombre sentimental (1986) gana el premio Herralde y se vincula a Anagrama, lazo que mantendrá hasta Mañana en la batalla piensa en mí (1994, ver servicio 67/94). Esta última novela, junto a Todas las almas (1989) y Corazón tan blanco (1992, ver servicio 40/92), constituyen su trilogía del éxito, su entrada y consagración en el club de escritores realmente importantes. Son novelas que han sido varias veces premiadas dentro y fuera de España.

A este periodo dorado pertenecen también Vidas escritas (1992, ver servicio 155/92), conjunto de breves y personalísimas biografías de escritores, y Literatura y fantasma (1993), recopilación de ensayos y conferencias sobre asunto literario. El primero ofrece perfiles inéditos para todo el que no conozca muy a fondo a esos personajes: curiosidades y extravagancias, desenvolvimientos en lo prosaico, matices capaces de definir en adelante la primera imagen que nos venga al pensar en esos escritores. Desentraña leyendas confirmándolas o destrozándolas. En 1990 publicó Mientras ellas duermen, libro de calidad desigual, donde están reunidos la mayor parte de los relatos que había escrito hasta entonces.

Por lo general, sus personajes reflejan una visión del mundo superficial, utilitarista y amoral, fruto de su desorientación y desconcierto. Motivaciones egoístas y faltas de principios se concretan en actuaciones débiles ante la asechanza de la frivolidad, la ambición y la lujuria. La actitud intelectual y fría de Marías hacia sus historias también se traduce en el perfil poco humanizado de sus personajes, lo que difumina de paso sus actuaciones negativas, siempre resueltas en un tono más moderado que crudo. No hay personajes que queden para siempre memorables en el recuerdo del lector.

La madurez: desde 1995 hasta hoy

Recorre esta etapa integrado en la editorial Alfaguara, que se ocupa ya de la edición de sus nuevos títulos y de la reedición (también en bolsillo) de todos los anteriores. Son años en los que publica dos novelas, Negra espalda del tiempo (1998, ver servicio 75/98) y Tu rostro mañana (2002), y dos libros de relatos: Cuando fui mortal (1996, ver servicio 52/96), de más calidad que el anterior, y Mala índole (1998).

Negra espalda del tiempo, esperada y desconcertante, es una falsa novela (o novela de no-ficción, como la definió el propio autor), en torno a la redacción, publicación y recepción de Todas las almas. Llena de referencias y alusiones, y de autocomplacencia artística y vital, expresa el entrecruzamiento en su trayectoria de vida y escritura. Como su maestro Sterne, Marías logra una trama hecha toda ella de digresiones. Sus relatos cortos tienen el interés y la técnica necesarios para captar la atención, pero Marías parece desentenderse de las resoluciones.

Hasta cinco libros de textos periodísticos ven la luz en estos años: Vida del fantasma (1995), Mano de sombra (1997), Seré amado cuando falte (1999), Letras de fútbol (2000) y A veces un caballero (2001). Estos textos, en torno a temas de carácter social, político, cultural o literario, pierden pronto actualidad, aunque siempre queda el valor de documento de época. El tono habitual es de crítica o denuncia contra los ambientes literario y político. Su agresividad antiinstitucional se extiende al mundo eclesiástico, aunque más bien revela una mentalidad ajena al planteamiento religioso.

De los tres libros de carácter ensayístico publicados en estos años, dos son sendos homenajes a escritores que le importan mucho, Si yo amaneciera otra vez. W. Faulkner. Un entusiasmo (1997) y Desde que te vi morir. V. Nabokov. Una superstición (1999); y el otro, Miramientos (1997), donde comenta fotografías de escritores de lengua castellana, originalísimo acercamiento a la comprensión del carácter de una persona.

A lo largo de su carrera ha recibido abundantes premios: el Herralde por El hombre sentimental, el Ciudad de Barcelona por Todas las almas, el de la Crítica por Corazón tan blanco o el Fastenrath por Mañana en la batalla piensa en mí. Algunas de estas novelas han sido también premiadas en Francia, Alemania, Italia, Irlanda e Hispanoamérica. Marías es además traductor y editor. En 1974 publica su primera traducción, un texto de Thomas Hardy. En 1978, La vida y las opiniones del caballero Tristam Shandy, de Lawrence Sterne, con la que obtendrá al año siguiente el Premio Nacional de Traducción y que es el trabajo del que más satisfecho se siente. Le seguirán traducciones de Conrad, Dinesen, Yeats, Browne, Salinger, Nabokov, etc. En 2000 se publica el primer libro de su sello editorial Reino de Redonda.

“A diferencia del científico o el filosófico, el pensamiento literario se caracteriza por dos privilegios que son sólo suyos: no está sujeto a argumento ni a demostración -tal vez ni siquiera a la persuasión-, no depende de un hilo conductor razonado ni necesita mostrar cada uno de sus pasos; por consiguiente, le está permitida la contradicción”. Esta idea, que está recogida de uno de sus artículos, resume un rasgo clave de su obra como es su libertad narrativa: tramas biográficas mezcladas con ficción pura, hiperrealismo combinado con fantasía, desprecio olímpico de las cortapisas de género. Quizás sea este uno de sus grandes aciertos, junto con su estilo, lo que le ha convertido en uno de los escritores españoles mejor valorados en tanto en su propio país como en el extranjero.


Novela ambiciosa y enigmática

Javier Marías, Tu rostro mañana 1. Fiebre y lanza: ver reseña.

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